El ex capitán de los Pumas viajó a Chapelco con su familia para disfrutar de una semana a pura adrenalina en la alta montaña
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Cuando se repasa la historia del deporte argentino su nombre aparece en primer plano: Agustín Pichot es sinónimo de rugby. Jugó durante quince años para los Pumas y desde que se retiró, en 2009, trabajó para que el seleccionado nacional pudiera participar del Cuatro Naciones y para que el rugby, en su modalidad de seven, sea incluido en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Y lo consiguió. "El año pasado fue intenso, tuve muchos viajes largos y miles de reuniones. Necesitaba estas vacaciones, mis mujeres son mi cable a tierra", cuenta. "Ficha" –como le dicen sus íntimos– acaba de volver a Buenos Aires después de pasar una semana de esquí en el cerro Chapelco junto con su mujer Florencia (37), y sus hijas Valentina (12) y Joaquina (7). "Es un lugar soñado, nos encanta volver cada año", explica.
–¿Cómo cambiaron tus vacaciones familiares a partir de tu retiro del rugby?
–Cuando jugaba extrañaba no poder compartir estos momentos con mi familia. Incluso cuando estábamos de viaje me costaba mucho desenchufar la cabeza. Pensaba en lo que tenía que hacer cuando volvía al club o en la pretemporada. Hace un par de años descubrimos Chapelco y fue la manera perfecta de recuperar aquellos años de tanto esfuerzo y sacrificio con el rugby.
–¿Aprendieron rápido a esquiar o ya sabían?
–Yo empecé muy chico y las chicas le agarraron la mano enseguida. Nos gusta venir a la nieve una o dos veces por año, pero no somos de esas familias fanáticas que compiten y se perfeccionan.
–¿Qué es lo que más te apasiona?
–Lo vivo como un programa increíble porque paso tiempo con mis hijas, puedo descansar y ver cómo ellas disfrutan del deporte. Cuando jugaba en Inglaterra y en Francia no me dejaban esquiar por contrato, porque tenían miedo de que me lastimara. Hoy es una de las pocas actividades que me divierte, me relaja y me desconecta de la rutina diaria.
–¿Qué sentís que heredaron tus hijas de vos?
–Todo el tiempo ponen en jaque las cosas que se les presentan. Aunque son muy educadas, no hacen solo lo que se les dice, y creo que eso tiene que ver con mi personalidad. En el caso de mi hija menor, Joaquina, es increíble cómo heredó la misma intensidad que tengo yo con el movimiento: no para un segundo.
–Viajás mucho por trabajo, ¿tu familia te acompaña?
–Las chicas vinieron solamente alguna vez porque, por ejemplo, hice viajes a Sudáfrica por dos días y no tenía sentido hacerlas viajar tanto. Me pasó de despertarme una vez en Australia y no saber qué día era ni dónde estaba. Fue muy desgastante. Por suerte recibí todo el apoyo de mi mujer, sin ella no podría haberme comprometido nunca con tantas causas.
–Como jugador y dirigente fuiste cumpliendo todos tus objetivos con éxito. ¿Te queda algo pendiente?
–Por ahora hay que darles sustento a los proyectos que ya están en marcha. Lo que me encantaría es que se juegue el Mundial de Rugby en Argentina. Sería increíble, pero no es fácil. Costó mucho incluir a los Pumas en el Rugby Championship y por ahora hay que disfrutar de ese logro que parecía inalcanzable hace algunos años.
Texto: Alejandro Comero
Agradecimientos: Diego Costantini y Público Press Group
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