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La valija, presumiblemente pequeña para quien trabaja en la moda, la espera en la entrada de la suite que ocupa en el emblemático The Connaught, en Mayfair, el barrio más exclusivo -o posh, como diría una dama inglesa- de Londres. Enfundada en un vestido de cuero corto y unas botinetas empinadas, Carolina Herrera desayuna un frapuccino mientras coordina la vuelta a Madrid, donde vive con su marido Miguel Báez, El Litri, y sus tres hijos: Olimpia (6), Miguel (5) y Atalanta (2). ''Adoro Londres, pero quiero pasar el fin de semana en el campo con mi familia'', adelanta.
La entrevista sucede en pleno tour de L´eau, el último perfume de la casa CH, al que, junto con Olivier Cresp, la ''nariz'', Carolina le imprimió su pasión por las flores.
Como la ropa que elige para vestirse, es moderna, sin excesos, con poca pose y mucho charme. Conserva el acento de su Venezuela natal, aunque por momentos suene muy madrileña.
MODA Y ESTILO
-¿Cómo armás tu valija?
-Nunca la cargo demasiado, viajo liviana. Siempre tengo un par de pantalones, tanto en invierno como en verano: de pana, de cuero... No soy loca por las marcas. Puedo usar una camisa comprada en Carrefour, o en cualquier tienda, y soy feliz. No entiendo que ir de marca te haga más elegante. Además, las firmas Carolina Herrera y CH cubren con creces todas mis necesidades.
-¿Quiénes son tus referentes de estilo?
-No tengo, y menos con nombre y apellido. El ícono de estilo se me hace una etiqueta pretenciosa. Prefiero inspirarme en la moda que veo en la calle, en amigos, en desconocidos. Considero el estilo como algo más integral.
-¿Qué celebridad o figura social define el estilo de Carolina Herrera?
-Creo que ninguna. Renée Zellweger está asociada con la marca, pero cuando está súper producida para un evento. El estilo es algo que llevás todo los días y en cualquier momento, sin esfuerzo. Cuando las veo en los Oscar, las actrices se me hacen todas iguales. La cara, el peinado, las joyas y, en general, todas van por una tendencia similar.
-Pero alguna te agradará más que otra…
-Las francesas jóvenes me gustan, no sé los nombres. Siempre tienen un toque, un algo y, como aún no han llegado a Estados Unidos, todavía no contratan la estilista que las iguala con el resto.
MADRE, HIJA Y MUJER
-Resulta casi inevitable hablar de tu madre, Carolina Herrera. ¿Te cansa?
-¡No! Somos del mismo palo, pero a la vez muy diferentes. Ella me ha inculcado, y me inculca todavía, los valores del respeto, el amor, la educación, la disciplina, pero en gustos, estilo, pensamientos y elecciones somos muy distintas. En la organización y el método de trabajo somos exactas. Creo que si fuera un clon de ella, pues sería muy aburrido.
-Tu mamá luce siempre impecable, como recién lustrada…
-El estar así es natural en ella, le implica cero esfuerzo. Se levanta y en un rato apenas está así. No va a la peluquería, no tarda en vestirse, no pierde veinte horas en escoger la ropa. Se mete en el baño y en pocos minutos está lista. Es para admirarla, y muy difícil de imitar.
-¿Te ves parecida en el aspecto físico?
-Ahora no, pero sí quizá cuando mi madre era pequeña. En los libros y en los álbumes miro fotos de su juventud y encuentro similitudes. En estilo y moda no nos parecemos en nada.
-¿Cómo es su relación?
-Discutimos mucho, como toda madre e hija que se aman. Pero nos entendemos bien y adoramos estar juntas, tanto en el ámbito del trabajo como en el familiar.
-¿Se ven seguido?
-Sí, por suerte. Hasta ayer estuvo en España, y en unas dos semanas yo iré a Nueva York, donde viven mis padres durante todo el año. Nos reunimos bastante, tratamos de juntarnos mucho las familias. Me gusta que mis hijos vean a sus abuelos, que no sea un vínculo de fotos.
-¿Te proyectás como la heredera de la casa?
-No lo sé. Yo adoro trabajar en los perfumes, también me ocupo de la colección niños de CH, pero quien está más cerca es mi hermana Patricia, que vive en Nueva York y está metida en el equipo de diseño codo a codo con mi madre.
-¿Conversás con tu mamá acerca de su retiro?
-Ella no habla de irse. Yo particularmente no creo que se vaya a retirar. La gente quiere a Carolina Herrera diseñando, ella es el alma de la casa. Además, no le es un esfuerzo estar ahí: la moda le da vida, ¡le encanta!
-Con cuatro hermanas, los encuentros familiares han de ser explosivos…
-Tenemos una muy buena y sana relación, nos llevamos bien entre nosotras, los maridos se entienden de maravillas y también nuestros niños. La pena es que no podamos reunirnos tan seguido.
-Tu hermana Ana Luisa [casada con Enrique Bruchou] tiene una de las chacras más increíbles de José Ignacio, en Uruguay…
-Parece que sí. Toda mi familia ha ido a la finca, menos yo. Estaba todo planeado para conocerla en febrero pasado, pero suspendimos a último momento.
-¿Sufriste la ''famosa'' crisis de los 40 años?
-Cumplí 41 y todavía no la he sentido. Me casé tarde y empecé a tener hijos con 35. Hice todo, o mucho de lo que quería hacer con mi vida antes de formar mi familia, entonces mi crisis creo que será a los 60. [Risas.]
-¿Te preocupan el paso del tiempo y las marcas que deja?
-¡No! No soy nostálgica, diría que ahora me siento más segura, hago lo que me gusta, tengo a mi marido y a mis hijos. Me cuido el cuerpo, pero sin obsesiones. No soy la mujer preocupada por el bótox y las cirugías. Además, tengo buena genética, creo que soy una afortunada. Me parece ridículo que a los 70 años alguien pueda parecer de 30, eso nunca funcionaría bien.
-Tus piernas se ven musculosas, ¿sos deportista?
-Es natural, pues no soy deportista. Sólo hago gimnasia para poder comer lo que me da la gana. Soy una mala jugadora de tenis, fatal esquiadora, no monto bien a caballo… Hago ejercicio, aunque lo detesto y siempre busco la excusa para cancelarle a mi entrenador. Como el gimnasio me resulta un sitio desagradable, prefiero ejercitar en casa o en El Retiro. A los 20 años no me preocupaba la figura, pero ya he tenido tres niños.
-¿Tendrías otros hijos?
-Por mí, seguiría agrandando la familia encantada, pero creo que mi marido ha dicho basta.
-¿Te gustaría que tu hijo varón fuera torero, como su padre?
-Preferiría que no, es muy peligroso. Cuando conocí a Miguel, él había dejado de torear, así que no padecí ese sufrimiento… Pero con mi marido educamos a nuestros hijos en la libertad de elegir, así que él decidirá. Yo deseo que tanto él como mis hijas sean responsables, generosos, buenas personas y encuentren el camino de la felicidad.
Texto: Dolores Paillot
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