Gustavo Sofovich: "Papá sabía que se estaba yendo"

El productor recordó los últimos días de su padre
El productor recordó los últimos días de su padre
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14 de abril de 2019  • 00:11

Tener un padre como Gerardo Sofovich no fue fácil para Gustavo , quién a pesar de valorar todo lo que su progenitor hizo por él, admite que de chico padecía algunas cosas. Invitado a PH: Podemos hablar, el productor habló sobre la relación con el hombre que le dio la vida y cómo fueron los últimos días juntos.

"Gerardo era principalmente exigente con él mismo, y al ser así esa exigencia pasaba a todos los que lo rodeaban", comenzó contando cuándo Andy Kusnetzoff preguntó quiénes habían crecido con padres estrictos. "Yo creo que un padre no nace sabiendo ser padre, sino que trata de aprender en el camino y ser el mejor padre posible. Yo laburé mucho con mi viejo, desde pibe, y siempre fue así".

Esta forma de ser de Sofovich es algo que hoy en día sabe que fue clave en su vida. "A lo mejor recién de grande te das cuenta de que era lo correcto. Hoy que trabajo con mucha gente entiendo que uno tiene que ser exigente", reflexionó. "De chico lo sufría mucho. Hoy, en el caso mío, la exigencia pasa por cuidar todo lo que tengo alrededor. Yo me hice grande de golpe cuándo papá falleció", agregó antes de recordar como fueron los últimos días junto al empresario.

"Tuve una relación difícil con mi papá, pero terminamos muy bien, hicimos las pases", contó. Gustavo también habló sobre su adicción a las drogas y al juego, cuestiones que lo alejaron de su padre hasta pocos meses antes de la muerte de este. "Yo llegué a pedir ayuda exactamente un año antes de que papá se fuera, y creo que también se fue porque me llegó a ver bien a mí. Es muy duro pero es una realidad. Papá se dejó ir cuándo me vio bien a mí".

Para ayudar a su hijo, Gerardo volvió a la exigencia que lo caracterizaba. "Yo sabía que solo no iba a poder, porque en todo hay que pedir ayuda. Papá se sentó en la mesa y me dijo, 'tenés tu cuarto, dos paquetes de cigarrillos, 20 pesos y la heladera llena. Te llegás a correr de esta línea y te hecho'", contó. "Así convivimos un año juntos, y a los dos meses de estar ahí empecé a laburar".

"Al final papá sabía que se estaba yendo, me lo dijo una noche. Yo pensaba que quedaban un par de años, pero quedaban siete días, él lo sabía". Padre e hijo viajaron juntos a Punta del Este, y fue allí a donde tuvieron una charla que Gustavo no olvidará jamás. "Las internaciones cada vez eran más cercanas, pero no pensé que en siete días se iba a ir. Tengo muy presentes las últimas charlas. Me dijo, 'te veo bien a vos, tuve todo en la vida y no quiero tener dolor y no quiero dar lástima'", recordó. "Al otro día nos tomamos un avión a Buenos Aires y a los siete días se fue. No me quedó nada que decirle. El 8 de marzo ese me guiñó el ojo, me sonrió y a la media hora se fue".

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