Gonzalo Heredia y Brenda Gandini: "Nuestro amor creció a través de los años porque aprendimos a redescubrirnos"

Tan apasionados como el primer día, disfrutaron de unas vacaciones familiares en el cerro Chapelco. Para Gonzalo y su hijo Eloy, de 4 años, el viaje tuvo un sabor especial: esquiaron por primera vez
(0)
3 de septiembre de 2015  • 18:58

Las ganas de ver a Eloy (4) tirarse de cabeza en un colchón de nieve pudieron más que el cansancio y la lista de obligaciones que los ataban a Buenos Aires. Así que en un abrir y cerrar de ojos, Gonzalo Heredia (33) y Brenda Gandini (31) dejaron en suspenso sus compromisos (él planea producir y protagonizar la obra En los campos de algodón y ella se prepara para actuar en Las Ineses, la nueva película de Pablo Meza) y organizaron una escapada de cinco días a San Martín de los Andes. Distendidos y felices, se alojaron en el complejo de cabañas Paihuen y disfrutaron de todas las actividades de montaña en el cerro Chapelco. Brenda, quien hasta los 18 años vivió con su padre en Cipoletti, volvió a ponerse los esquís para acompañar a sus hombres en el debut en las pistas.

–¿Cómo viviste tu reencuentro con la montaña?

–Con el Sur me pasa algo muy especial, es como si perteneciera a ese lugar. De hecho, cada vez que vuelvo siento como que me descansa el alma. La montaña y la nieve indefectiblemente me llevan a un momento de reflexión donde me permito conectarme con lo que soy y con lo que fui. Amo esos momentos. Y por otro lado me encanta esquiar. Por suerte, Eloy se enganchó con la escuelita de esquí, así que nosotros tuvimos la oportunidad de disfrutar de la montaña también. Era un lapso de una hora donde yo dejaba de ser mamá para volver a ser Brenda. [Risas].

–¿Te costó desprenderte de tu hijo?

–Claro, pero también sé que necesita su espacio y su lugar; él incluso me pide que lo suelte… Y yo nunca voy a poder soltarlo del todo, es mi sangre. [Risas]. Me pasó que cada vez que lo dejaba en la escuelita necesitaba ir a verlo un rato, espiarlo para ver cómo estaba. Y Gonzalo que siempre me dice que no sea pesada… [Risas]. Ahora, ellos dos están viviendo una etapa muy linda de padre e hijo, se conectan mucho desde lo físico, son muy brutos jugando. Lo bueno es que con Gon logramos la combinación perfecta porque yo como madre le doy el abracito, el beso y los mimos, mientras que él se tira al piso con Eloy y juegan juntos.

–¿Cómo es la relación de ellos dos?

–Hoy están muy unidos y yo medio que quedé un poco de lado. [Risas]. Ahora son los hombres los que reinan en casa. Está buenísimo verlos jugar y contarse cosas de chicos, de novias. Yo los miro y son momentos de amor pleno. Es hermoso verlos tan conectados.

–¿Qué es lo que más disfrutaron durante estas vacaciones?

–Una de las cosas que más nos gusta con Gonzalo es poder verle la cara a Eloy ante las nuevas situaciones que le toca vivir. Yo al menos necesito verlo cuando se ríe jugando en la nieve porque a través de su mirada siento que yo también lo vivo por primera vez. Estar con Eloy es volver a ser niña, despojarme de cualquier prejuicio y volver a conectarme con la ingenuidad. Eso aprendo de mi hijo todos los días.

–¿Alguna vez te imaginaste tener la familia que tenés?

–Tengo una filosofía de no proyectar mucho. Sí tengo sueños y anhelos, pero trato de no maquinar y dejarme sorprender por las situaciones, me parece que ahí está lo emocionante de la vida. Soy tranquila, vivo mi relación día a día. Por ejemplo, nunca proyecté pasar tantos años con Gonzalo y sin embargo sucedió. A medida que van pasando los años el amor es otro, y nos vamos redescubriendo. Obvio que es muy difícil, como cualquier otra convivencia, pero me parece que la clave está en saber dialogar en el momento justo y también aprender a aceptar al otro sin tratar de cambiarlo. Uno viene así de fábrica. Por otro lado, la llegada de un hijo es un desafío para la pareja: te une o te desune. En nuestro caso nos acercó más, nos hizo crecer muchísimo.

–En este viaje, ¿hubo espacio para el romanticisimo?

–Salimos todas las noches, pero de a tres. [Risas]. Igual, Eloy se quedaba dormido enseguida, así que ahí arrancábamos nosotros con un rico vinito. Más allá del profundo amor que nos tenemos, el humor nos une mucho también. Creo que el humor y los momentos de amor pleno son los que sostienen nuestra familia. Esa es otra receta para estar bien. Hay que aprender a reírse de uno mismo y, en ese sentido, Gonzalo y yo nos reímos mucho de lo que nos pasa.

–Me imagino que acompañar a Gonzalo en su primera experiencia con el esquí debe de haber sido muy divertido….

–Ojo, que lo hizo muy bien. Gonzalo es osado y sin embargo estuvo tranquilo para esquiar. Pero es verdad, nos reímos mucho también con sus bajadas y esa adrenalina de la primera vez.

–¿Les gustaría tener otro hijo?

–Para tener un hijo hay que dedicarle mucha energía y si hay algo que tengo en claro es que no lo tendría para que lo críe otra persona. A mí me encantaría tener otro bebé, porque el mío ya creció. La verdad es que a los dos nos gustaría tener una nena, pero no proyectamos. Si viene, buenísimo. Eso sí, debería ser ahora o el año que viene, porque no quisiera que Eloy tenga que esperar mucho más para tener un hermano.

Texto: Jacqueline Isola

Fotos: Gentileza Público Press y Diego Costantini

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.