Jimena Monteverde: "Siempre me sentí apoyada por mi familia"

Crédito: Revista ¡HOLA!
La carismática cocinera de la televisión abrió las puertas de su campo en 25 de Mayo
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19 de febrero de 2012  • 08:30

El paisaje bucólico del campo de la familia Monteverde, en el pueblo que fundó el abuelo Lucas y que lleva su nombre –a unos 20 kilómetros de la ciudad bonaerense de 25 de Mayo–, entre caminos de tierra, añosas arboledas, caballerizas y canchas de polo, contrasta notablemente con el mundo artificial de un estudio de televisión. Allí es donde Jimena Monteverde (39) se muestra como un personaje simpático, una cocinera ocurrente que prepara platos sencillos. El campo es otra cosa, tiene otro ritmo. Y ella se adapta, aunque le cueste un poco. "Aquí venimos cuando podemos en las vacaciones, y en los fines de semana durante el año. Para nosotros significa bajar de la intensidad de la ciudad. Igualmente, debo decir que a mí me cuesta muchísimo: acá es todo más tranquilo, cualquier cosa que salgo a hacer: comprar verdura, fruta, pan, o lo que sea, lleva su tiempo. Te ponés a charlar sobre cómo andás, lo que estás haciendo… A mí eso, debo confesar, me pone un poco nerviosa porque ¡no puedo evitar pensar en que estoy perdiendo tiempo!" [Risas.]

Mariano (54), el marido de Jimena desde hace 19 años, es hombre de campo y, como tal, sí parece ciento por ciento compatible con el entorno. Se encarga de generar locaciones para las fotos que ilustran esta nota, mientras mira su reloj para que no se pase el tiempo del asado que, gentilmente, está preparando su hermano Lucas (padre del polista, del mismo nombre, que está casado con la modelo Loli López). El sol está en su apogeo, una suave brisa apenas agita las ramas de los árboles y la familia Monteverde brinda toda su hospitalidad. Jimena y Mariano sonríen con la mirada de padres orgullosos cuando posan junto a Victorio (18) y Amparo (15), sus dos hijos. Luego del asado, Jimena se aparta del grupo y dialoga con ¡Hola! Argentina sobre su historia de amor con Mariano, la vida en familia, el golpe de popularidad de la televisión (primero en Mañanas informales, después en "Bailando por un sueño"), el contraste campo-ciudad y unas exóticas aventuras en Brunei.

–¿Cómo es la historia de tu trabajo como cocinera en Brunei? ¿Cuándo sucedió y por qué?

–Fue en 1996, cuando estaba embarazada de tres meses de Amparo. Fuimos antes de Navidad y volvimos en los primeros días de marzo de 1997. La conexión surgió a partir de la relación establecida entre el sultán y Gonzalo Pieres. Como Mariano trabajaba con Gonzalo en La Baronesa, y el sultán venía todos los años para aprender y jugar al polo, me pidieron que me encargara de cocinarles a la princesa y a un séquito de sesenta personas. Ella venía con un régimen proteico especial y había que cumplirlo: no podía comer nada sin proteínas y además le encantaban los dulces… Entonces probé de hacerle unas mousses de claras con frutas, algunos panes y también tortas. Un día antes de irse, me pidió si la acompañaba a Brunei, porque quería que le cocinara y le diera clases a su chef personal. Acepté, siempre y cuando pudiera viajar con mi familia; como les pareció bien, ahí fuimos: fue un viaje y una estadía seis estrellas. Todas las mañanas, me pasaba a buscar una limusina para llevarme al palacio. Pasaban cosas extraordinarias: un día se me ocurrió hacer un postre con frambuesas, pero la encargada de las compras me dijo que no había en el país. Yo le dije que no se preocupara, que iba a usar otro fruto. Al día siguiente, cuando llego, me encuentro con cinco cajones de frambuesas que habían mandado a traer desde Australia, esa madrugada… Otra vez, dije que necesitaba fuentes para una fiesta. Entonces fueron a comprar unas fuentes de cristal a un shopping: por cuatro que pedí, pagaron veinte mil dólares.

Crédito: Revista ¡HOLA!

–¿Cómo conociste a tu marido?

–A Mariano lo conocí porque papá tenía un vivero en Pilar y hacía los parques y jardines de los polistas de la zona. Ese verano de 1991, yo trabajaba con mi padre, tenía 18 años y estaba por empezar a estudiar en Buenos Aires. El día que conocí a mi marido, vino como tres o cuatro veces en la misma tarde. Y papá, que era amigo de él, le decía: "¡Otra vez vos acá!". Empezamos a salir y dos años después, en el 93, nos casamos y al poco tiempo llegó Victorio, y tres años después nació Amparito.

–¿Cuál fue el rol de Mariano en tu vida y en tu carrera?

–Hace 21 años que lo conozco, llevamos 19 de casados. Sin él, no podría haber hecho nada de todo lo que hice. Además es un padrazo, yo siempre le digo que no podría haber elegido un padre mejor para mis hijos… Ha sido un compañero incondicional y un sostén a lo largo de toda mi carrera. A veces, le da miedo porque soy bastante arriesgada y decidida, pero siempre está a mi lado. Todo esto que hoy disfrutamos requirió de un sacrificio muy importante tanto personal como de la pareja. ¡Estoy feliz y muy orgullosa de la familia que tengo!

–¿Cómo empezó tu carrera en los medios?

–Yo tenía un restaurante en Pilar y ahí surgió lo de la televisión, a través del periodista Oscar Gómez Castañón, que conocía a mi marido: sus hijos aprendían a jugar polo en la escuela que tenía Mariano. Empecé a dar recetas de cocina en radio Continental, en el programa que tenía Cholo.

Crédito: Revista ¡HOLA!

–Y de ahí, pegaste el salto a la televisión…

–Cuando estaba en la radio, un jueves me dicen que el lunes empezaba un programa de televisión que necesitaba una cocinera. Y me preguntaron: "¿Te animás a hacer una prueba de cámara?". Fui y empecé inmediatamente. Después me llamó Jorge Guinzburg para Mañanas informales, donde estuve dos años y significó para mí un gran despegue para el reconocimiento masivo.

–¿Cómo definirías tu estilo como cocinera?

–Me gusta decir que hago "cocina cotidiana". O sea, lo que se puede hacer todos los días de la vida y con lo que se cuente. Pero de manera diferente: utilizar los ingredientes o las salsas de otra forma. Yo digo que presto un servicio. Trato de contribuir a que la gente piense que es mejor cocinar en casa que pedir delivery.•

Texto: Guillermo E. Pintos

Fotos: Tadeo Jones

Producción: Dolores Varela

Maquillaje y peinado: Fabiana Yanun, con productos Dior

Agradecimientos: El Camarín, Natacha, Kosiuko, Cardón y María Dahn

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