Dani Rovira compartió “el peor” año de su vida: una separación, una operación y la muerte de su padre
El actor español contó por primera vez -y con humor- que en 2025 pasó dos veces por quirófano además de atravesar una serie de desdichas
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La premisa de La Ruina es sencilla. El podcast ganador del premio Ondas en 2024, presentado por Tomàs Fuentes e Ignasi Taltavull, consiste en subir al escenario a gente del público para que cuente delante de todos una ruina, es decir, una anécdota embarazosa, patética o desafortunada que haga reír al resto. Pero antes de sacar los colores a gente anónima, uno o varios invitados conocidos se prestan a compartir sus miserias al inicio del show. Y este miércoles fue el turno de Dani Rovira (Málaga, 45 años) que, según demostró en su intervención, es experto en encadenar una ruina tras otra. “Todo formó parte del marco del año pasado, que fue un año de mierda, fue el peor año de mi vida”, avisó el actor y cómico antes de explicar por qué 2025 fue una ruina, en general.
“El trabajo no terminaba de ir como muy bien, tuve una ruptura, luego tuve una operación quirúrgica, se murió mi padre...”, enumeró el intérprete de Ocho apellidos vascos. “Tenía el carnet de conducir caducado”, añadió para ponerle una nota de humor. Además, en 2025 Rovira comenzó a presentar el programa de TVE Al margen de todo, que fue cancelado tras solo tres emisiones. En cuanto a la ruptura que menciona, el intérprete no especificó más. Desde el fin de su relación con la actriz Clara Lago, en 2019, no ha hecho público ningún noviazgo. Al final de su intervención en el podcast, decidió centrarse en una única ruina y escogió la de su paso por el quirófano el año pasado, algo que nunca había contado públicamente.

“La movida es que tuve dos operaciones quirúrgicas. Me enteré de que me tenía que operar porque tenía un problema en una vena o no sé qué hostias”, explicó señalándose el pecho. “Esa noche me quedé en casa, vinieron unos colegas, estuvimos desahogando. Yo estaba emocionalmente en la mierda, con ansiolíticos... como tres o cuatro me tomé esa noche”, aseguró, desatando las carcajadas de los presentadores. Rovira explicó a continuación que, a pesar de acostarse tarde, al día siguiente acudió a una entrevista con el diario español El País y ya después se sometió a una primera operación en la que le quitaron con un catéter un trombo que tenía en una vena. “Yo estaba fatal, en la UCI [Unidad de Cuidados Intensivos]... te despiertas y ves a Arturo González-Campos mirándote”, bromeó sobre su gran amigo.
“Estuve un par de días en la UCI, un par de días en planta, total que cuando me dan de alta yo soy una persona desvalida, estoy muy mal, nada más que me puedo dar paseítos de abuelo”, siguió contando para adentrarse en la ruina principal. “De repente vengo de darme un paseo un dominguito y veo que la moto no está donde yo la suelo aparcar”. Después de contar que puso una denuncia, retomó su situación médica: “Al día siguiente tengo la revisión de cómo ha ido la movida y me dicen: ‘Te hemos quitado el trombo, pero se ha creado otro. Entonces es una movida estructural porque tienes el síndrome del opérculo torácico”. Este síndrome es un grupo de afecciones que presionan los vasos sanguíneos o nervios de la zona situada entre el cuello y el hombro, y que puede ocasionar dolor en esta área, así como entumecimiento de los dedos.

“Tenían que abrirme, quitarme un trozo de la primera costilla, quitarme el trombo y ponerme un muelle”, detalló el humorista. “Me dicen que me tienen que hacer esta avería y yo ya entro como en megapánico. La mañana antes de irme a operar, de repente, me manda un video un colega mío del barrio que había visto mi moto”. El caso es que se había dejado la moto aparcada en Matadero al ir a hacer la entrevista con un medio español antes de la primera operación y se la había olvidado ahí. El resto es otra serie de catastróficas desdichas causadas por malas decisiones tomadas a raíz de que él no podía ir por la moto porque iba a estar cuatro días ingresado. Otra conclusión es que la costilla de Rovira terminó en el congelador de Arturo González-Campos. “Ahora queremos ponerla así limpita, ponerle un reliquiario y todos los años hacerle una fiestita”, remató el actor.
No es la primera vez que Rovira comparte con el público sus problemas de salud en clave humorística. En marzo de 2020, el actor anunció que padecía un linfoma de Hodgkin por el que tuvo que tratarse con quimioterapia y radioterapia. En agosto de ese mismo año, reveló que había superado el cáncer. “Hoy es el primer día del resto de mi vida. ¡Estoy curado!”, señaló en redes sociales. En 2021, presentó Odio, un espectáculo de monólogos de 90 minutos en el que, entre otras reflexiones, abordaba sin tabúes —y con mucho sarcasmo— su enfermedad.
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