Johanna Villafañe: de la picardía con la que irrumpió en los medios a su nueva vida como emprendedora y madre soltera
A 15 años de aparecer junto a Pamela Pombo en programas de chimentos, le cuenta a LA NACION cómo es su presente junto a su hijo Dante y los sueños que pudo hacer realidad
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“Los hermanos sean unidos…” No. No es el caso, no porque no estén unidas -en realidad hace tiempo que no se hablan- sino porque, aunque se dieron a conocer así, en realidad no son hermanas. La supuesta filiación de Pamela y Johanna Pombo fue un gancho entre morboso y divertido para que se hablara de ellas y del presunto romance que mantuvieron en el 2010 con el exfutbolista Cristian Ogro Fabbiani. Como hijas del mismo padre, las dos mendocinas que en verdad era amigas de la infancia, hicieron teatro de revista y participaron de programas de televisión. Una “mentirita” marketinera e inofensiva que las ayudó a saltar a la fama.
Años más tarde se supo que no había lazo sanguíneo entre ellas y de a poco se alejaron de los medios. Pamela Pombo, se dedicó al fisicoculturismo y en los últimos días fue noticia luego de que se conociera su separación del ex Los Pumas Patricio Albacere. Johanna Villafañe, tal es su verdadero nombre, trabajó un tiempo en los Estados Unidos pero hace un tiempo regresó a nuestro país. Y en diálogo con LA NACION se refiere a su presente: mamá de Dante de cinco años ante todo y martillera pública, habla también de la posibilidad de regresar al medio y asegura que no reniega de la explosión mediática que protagonizó 15 años atrás, y cuenta cómo es criar sola a un hijo diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA).

—Estás completamente alejada de los medios, ¿trabajás en una inmobiliaria?
—Sí, estoy trabajando en Nordelta, vivo ahí desde hace un tiempo. Cuando nació mi hijo quería darle un espacio verde, naturaleza, así que vine a Zona Norte y el año pasado me recibí de Martillera Pública y Corredora de Comercio en la Universidad Nacional de San Martín. Eso me puso muy feliz porque era algo personal que necesitaba hacer y tenía pendiente, tener mi matrícula y lo logré. Fue un gran año y estoy enfocada en mi trabajo y en mi hijo.
—¿Cuántos años tiene tu hijo?
—Dante tiene cinco, es un bombón, un niño muy inteligente, dulce, amoroso, gran compañero y resiliente, nació en pandemia. Este año empieza sala de cinco y disfruto el día a día porque crecen rapidísimo. Deseaba muchísimo ser madre y se cumplió, lo estoy haciendo sola, no estoy con el papá, pero Dante me hace todo fácil. No es la familia típica, ahora hay mujeres, mamás solas sin miedo a criar.
—¿Tu hijo tiene un padre presente?
—No está presente, así lo decidió y lo dejé, porque si no tiene amor prefiero que siga su camino y en algún momento podrá revincularse.
—Hoy se te escucha bien, pero esta decisión en su momento te habrá costado...
—Mucho. Yo quería ser mamá, lo amaba con toda mi alma pero no se dieron las cosas, teníamos diferentes prioridades y la mía era criar, así que decidimos soltar sin daño. No guardo rencor, le agradezco que me dio un hijo maravilloso.

—¿Tenés alguna red o ayuda?
—Tengo a mi madre que es el pilar de nuestras vidas, que me ayuda en el día a día. Somos dos mujeres, mamá y abuela, criando a un niño maravilloso y estoy agradecida de tenerla… ¡Confío más en ella que en mí!
—Estudiar con un nene chiquito, ¿cómo fue?
—Fue difícil, no lo hice por el diploma sino por sentirme empoderada y tener las herramientas para darle lo que necesita, manejar mi agenda y ser independiente. Siempre fui comerciante, me gusta ayudar, conectar, relacionarme y este trabajo tiene muchas de esas facetas. Me gusta el Derecho, estudié en Mendoza la carrera de abogacía y abandoné para ayudar a mi familia y acá encontré esa pasión de nuevo. Aunque trabajo en una oficina me puedo manejar la agenda.
—Podés estar presente con tu hijo.
—Sí. Dante es autista, tiene diagnóstico de TEA, necesito tiempo para apoyarlo, tiene sus terapias diarias además del cole y está bueno aclarar que se trata de una condición, que son personas hipersensibles, con otra mirada.
—¿Ahora hace terapias?
—Me ofrecieron tratamientos o medicación y preferí ir por tratamientos, hace homeopatía y fonoaudiología entre otras terapias. Hay un punto que es clave y es la dieta cetogénica, necesaria para limpiar sus células y que su intestino funcione mejor. Avanzamos mucho.
—Muchos papás cuentan que les cuesta conseguir vacantes en las escuelas para sus hijos diagnosticados con TEA, por ejemplo. ¿Te ha pasado algo así?
—Sí. En uno de los mejores colegios de Nordelta me dieron la vacante y cuando lo llevé a Dante para la entrevista de admisión me dijeron que no había lugar. El sistema no está preparado y es triste. Cada vez hay más chicos y no están escolarizados. Yo encontré una escuela donde él es super feliz, los compañeros lo aman y tiene su acompañante.
—¿Sentís que afrontar la maternidad sola y luego el diagnóstico son cosas que te pusieron a prueba?
—Totalmente. Al principio sentía dolor que pensaba ‘¿Qué hice mal? Es mi culpa’, pero entendí que no, que es una condición y que son personas increíbles con una mirada distinta ven de otra. Él es mi gran maestro. Hay mucho que recorrer en la sociedad aún y mucho por hablar, pero lo bueno es que sale a la luz, padres que despertamos y nos estamos ayudando; me ayuda a hablar con otras mamás y papás, porque somos padres criando niños distintos.
—¿Qué cosas les gusta hacer juntos?
—Disfruta mucho nadar, es un delfín. Aprendió solo conmigo a su lado, le encantan los juegos de encastre y armado y el arte. Soy una mamá que sale a trabajar pero le doy tiempo de calidad y amor.

—¿Cuánto hace que trabajás en el rubro inmobiliario? Fue bastante progresivo tu alejamiento de los medios.
—Hace cinco años. Cuando Dante nació tenía mi marca de indumentaria y siempre me gustaron las ventas, tenía mi emprendimiento pero necesitaba un negocio más rentable que me permitiera darle a mi hijo lo que se merecía. Mi abuelo fue martillero público, algo había. Mi corazoncito artístico igual siempre está. Lo que pasó fue que tuve un distanciamiento con Pamela, cada una hizo su carrera, yo estuve en Estados Unidos trabajando donde conocí al padre de Dante, quedé embarazada entonces volví y ahí decidí cambiar mi estilo de vida, no estar yendo y viniendo y por eso aposté a esta carrera.
—Todo eso en el 2020, en plena pandemia.
—Sí, fue tremendo.
—¿Te gustaría hacer algo en los medios?
—Me gustaría volver, me gusta el arte, comunicar. En otra parte de mi vida entendía que lo mediático era importante y decidí jugarlo con Pamela, nos fue bien, se abrieron muchas puertas y quedaron muchos vínculos con los que sigo hablando, colegas, compañeros y grandes maestros. Estaría bueno regresar desde un lugar donde pueda combinar lo que soy hoy, los medios con mi faceta empresarial y la maternidad. Ojalá surja, aunque ahora estoy enfocada en mi hijo.
—¿Los clientes te reconocen? ¿No tener el apellido “Pombo” te ayudó en esta nueva etapa?
—Pombo es el apellido real de Pamela, y hay muchos clientes que no me reconocen porque me despegué de esa parte mediática, pero no reniego de eso porque me generó muchas cosas positivas. Tengo los mejores recuerdos de esa etapa, fue algo muy constructivo en mi vida, algo que yo decidí vivir, vine de Mendoza siendo muy chica con sueños y ganas de crecer y lo logré, así que estoy agradecida a todo eso.

—¿Hablás con Pamela?
—Con Pamela no hablé más, no coincidimos en este último tiempo, pero lo mejor. La recuerdo con mucho cariño porque fue una gran compañera y socia y supimos jugar el juego mediático hasta que cada una hizo su camino.
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