
Para las celebridades no existe la mala publicidad
Algunos ejemplos, en el Museo del Cine
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La publicidad fue para muchos actores la plataforma de lanzamiento de su carrera artística. Para otros, en cambio, una manera de engrosar sus ingresos una vez consagrados en el cine o la TV.
Algunos de estos avisos protagonizados por caras famosas del espectáculo conforman la muestra que Raúl Alvarez –“un coleccionista de cultura inútil”, se define– expone en el Museo del Cine, en Defensa 1220, hasta fin de mes.
La colección está integrada por más de 80 piezas, en su mayoría publicidades gráficas publicadas entre 1937 y 1996 en revistas y diarios argentinos, donde emergen figuras como Zully Moreno, Narciso Ibáñez Menta, Isabel Sarli o Luis Sandrini; Las trillizas de Oro, Arnaldo André, Graciela Borges, Lolita Torres, Olga Zubarry y Moria Casán, Ana María Campoy y José Cibrián o Analía Gadé, entre muchas más.
“En la Argentina, el caso paradigmático es el aviso protagonizado por Susana Giménez para el jabón Cadum (1969). La gráfica está inspirada en el famoso spot publicitario para TV donde ella estaba bañándose en unas cascadas, repentinamente giraba y todo su cabello se volvía de una manera muy atractiva. Ese sonido (shock) era como un latigazo, un... ¡shock de perfume limón!, y causó inmediata sensación. Enseguida, ella debutó como actriz en Las mariposas son libres, hasta convertirse en un emblema del folklore nacional”, recuerda Alvarez.
Como Giménez, muchos actores se dieron a conocer por la publicidad. Tal el caso de Marcelo Marcote, que se hizo famoso con un anuncio de sopas, y de allí saltó a los teleteatros; o Elsa Daniel, elegida Miss Sonrisa en el concurso de un dentífrico y luego contratada para actuar en el film El abuelo.
“Tal vez el caso más asombroso es el de Isabel Sarli –señala el coleccionista–. En los años 1955 y 1956 hizo muchas publicidades de mallas, ropa interior, perfumes y jabones. A veces aparecía en tres anuncios de la misma revista. Hasta que fue elegida Miss Argentina y comenzó su carrera como actriz.
En la comedia La comezón del séptimo año, de Billy Wilder, el personaje de Marilyn Monroe le cuenta a su vecino que hace comerciales para la tele y que en los 10 segundos que aparece en pantalla tratando de convencer a la gente para que use determinada pasta dentífrica la ven más personas que las que vieron a Sarah Bernhardt durante toda su carrera. ¿Hasta dónde la publicidad influye en la popularidad de una persona? “Esa es la pregunta que inspiró la colección”, remata Alvarez.






