Rumba congoleña, Mozart, Los Piojos... los gustos eclécticos del historiador
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Actualizado el 29 de junio de 2020
Hijo de un ex manager y productor de la Camerata Bariloche, el historiador y escritor Felipe Pigna tiene una afinidad especial con la música. "Crecí en una familia muy musical", dice agradecido. Durante 10 años trabajó al lado de su padre en la Camerata y tuvo la oportunidad de acercarse a la música como nunca. "Ahí conocí a Astor Piazzolla, un personaje increíble, muy temperamental", cuenta, y recuerda la sinfonía de rápidos violines de la Suite del Este, que el compositor creó para la Camerata en honor a la pesca de tiburones en Punta del Este. Pero hay mucho más: Pigna muestra el resto de su discoteca y allí empieza el viaje musical.
El jazz es fundamental en la vida del historiador. El pianista Mono Villegas es uno de sus jazzeros preferidos, del que busca discos de vinilo por todas las disquerías antiguas de la ciudad. "Hay una larga historia de jazz en la Argentina. Más allá de su época de oro, en los años 50 y 60, hay muy buen jazz que se produce en Buenos Aires. Recorro todos los lugares donde puedo disfrutarlo", dice el historiador, que también valora el ambiente bohemio que se genera en este contexto. "Me hace acordar a Cortázar, un gran jazzero y uno de mis dos escritores favoritos. El otro es Borges. La música me acerca al universo de estos escritores. Así como Cortázar se inspiró en Charlie Parker para escribir El perseguidor, escuchar a Parker es para mí como ver a Cortázar." Además, para su película Bird, de 1988, Clint Eastwood se basó en ese cuento.
Según el historiador, para entender una época hay que leer una buena novela histórica o escuchar música de ese período. "Siempre la gente se acuerda de un momento por un olor o un sonido. La música es la columna de la historia", dice.
Ecléctico, Pigna pasa del rock sinfónico al folklore. "Pero no para trabajar, sino para disfrutar de una linda música instrumental", aclara. Mercedes Sosa y el cantante santiagueño Raúl Carnota son sus favoritos. De la tradición argentina salta a Africa y recomienda a Papa Wemba, rey de la rumba congoleña, y Amadou et Mariam, pareja de músicos ciegos de Senegal que tocaron un par de veces en Buenos Aires y fueron descubiertos por su también querido Manu Chao.
Si trabaja, Pigna sólo escucha música clásica, otro género que ama. Beethoven, Mozart y Mahler lo transportan a otros días. "La música permite el pensamiento y el fluir. No puedo vivir sin música, me despierto y me duermo con ella. Trabajo con la música, pero debe ser sin letra, si no me distraigo", aclara. También le gusta el rock sinfónico, sobre todo Genesis cuando todavía contaba entre sus filas a Peter Gabriel. Después, en su lista sinfónica sigue Pink Floyd, de los que puede escuchar un tema 20 veces sin aburrirse. "The dark side of the moon es una música única, un verdadero permiso para volar."
Por supuesto, los Beatles también están. "Cuando éramos chicos y vivíamos en Azul, un día mi hermana vino a casa con A Hard Day’s Night y quedamos todos asombradísimos con esta música. Ahí nació mi fanatismo, sobre todo por discos como Yellow Submarine y Revolver", cuenta Pigna, que por medio de sus hijos adolescentes está al tanto del rock local, Los Piojos incluidos.