El actor, en pareja desde hace dos años con Florencia Bertotti, habla por primera vez de su carrera y su vida personal
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Se lo ve muy tranquilo, aunque asegura que no es un chico "zen". Más bien todo lo contrario. "Soy bastante inquieto y necesito estar haciendo cosas todo el tiempo", confiesa. Federico Amador (37) es un actor algo atípico: no muere por la fama, no tiene Twitter, ni Facebook, tampoco lo desvelan los eventos y se lleva mucho mejor con la tranquilidad del campo y las reuniones entre amigos que con las entrevistas y las fotos. Federico Grandolini –tal es su verdadero nombre– empezó a estudiar teatro a los 14 años y, aunque trabajó de mozo, vendedor de panchos, mozo y corredor de una AFJP, siempre supo que la actuación era su verdadera vocación. Llegó a la televisión en 2003 y, seis años más tarde, supo lo que era la gran popularidad con la novela Niní , donde conoció a su actual pareja, Florencia Bertotti (29). Amante de los deportes, papá de Vito (5) y Ciro (3) –fruto de su relación con la rosarina María José Becherucci–, Federico habla pausado y mira siempre a los ojos. Así, se entrega a la charla con ¡Hola! Argentina.
–¿Cómo va la vida?
–Estoy muy contento con mi presente. Todo está en armonía. Soy una persona que necesita del silencio, vivir en contacto con la naturaleza, el río. En esta época de mi vida, prefiero estar alejado del ruido y las luces de la gran ciudad. Tengo mi refugio, un pedazo de tierra en Rosario, que es mi lugar en el mundo, donde me instalo con mis plantas, mis animales… ¡Mi gran placer!

–Hace muy poco cumpliste 37 años. ¿Cómo viviste ese día? ¿Es un momento de balances?
–Es un día más: me gusta juntarme con amigos, tomarnos un vino y tocar la guitarra. No lo vivo como un gran acontecimiento. Los balances no tienen que ver con una fecha especial. Soy más de la autocrítica constante, de parar la pelota y ver para dónde voy, qué estoy haciendo mal o bien. No me molesta reconocer que me equivoqué. No llego a la flagelación porque entendí que lo hecho, hecho está, que por algo pasó, e intento mejorar todo el tiempo.
–El silencio del que hablás también se traduce en tu trabajo, ¿no?
–Ojo, no soy una ostra, ¿eh? Soy un tipo muy sociable, pero la locura constante del trabajo y la televisión no me sirve. Si puedo, elijo trabajar un tiempo, después parar otro poco, necesito ese ritmo para sentirme bien conmigo.
–Cuando te "guardás", ¿no te da miedo de que se olviden de vos?
–Seguramente no es algo que me conviene, soy el antimarketing. Obviamente, me convendría estar, figurar en fiestas y eventos, pero no me sale.
–¿Te pesa la fama, la popularidad?
–Al principio me costó un poco entender las reglas del juego, pero después hice las paces. Forma parte de mi trabajo; si no, tendría que dejar la actuación y ponerme una rotisería. No puedo pretender que la exposición que tengo en algunos momentos no exista.
–Tu gran momento de popularidad –con la novela Niní –coincidió con la separación de tu primera mujer…
-Sí, fue un momento complicado, no la pasé nada bien.
UN GALAN ENAMORADO

–¿En qué sentís que te cambió la paternidad?
–En mis objetivos, mis prioridades, mis hijos están por delante de todo. Cuando sos padre, la vida te dice "replanteate todo, porque ahora lo importante es otra cosa". Aunque ahora ellos vivan en Rosario, siento que soy un padre muy presente. Hablo dos veces por día con ellos y los veo dos o tres veces por semana.
–¿Qué cosas disfrutás de hacer con ellos?
–Estamos en la etapa de las luchas y las peleas de superhéroes. [Se ríe]. Podemos pasar horas tirados en el piso jugando a eso. También tenemos nuestros momentos de mucho abrazo, mimos, caricias…
–¿Cómo te llevás con el título de galán?
–No me molesta, es un rol más, pero en mi casa soy el antigalán.
–¿Trabajás tu cuerpo, te cuidás?
–Hago deportes desde muy chico, es algo que siempre estuvo muy presente en mi casa. Como sano porque es parte de la educación que me dieron mis padres, pero jamás se me ocurriría ponerme una crema antiarrugas antes de irme a dormir.
–¿Cómo estás con Florencia?
–Mi corazón está muy bien. Me dio mucha gracia cuando dijeron que habíamos blanqueado nuestra relación cuando posamos juntos en el preestreno de mi última película. ¡Blanquear nada! Si no nos mostramos no es por estrategia, simplemente nos sale así. No tenemos ninguna necesidad de esconder lo que nos pasa.
–Pero sos conciente de que la fantasía es que sí se esconden y eso genera cierto misterio.
–Puede ser, pero no nos interesa generar misterio. Lo que pasa es que no vamos a estrenos, no comemos en Palermo… Si van a San Isidro, seguramente nos encuentren en el supermercado, haciendo lo que hace cualquier familia. Con Florencia está todo más que bien, el tiempo pasó y hay armonía para todos. Ya no hay rencores.

–Y como gran prueba de amor, te tatuaste su nombre en el pecho, del lado del corazón.
–Fue un gesto de amor mutuo, los dos tuvimos ese impulso. Una linda jugada que significa mucho más que cualquier papel, mucho más que un casamiento.
–¿Qué te enamora de Flor?
–Su esencia, su simpleza. Somos muy parecidos, almas gemelas…
–¿Les gustaría tener hijos?
–Seguramente en algún momento llegarán.
–Alguna vez te definiste como "ansioso y obsesivo".
–No sé si sigue siendo así. Supongo que el gran cambio tuvo que ver con mis hijos. Me relajé, desapareció la soberbia de querer hacer todo bien. Sin dudas, ellos me volvieron mejor persona.
Texto: Sebastián Fernández Zini
Fotos: Soledad Rubio
Producción: Georgina Colzani
Maquillaje y peinado: Joaquín López Patterson, para Elite Estudio
Agradecimientos: Club de Pescadores ( www.club-pescadores.com.ar ), Airborn, Gola y Penguin
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