De Emilio Disi a Inda Ledesma, una actriz que habla de identidad

Susana di Gerónimo es una sólida intérprete que pasa por la fama fugazmente y se refugia en su pasión: el teatro; adora hacer unipersonales y se destaca en La cajita de jaspe, de Patricia Suárez
Actriz, directora y docente, Susana di Gerónimo
Actriz, directora y docente, Susana di Gerónimo Crédito: Hernán Zenteno
Susana di Gerónimo es una sólida intérprete que pasa por la fama fugazmente y se refugia en su pasión: el teatro; adora hacer unipersonales y se destaca en La cajita de jaspe, de Patricia Suárez
Leni González
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26 de mayo de 2019  

Existe un universo paralelo en el que están unidos Inda Ledesma y Emilio Disi: es el currículum de Susana Di Gerónimo. Una fue su maestra, colega y amiga, para quien escribió y fue dirigida, por ejemplo, en el Teatro Nacional Cervantes; el otro fue su director en Brigada Cola y los Superhéroes, cuando encarnó a la Reina del Mal en el Teatro Ópera. Si en la variedad está la diversión, la señora que no cedió al recorte de apellido se divierte muy seriamente. Actriz, directora, autora, psicopedagoga y docente, Susana nunca paró de trabajar y sabe que la fama puede ser tan efímera como la espuma de la cerveza.

"Aun cuando hacía televisión, en alguna tira de Quique Estevanez o la mala de Chiquititas, tuve más popularidad por una publicidad, la de 'Elsa Bor de Lencuentro', tremenda. Es tan aleatorio, del lugar menos esperado, pasa. Ni siquiera depende de una. A lo mejor, de casualidad vas al programa de chimentos con más rating y explota. Pero si no se sostiene con trabajo continuo y con prensa, se olvida. No hay que creerse ni un extremo ni el otro", dice Susana, que no niega que le encantaría llenar teatros. "Hay que reconocer el propio deseo y llevarlo adelante, y no esperar el reconocimiento del otro, eso es lo que importa. Tengo y siento el respeto de los pares, un prestigio, los alumnos y un grupo de gente que me sigue a todas partes", dice la protagonista del unipersonal que desde febrero llena los domingos en el espacio Tadron: La cajita de jaspe, escrita para ella por Patricia Suárez y dirigida por Herminia Jensezian.

"Me gustan mucho los unipersonales. Hice varios y con Herminia ya había trabajado en otro: El viaje de una Lady (sobre textos de Willliam Shakespeare y Griselda Gambaro). Es un viaje interno hasta la infancia, a partir del hurto de un perfume. Idea de la directora fue la puesta en un no-espacio, sin nada de dónde agarrarse, pero tengo imágenes muy vívidas y se vuelve creíble para mí. Lo verdadero, lo oculto, empieza a fluir cuando ya no se puede sostener más lo armado. Me potencia que el público haga conmigo ese tránsito emocional", dice la actriz que, apenas con la cartera colgada del brazo y una mesita a un costado, se mueve en un rectángulo cercado por miradas incrustadas en su cuerpo desde los cuatro lados.

"Los actores tenemos técnicas para entrar y salir de los personajes. Pero hay algunos que demandan una entrega emocional particular y me cuesta bajar de esta señora de La cajita de jaspe", dice sobre el viaje impensado a la identidad que realiza esta mujer en un shopping. "No hay año que no actúe. En realidad, empecé escribiendo, después pasé a la actuación y eso me llevó a dirigir. Y el entrenamiento de actores surgió por iniciativa de Inda, ella me animó": desde 1989, sin interrupción, Susana da clases. Tiene su propio estudio, en la zona del Congreso, y desde 2001 da talleres trimestrales en el Cultural San Martín. "Al final, la psicopedagogía me terminó sirviendo para la docencia teatral. Estudié en Necochea, mi ciudad, para que mis padres se tranquilizaran. La terminé y vine a Buenos Aires a estudiar con Agustín Alezzo, Raúl Serrano, Inda... Volví a Necochea solo para visitarlos", dice la actriz de Kalvkott, carne de ternera (de Silvina Chague, con dirección de Corina Fiorillo, 2011), y la premiada autora y directora de Los aparecidos (1990).

Treinta años de docencia le enseñaron que es posible transmitir técnicas, herramientas con las que el artista pueda desarrollar su propia intuición creadora. Se trata de facilitar el camino, pero tiene que haber una base, un talento. Y para Susana, la experiencia sirve mucho, igual o más que los talleres:

"El trabajo del actor es un juego placentero en el teatro y también en la televisión. De todo se aprende. Tuve el placer de trabajar con Jorge Luz. Hacíamos un sketch, la Porota y la Betty, cuando no estaba Jorge Porcel, que era la Tota. Improvisar con él era una fiesta. La tevé te da oficio, la gente te conoce. Pero siempre, a la vez, traté de pisar el escenario, de tener mi propio proyecto: eso siempre se lo digo a los alumnos, que sean creativos, que jueguen, que no se queden en las modas", dice la maestra y pone de ejemplo la versatilidad de su admirado Rodrigo de la Serna: "A veces nos transformamos en un producto, nos encasillan, sobre todo en la tele, pero los actores de raza luchan contra eso y sacan su propio perfil. No hay que dejar que baje la mística".

Ahora, además del unipersonal y las clases, prepara la reposición, para vacaciones de invierno, de su infantil Imagina, imaginador. Y corrige cinco de sus obras estrenadas, para publicarlas cuando estén listas. A su tiempo, el presente de la vida y la actuación.

La cajita de jaspe

Dirigida por Herminia Jensezian.

Tadron, Niceto Vega y Armenia, Domingos, a las 19.30. Desde $ 180.

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