La diva viajó para visitar las Termas de Río Hondo
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La última vez que visitó Santiago del Estero fue para participar de un desfile como modelo, hace treinta años. Por eso, cuando el fin de semana pasado Susana Giménez aterrizó en la provincia, su presencia causó furor. El viernes 5 por la tarde fue recibida en el nuevo aeropuerto internacional de Termas de Río Hondo por el gobernador de la provincia, Gerardo Zamora, y su mujer, Claudia Ledesma Abdala. El motivo de su visita fue inaugurar dos importantes obras en la ciudad: el Museo el Automóvil y el hotel Amerian Carlos V. "Es la primera vez que vengo a Termas. Estoy contenta y espero probarlas esta noche", dijo al bajar del avión privado.

Siempre atractiva y con un batido estilo años 70, fue directo al autódromo para la inauguración del flamante museo. Mientras recorría y observaba los autos y las motos clásicas expuestas (Susana es muy fierrera y le encanta manejar), se encontró con una gran sorpresa: la coupé Mercedes-Benz C250 de 1969 que compró Carlos Monzón mientras estuvo con ella. "¡No puedo creerlo!", exclamó al ver el auto. "Fue el primero que tuvimos, Carlos lo compró usado en el año ’77. Y después me acuerdo que lo cambió por un Torino", contó. Muy entusiasmada, se sentó al volante del auto y confesó entre risas: "La verdad es que verlo acá, en un museo, me hace revivir muchos momentos".

Terminado el pequeño tour "fierrero", Susana fue hasta el centro de la ciudad de Termas de Río Hondo para hospedarse en el Amerian Carlos V. Y fue tiempo del segundo look: un vestido de Roberto Cavalli. Enfundada en un animal print de uno de sus diseñadores preferidos, cortó la cinta del 5 estrellas con casino en el lobby.

Durante el openning fue constantemente homenajeada. Gustavo Ick, presidente del directorio del Amerian Carlos V, le obsequió la llave de la suite presidencial y una obra del artista santiagueño Ricardo Touriño. "Mirá que tengo cosas, pero nunca me habían dado la llave de un hotel. ¡Qué bueno! Ahora puedo venir cuando quiera", agradeció. Y, al recibir el cuadro, dijo: "Me viene bárbaro, me estoy haciendo un rancho en el campo y pienso colgarla allí". Al día siguiente, con pantalón de cuero y una faja de telar (otro de los souvenirs que le dieron), dejó el hotel antes del mediodía. Como una ráfaga, con su habitual frescura y una sonrisa dibujada en el rostro, se despidió con la frase: "Pasé unas horas inolvidables".
Texto: Julia Talevi
Fotos: Tadeo Jones
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