
Pavarotti y Sosa no se fueron de Boca
Cerca de 24.000 personas ovacionaron al tenor italiano y la cantante argentina, en un concierto efectivo, pero sin sorpresas
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Dos mundos encontrados en un mismo escenario. Dos públicos diferentes. Dos canciones que marcaron el final de una noche que para cada uno de los protagonistas fue única. Mercedes Sosa, a puro corazón, y Luciano Pavarotti, a pura técnica, lograron movilizar a cerca de 24.000 personas que se dieron cita en la Bombonera.
El abrazo sincero e interminable entre los dos llegó cuando Mercedes le entregó un poncho guatemalteco, que Pavarotti se puso al instante. Los ojos le brillaban a la cantante. La sonrisa amplia del tenor parecía tan dibujada como sus cejas renegridas.
Se mostraron felices desde las pantallas de video al costado del escenario. La imagen se repitió nuevamente en el cierre definitivo. Los dos bajo un cielo salpicado de estrellas y fuegos artificiales, con una ovación que según los vecinos se escuchó a varias cuadras a la redonda del estadio. El resultado: previsible. No hubo sorpresas.
Otra vez el color, como siempre sucede en Boca, estuvo en las ubicaciones más populares. La mayoría del público que accedió a las plateas más caras de 200 pesos se mostró tan anquilosada como su vestuario. Hasta hubo como una virtual competencia entre la gente que fue a ver a Mercedes y a Pavarotti, cuando se juntaron para hacer "Caruso" y "Cuore ´ngrato". No ganó ninguno en la torcida. Pero aportó calor al clima del concierto, que hasta ese momento se había mantenido por los carriles normales de aprobación.
La reunión entre los dos provocó, en cambio, un cimbronazo emocional. Cuando Mercedes terminaba de hacer su parte, recibía el aplauso estruendoso y fiel de la popular. Cuando Pavarotti hacía la suya, llegaba una breve ovación, que surgía de las ubicaciones más privilegiadas. Pero en el final de los temas, el agradecimiento fue hacia los dos, sin distinción de estilos y unidos por la música popular.
Fueron apenas dos canciones, aunque la gente pidió por más y se quedó insatisfecha. Lo más jugoso de la velada, y donde estaban centradas todas las expectativas, no superó los diez minutos. Ellos cumplieron con lo esperado y pactado, y el público también. Antes de ese pico, cada uno había hecho su set solista.
"Hay que prestar atención"
Al comienzo del concierto, que abrió Mercedes con la "Misa Criolla", la gente arengaba a la tucumana para que "hiciera lo suyo". El sonido no llegaba a las localidades más altas y algunos exaltados exageraron en los pedidos. Tanto que La Negra se plantó y dijo: "Esta obra es para escuchar. Hay que prestar atención", automáticamente casi todo los asistentes la aplaudieron.
La cantante hizo un esfuerzo sobrehumano para poder estar. Una fuerte gripe había hecho mella en su garganta y en su humanidad. Así y todo, sorprendiendo hasta a su entorno mismo, salió a cantar y volvió a subyugar en el tema de Charly "Cuando ya me empiece a quedar solo", acompañada por el Coro Polifónico Nacional.
Antes llovieron los agradecimientos a la Secretaría de Cultura de la Nación, a sus músicos, al invitado Jaime Torres (que se llevó su momento de la noche, con una miniovación), al sonidista, que recibió una silbatina de las tribunas, y a Dios, "porque les juro que ayer no tenía nada de voz". Había que creerle. Para muchos, que Mercedes haya hecho frente al compromiso fue casi milagroso. Lo suyo fue técnica, oficio y, por qué no decirlo, mucha fibra.
Llevó adelante su canto con una carga muy grande. La cantante se sentía honrada por estar al lado del tenor. Por eso, ofreció hasta un tema fuera de programa: "Agitando pañuelos", una joyita compositiva del folklore, para terminar con fuerza su set con "Sólo le pido a Dios", donde remarcó especialmente el párrafo: "Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente".
Terminada su parte, los propios músicos de Mercedes se mostraron aliviados, porque temprano no la habían visto bien. Pero los nervios ya habían pasado y sólo se preocuparon en buscar sus asientos para convertirse en espectadores del encuentro entre la artista tucumana y el tenor italiano al final de la noche.
La pausa también fue aprovechada por la gente, que se dedicó a acosar a los pancheros y a los vendedores de café. Arriba, en el escenario, los asistentes trabajaban en tiempo récord para cambiar todo el set de Mercedes y adaptarlo para la llegada de Luciano Pavarotti, el director Leone Magiera y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
Mercedes, que no podía creer dónde estaba, apareció de nuevo para recibir al invitado de honor. Ya en escena, Pavarotti se limitó a decir: "Tuve una introducción ilustre. Nos vemos más tarde", y despidió a la argentina del escenario.
El tenor asumió su parte con profesionalismo. Eso sí, no causó demasiada gracia entre el público que en total sólo estuviera unos treinta minutos participando de un recital que lo tenía como una de sus carnadas más atractivas, aunque la programación había sido anticipada por los organizadores y a través de los medios.
Parte de una platea cholula, a pesar de cierta bronca contenida, lo recibió muy bien. No fuera a ser que pensara que los argentinos de clase media son medio incultos. Hasta se animó a corear con respeto ciertos pasajes en los bises "Granada", "La dona e mobile" y "O sole mío". El retribuyó la buena repercusión que obtuvo su propuesta y gesticuló abrazos y saludos con la mano, de donde colgaba su famoso pañuelo blanco.
A las 23.30, Mercedes Sosa y Luciano Pavarotti se vieron nuevamente las caras. Pero para concretar el encuentro, un trámite histórico, que para los artistas tuvo su significado y su importancia.
En ese breve tiempo, Mercedes no le sacó los ojos de encima a Pavarotti, embelesada por el bel canto del italiano. Luciano también la siguió cuando era ella la que cantaba con unción, pero con los ojos cerrados y concentrado en la melodía.
Eso fue lo que quedó. Una postal pintoresca del dueto. El abrazo emocionado. Una imagen fugaz, que fue la razón para que la gente siguiera de cerca las dos horas de concierto.
Empanadas
Mercedes Sosa vivió uno de los momentos más emotivos de su vida. Así se lo decía a la gente que la quería escuchar una vez en camarines. Para festejar el encuentro, toda la familia, que no quiso estar ausente, acompañó de cerca a Mercedes antes de su actuación con Pavarotti. Luego, todos se trasladaron a la casa de La Negra. Más distendidos, y superado lo que para Mercedes fue uno de sus compromisos más importantes, se dedicaron a degustar las exquisitas empanadas tucumanas de su cuñada.
Apostillas
El concierto comenzó a las 21.30, media hora más tarde de lo anunciado, para esperar que terminara de ingresar el público. El retraso se produjo como consecuencia de la impresionante congestión de tránsito que comenzaba a la altura del parque Lezama. Es que la gran mayoría de los asistentes quiso llegar con sus respectivos autos lo más cerca posible del estadio de Boca Juniors.
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Una de las personalidades que llegó muy tarde, cerca de las 22, fue la senadora jujeña María Cristina Guzmán, a la que se vio hacer varios metros de una calle lateral del estadio casi corriendo. Su elegante pantalón fue adecuado para la circunstancia. Sus zapatos de taco alto, no.
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Pavarotti cantó no más de veinticinco minutos para diez temas solo y dos dúos. Mercedes Sosa entregó cuarenta y cinco minutos, además de los dúos, con un molesto estado gripal que se manifestó en su ronquera.
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Leone Magiera fue el director musical de la puesta de 1987 de "La Bohéme", ópera con la que debutó Pavarotti en el Teatro Colón. El director que acompaña al tenor italiano en los megaconciertos, sólo se limitó a una marcación rítmica rutinaria y a estar al servicio de la comodidad vocal del divo italiano.
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La Filarmónica de Buenos Aires aportó su profesionalismo para hacer una muy buena lectura de obras no habituales en su repertorio. No obstante las dos obras sin canto, el interludio de "Le villi", de Puccini, y el intermezzo de "Cavalleria Rusticana", de Mascagni, fueron, junto a la canción "La Girometta", de Sibella, los momentos de menor jerarquía musical del programa.
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Cuando los integrantes del Coro Polifónico caminaron por los costados de la cancha parecían los integrantes de un equipo de fútbol ovacionados por las tribunas al ganar un partido. Los brazos en alto de muchos de ellos fue un gesto poco frecuente entre los cultores de la música académica.
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Para Mercedes Sosa, cantar con Luciano Pavarotti fue un acontecimiento realmente especial. Por esa razón, toda la familia Sosa estuvo en la Bombonera para acompañarla antes, durante y luego del recital. Los hijos, los sobrinos, los nietos y el hermano, estuvieron a su lado, así como su madre -que se quedó todo el tiempo en los camarines-, compartieron y contuvieron la visible emoción de la cantante tucumana.





