El consejo que dejó a Emily Blunt al borde de la cancelación en las redes: “Que renuncien”
En medio de la gira promocional por el estreno de El diablo viste a la moda 2, la actriz británica brindó una respuesta que generó polémica
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El estreno de la esperada segunda parte de El diablo viste a la moda volvió a poner a sus actrices en las portadas de los principales medios del planeta. Desde hace meses, Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt vienen brindando entrevistas para promocionar el estreno de la secuela de la exitosa película de 2006. Y entre tanta pregunta y tanta respuesta, una de ellas terminó diciendo algo que la puso al borde de la cancelación en las redes sociales.
La respuesta polémica tiene que ver, de cierta manera, con uno de los ejes principales de la película. Desde su inicio en El diablo viste a la moda, el recorrido de sus personajes principales está marcado por una tensión constante entre ambición, identidad y poder. La historia comienza con Andy Sachs (Hathaway) como una joven periodista ajena al mundo de la moda, que consigue trabajo en la influyente revista Runway sin comprender del todo el universo al que está entrando. Su mirada crítica y su aparente desapego inicial contrastan con la lógica dominante del entorno, pero a medida que avanza la trama, Andy se adapta: aprende las reglas, mejora su imagen y se vuelve cada vez más eficiente. Sin embargo, ese crecimiento profesional tiene un costo personal. Hacia el final, al reconocerse demasiado cercana a aquello que cuestionaba, decide renunciar. Su salida no es una derrota, sino una afirmación de identidad: elige no perderse a sí misma en el camino.

En paralelo, Miranda Priestly aparece desde el comienzo como una figura casi mítica: fría, exigente, implacable. Representa el poder absoluto dentro de la industria, alguien que ha construido su lugar a costa de vínculos personales y concesiones éticas. No obstante, la película deja entrever grietas en esa imagen: su vida privada es frágil, y su permanencia en la cima depende de decisiones duras, incluso crueles. Hacia el final, aunque no cambia en esencia, se humaniza ligeramente ante los ojos de Andy. Ese pequeño gesto de reconocimiento mutuo —contenido, casi imperceptible— sugiere que ambas se comprenden más de lo que admitirían.
Por su parte, Emily Charlton encarna la lealtad absoluta al sistema. Como primera asistente de Miranda, vive completamente absorbida por la lógica de Runway: su identidad está atada a su trabajo, a su rendimiento y a la aprobación de su jefa. A lo largo de la historia, sufre las consecuencias de esa entrega total, tanto física como emocionalmente. Su caída —literal y simbólica— evidencia lo reemplazable que es dentro de esa maquinaria. Sin embargo, sobrevive, y en esa supervivencia comienza a vislumbrarse una posible transformación.

La secuela retoma estas trayectorias años después, en un contexto profundamente distinto. El mundo editorial ha cambiado, y con él, las reglas del poder. Andy reaparece ya no como asistente, sino como una profesional consolidada. Su regreso al universo de Runway la encuentra más segura, con voz propia y experiencia, pero también enfrentada a un viejo dilema: hasta qué punto puede volver a ese entorno sin repetir los errores del pasado. Su conflicto ya no es encajar, sino sostener su identidad en un espacio que alguna vez la transformó.

Miranda, en cambio, sigue ocupando un lugar central, aunque su autoridad ya no es incuestionable. La industria que dominaba se ve atravesada por nuevas dinámicas —lo digital, las redes, la inmediatez— que la obligan a adaptarse. Por primera vez, su poder parece depender no solo de su carácter, sino de su capacidad de negociar con un mundo que ya no controla del todo. Esto introduce una dimensión nueva en el personaje: la vulnerabilidad estratégica.
Emily es, quizás, quien experimenta el cambio más radical. Lejos de la asistente sometida de la primera película, emerge como una figura de peso dentro del negocio. Ha aprendido las reglas del sistema y ahora las utiliza a su favor. Su evolución la coloca en un plano de igualdad —e incluso de competencia— con Miranda, transformando completamente la dinámica que antes las definía.
En resumen, Andy, Miranda y Emily son tres mujeres que en mayor o menor medida se debaten entre seguir perteneciendo a un universo que por momentos les resulta hostil o, como hizo el personaje de Hathaway en la primera película, dar un portazo y buscar un destino más calmo y acorde a sus propios intereses.
Quizás teniendo esto en cuenta, el portal Betches le realizó a Blunt una pregunta que parecía inocente: qué consejo les daría a las mujeres que odian su trabajo. En voz baja, casi susurrando, la protagonista de El regreso de Mary Poppins recomendó: “Que renuncien”.
Luego, se echó a reír y añadió: “Simplemente, encuentren algo que realmente quieran hacer. Aunque no ganen dinero, mientras les guste lo que hacen, serán felices”.

Una vez subida a las redes del portal, la breve entrevista se convirtió en viral en cuestión de horas. Es que muchos usuarios creyeron ver en los dichos de la actriz, cuya fortuna se calcula en unos 80 millones de dólares, una total desconexión con los desafíos y las obligaciones que enfrentan la gran mayoría de los asalariados en todo el planeta.
“Eso solo lo puede decir una persona (sobre)privilegiada”, escribió un usuario en los comentarios de YouTube. En X, otro tuiteó: “Emily Blunt debería tener más tacto. ¿Podrían las celebridades ricas que ganan millones dejar de sermonearnos sobre lo poco importante que es el dinero? Es un insulto”.
Emily Blunt really should know better than being this tone deaf. Can rich celebrities earning millions please stop preaching to the rest of us about how unimportant money is. It’s insulting. https://t.co/Eze01I24Hs
— vickster51 (@vickster51) April 29, 2026
Los comentarios adversos comenzaron a reproducirse a medida que la entrevista se viralizaba. Otra persona criticó la “opinión privilegiada” de Blunt y señaló que “no todo el mundo tiene el lujo de ir a por el trabajo que quiere y abandonar el que tiene ahora, aunque sea malo”.
Love when they ask celebrities to give this sort of advice. Because yes we definitely want to hear from a privileged, rich, European woman that we should just do something we love even if we’re broke!
— galactic rat (@shookgirl96) April 29, 2026
“Un consejo verdaderamente terrible en el mercado laboral actual, pero me encantaría estar tan desencantado y alejado de la realidad”, señala otro comentario. “Me encanta cuando le piden a las celebridades que den este tipo de consejos. ¡Porque sí, definitivamente queremos escuchar a una mujer privilegiada, rica y europea diciéndonos que solo hagamos algo que amamos aunque estemos en la ruina!“, indica con ironía otro usuario.
Otros catalogaron su comentario de “mal gusto” y aseguraron que escucharla les hizo tener “una peor opinión” de ella como persona.
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