Con sólo 32 años, es considerada una de las mujeres más ricas del planeta y amiga de las personalidades más influyentes del jet-set
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Es considerada como una de las mujeres más ricas del mundo. La exótica belleza de Goga Ashkenazi la convirtió en una especie de Zsa Zsa Gabor, y cuando apareció en escena muy pocos sabían quién era y a qué se dedicaba. La diva del cine se mostraba con hombres poderosos, lo que hacía que su existencia fuera aun más misteriosa.
Nació en Moscú en 1981, y desde chica llevó la vida de una princesa de cuento de hadas. Su padre, un ingeniero agrónomo de Kazajistán, fue el encargado de ejecutar los programas agrícolas en la era Gorbachov, y la pequeña Goga siempre estuvo rodeada de lujos: un gran departamento con vista a la Plaza Roja, casa de fin de semana, niñeras, cocineros, chóferes y vacaciones junto al mar.
Su familia siempre estuvo muy vinculada con el poder, y su abuelo materno, que nació en una familia de terratenientes, se desempeñó como oficial del ejército soviético durante la Segunda Guerra Mundial. Y, años más tarde, ocupó la jefatura de la región donde se construyó Baikonur, el cosmódromo desde el que despegó Yuri Gagarin rumbo al espacio en 1952. Su otro abuelo fue uno de los primeros kazajos en obtener un doctorado en ingeniería y se convirtió en un prestigioso investigador.
EL ORIGEN DE SU FORTUNA
Cuando en diciembre de 1991 la ex Unión Soviética se desintegró, los Ashkenazi decidieron volver a Kazajistán, pero Goga quedó pupila en Gran Bretaña. Desde joven se dio cuenta de que tenía mucha facilidad con las matemáticas y disfrutaba enormemente leer biografías, y al terminar el colegio entró a la Universidad de Oxford para estudiar Economía e Historia. Allí conoció a Dino Lalvani, hijo de un magnate indio de las telecomunicaciones y actual presidente de la empresa Binatone, quien durante sus salidas los fines de semana la introdujo en el jet-set londinense, uno de las más herméticos del planeta.
Pero el romance no duró mucho, ya que la heredera lo dejó por Flavio Briatore, el ex director deportivo del equipo de Fórmula 1 de Renault, con el que tuvo un corto idilio debido a que, según confesó la misma Goga, "no era el hombre más generoso del mundo". Acostumbrada a ser siempre una niña mimada, en 2003, con sólo 24 años, Goga se casó con Stefan Ashkenazi, hijo del fundador de la lujosa cadena hotelera Viceroy y ex novio de Angelina Jolie. Pero el matrimonio no duró y en 2006 se separaron, aunque ella jamás dejó de utilizar su apellido. Después llegaron Gerald Butler y el yerno del presidente de Kazajistán, Timur Kulibaev. Con este último tuvo a su único hijo, Adan, aunque estaba casado con Dinara Nazarbáyev, la segunda hija del mandatario kazajo (donde la poligamia está despenalizada), mantuvo un breve romance con la millonaria.
SUS AMORES
Según contó en una entrevista, a Goga le parecía aburridísimo ser una ama de casa, por lo que un día decidió incursionar en el negocio del petróleo y el gas. Todavía sigue siendo un misterio hasta qué punto Kulibaev, el padre de su hijo y el hombre que controla la industria petrolera en la ex república soviética, la ayudó para que se convirtiera en la mujer más rica del mundo entre las millonarias menores de cuarenta años. "Mi primer contrato, por 120 millones de dólares, lo firmé sin conocer a Timur. Lo más fácil fue asumir que una persona joven no puede ser exitosa si no se enreda con alguien poderoso. Pero yo tengo mucha suerte. Estuve ahí en el momento y el lugar adecuados", explicó al Evening Standard.

Aunque no figura en la lista Forbes, a los 32 años, Gaukhar Goga Ashkenazi es riquísima. Su fortuna viene del petróleo y del gas kazajo, además de sus influyentes amistades: el magnate ruso Alexander Lebedev, la actriz Sienna Miller, el financista Nat Rothschild (hijo del cuarto barón de Rothschild), la modelo Natalia Vodianova y el príncipe Andrés, a quien conoció en Phuket el último día de 2001 en una fiesta organizada por el empresario Johan Eliasch.
Lady Goga, como se la conoce en la alta sociedad británica, es una mujer obsesiva. Se sabe que tres niñeras cuidan a su hijo, y que desde hace tiempo tiene problemas con cada uno de sus mayordomos: uno le robó 115 mil euros y el que lo reemplazó duró muy poco, porque no pudo seguirle el ritmo a Goga, con una agenda llena de compromisos y fiestas hasta el amanecer.
De muy joven, Goga se convirtió en una adicta a la moda. Para la noche prefiere diseños de los exclusivos australianos Ralph y Russo, que sólo atienden a puertas cerradas y bajo previa cita. Pero, para su estilo diario, elige la moda de Milán, pasión que la llevó a relacionarse con Lapo Elkann (35), su actual pareja y nieto del fundador de Fiat. Pero no se quedó solo con los diseñadores italianos: apenas se enteró de que la legendaria etiqueta de Madeleine Vionnet estaba a la venta, se dio un "gusto" y la compró.
CON ESTILO PROPIO
En muy poco tiempo, la heredera se convirtió en toda una trendsetter que rara vez se equivoca de outfit y odia los escotes. Para el tiempo libre usa pantalones y cuando se trata de un cóctel opta por un elegante vestido de raso o seda que deje al descubierto sus largas piernas.

Esta multimillonaria, dueña de minas de oro y con una empresa de construcción a su nombre, sabe hacer negocios sin descuidar sus afectos: cuando se permite sale a comer al Connaught con el actor Kevin Spacey y el millonario británico Richard Caring, o se reúne en el exclusivo bar del Hotel Mark de Nueva York con Bono.
Ya convertida en la presidenta del grupo petrolero MunaiGaz y miembro de la junta directiva del grupo minero Ivanhoe, Goga conoció a Lapo Elkann, el hijo de la condesa Margherita Agnelli y del escritor Alain Elkann. Su última conquista es el descendiente directo de Giovanni Agnelli, fundador de Fiat, y con él se dedicó a recorrer el mundo, incluida Sudamérica.
El nombre de pila de Goga es Gaukhar, que significa diamante. Ella se muestra feliz al lado del heredero italiano y, según insinúan algunos de sus íntimos, podría haber boda durante este año. La excéntrica empresaria alguna vez admitió que pensó casarse de nuevo, pero que no podría hacerlo con alguien que no esté a la altura de su fortuna y su status. "Los hombres nunca te perdonarán por tus éxitos al menos que éstos sean menores que los de ellos. Por eso yo necesito un hombre mayor de 40, dado que a esa edad comienzan a ser lo suficientemente maduros, y no mayor de 50 años, porque ése es el momento en el que se vuelven muy aburridos", confesó. Parece que Lapo fue la excepción a la regla.
Texto: Rodolfo Vera Calderón
Fotos: Getty, Splash, Corbis y Look Press
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