Pascual convoca la tempestad
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No es un desconocido para el público argentino. Lluis Pasqual, director catalán, ya vino en cuatro ocasiones, siempre con un proyecto bajo el brazo, siempre con alguna novedad estética.
En esta oportunidad volvió, sólo unos pocos días, para armar el elenco de "La tempestad", de Shakespeare, que se estrenará en septiembre en el Teatro San Martín, con la novedad de que ésta es la primera vez que va a ensayar la obra en Buenos Aires, con actores porteños.
"Me apetece venir a Buenos Aires -dice sin tono demagógico, como si hablara de algo que le resulta familiar-. Me gusta la relación que la gente tiene con el teatro. Algo hay que hace que no sea un cuerpo extraño para el pueblo."
Esta experiencia ya la vivió en 1984, cuando llegó por primera vez para poner "Eduardo II", de Marlowe, en el Teatro Cervantes, puesta que movilizó algo más que la platea de la sala: la sorpresa por la audacia.
Después volvió con "Los caminos de Federico", "Tirano Banderas", de Valle Inclán, "Haciendo Lorca" y un frustrado "Roberto Zucco", de Koltés, que se iba a presentar en el I Festival Internacional de Buenos Aires y no pudo ser porque no se encontró el espacio adecuado.
"Y ahora "La tempestad", si el tiempo no lo impide".
Una larga pausa que demuestra una señal de inquietud.
"No lo debería impedir."
Sale abruptamente de sus pensamientos y disipa la sombra de preocupación.
"Está bien encaminado. Parte de una cosa buena -dice con entusiasmo-. Cuando un actor ensaya "Hamlet" y un colega se entera le dice: "Qué bien. Qué suerte. Ojalá te salga". Pero cuando un director se encuentra con otro y se entera de que está ensayando "Hamlet", pregunta con quién. Porque solo no lo puedes hacer. Por eso, para mí, "La tempestad" va unida a Alfredo Alcón."
-¿Es una obra que le propuso el Teatro San Martín?
-No creo que sea una obra que se pueda hacer por encargo. Intento cada vez más no trabajar por encargo. En el teatro, no he hecho nunca nada por encargo. Esta será la primera vez que hago algo donde no tenga intervención un teatro en el que yo esté involucrado. Incluso "Los caminos de Federico" era una coproducción entre el Centro Dramático Nacional de Madrid, que yo dirigía, y el Teatro San Martín. Ahora bien, "La tempestad" es de esos títulos que un director va poniendo en una lista, que luego va tachando porque no se atreve, lo vuelve a poner, lo tacha. Hasta que un día -no es que crea que ya estoy preparado, no- alguien te empuja. Entonces te dices: "Ahora, atrévete".
-¿Quién lo empujó?
-Kive Staiff nos empujó a Alfredo y a mí. El propuso la obra, que ya estaba en la programación. Me dijo: "Por qué no hacemos "La tempestad" con Alfredo". Me sentí tentado porque hay una cosa fundamental: Alfredo Alcón. El es mi Próspero, si se puede hablar con ese sentido de la propiedad. Lo sería acá, en España y en cualquier otro sitio. Lo pensé unos meses, no porque tuviera que pensar en la obra o en Alfredo, que son indiscutibles. No, te tenés que sacar de la cabeza las versiones que has visto y te han marcado. Me pasó con "El jardín de los cerezos". Pensé que no la podía hacer nunca después de haber visto la de Giorgio Strehler y la de Peter Brook, que me marcaron tanto. De repente desaparecen esas versiones y empieza a aparecer la de uno mismo.
Con "La tempestad" pasó lo mismo, pero dije vamos a buscarla porque ya no está en el mismo sitio que antes. Lo visto ya se perdió en la noche de los tiempos. Es como las puestas de sol. Como dicen en las campañas de publicidad: el primero que la filmó es un genio, el último un cretino. Hay que esperar que eso desaparezca y empiece a aflorar la de uno. Entonces, empiezas a ver actores. Ultimamente son los actores más que nunca. No tengo imágenes de la obra, porque creo que ya las imágenes nos dan muy poco en el teatro. Nos saturan la vista. Lo único que no saturó la imagen es el actor. Es lo que estoy haciendo estos días para construir esa constelación alrededor de un planeta que se llama Alcón.
-¿Pero hubo un tiempo en el que a los directores les interesó crear imágenes?
-Prevaleció la imagen porque la técnica llegó al teatro. Nos encantaba a todos, público incluido. Antes se decía qué bella imagen. Ya se acabó. No hay imagen en teatro que dure más de dos minutos si no hay delante un ser humano que justifique, valore y haga ver de otra manera la imagen. El videoclip tiene millones de imágenes, que aunque quisiera no las podría hacer. Hemos vuelto, no sé si tanto, a la palabra como al sentimiento y a la emoción que produce un actor.
-¿Tiene alguna visión particular de puesta?
-En una época estaba de moda el término lectura. Afortunadamente eso ha pasado. Al menos, en mí se murió. Trato de no imponerle ninguna lectura a un texto, sino que éste salga y vaya subiendo a la superficie para mostrar lo que el poeta intentó escribir. Llego con muy pocas ideas antes de empezar a ensayar. Poquitas, no hay que tener tantas, porque se va acotando el terreno, sobre todo en Shakespeare.
-¿Qué lo moviliza de esta obra en particular?
-Me atrae "La tempestad" por la enorme dificultad que tiene. No porque yo crea que es la metáfora de un director de escena capaz de crear un mundo y deshacerlo. También lo es, pero no es únicamente eso. Me atrae por lo imposible que es. Como el "Don Giovanni", de Mozart. Es intangible y peligrosa, porque tiene esa palabra odiosa para mí que es "fantasía". Eso es lo que hay que evitar para llegar al cuento. La dificultad es hacer verosímil algo que no tiene ningún apoyo real. "Rey Lear", por ejemplo, es una catedral, una obra muy difícil, pero que puede formar parte de nuestra cotidianidad: un hombre viejo que se ve maltratado por su hijas. En cambio, "La tempestad" es un sueño en la mente de alguien y no se sabe en qué zona del universo está ubicado o en qué zona de la conciencia pasa.
-¿Cuál es su punto de partida?
-El de las contradicciones constantes. De Próspero se dice que es un ser que ha llegado a la serenidad y sin embargo es tan poco sereno. Toda la comedia es muy liviana, ni pedante ni grave, nada. Me atrae por esto y porque está Alfredo. Parezco un disco rayado. Pero es que no existe "La tempestad" en abstracto sin el Próspero que uno sienta cercano. Hay muchos buenos actores que podrían hacerlo, pero a mí no me dicen nada. En cambio, con Alfredo, por todos los trabajos que hicimos juntos, hay una complicidad.
-¿Ya está ensayando con Alcón?
-Vamos a cenar todos los días, lo cual es una manera de trabajar. No sé si hablamos mucho de la obra, tampoco tanto. Hay que crear una constelación, buscar los satélites de un planeta. Alfredo viene a todas las pruebas de todos los actores y actrices y hace todos los papeles. Es una gran ayuda. También se está viendo la química que puede existir entre dos actores. Química que parece preocuparle, porque los tiempos de audición se acaban y él debe regresar a España por compromisos laborales. Volverá a Buenos Aires el 15 de julio para iniciar los ensayos con el elenco completo y estrenar el 21 de septiembre.
"El tiempo debería sobrar. Generalmente ensayo 6 o 7 semanas. Acá me tomaré un poco más porque no conozco a los actores. Si se ensaya de verdad, alcanza y sobra para estrenar muy bien. Los actores tienen que aparecer antes de que me vaya, si no me pego un tiro."
Riesgo que aparentemente no va a correr porque ya está confirmada la mayoría de los actores que participarán, con excepción de los que corresponden a los personajes de Ariel, el genio del aire; Trínculo, el bufón, y Antonio, el hermano de Próspero, a los cuales todavía tiene que elegir.
Por lo demás, ya confirmaron su participación o firmaron los contratos Alfredo Alcón (Próspero), Eleonora Wexler (Miranda), Carlos Belloso (Calibán), Osvaldo Bonnet (Gonzalvo), Tony Vilas (Alonso, rey de Nápoles), Horacio Peña (Sebastián), Tomás Fonzi (Fernando), Alfredo Casero (Estéfano, repostero borracho), Diego Starosta y Oscar Ferrigno (marinos).
"Bueno, después de todo -se despide-, sabemos que no es una obra tranquila y puede deparar más de una tormenta. Por algo se llama "La tempestad".






