1 minuto de lectura'
Salta es el lugar del mundo en el que me siento protegido'', dice Benito Fernández (50) mientras anda a caballo por El Secreto de la Violeta, la finca que compró en Campo Quijano, a 40 kilómetros de la ciudad de Salta. En el mismo lugar donde décadas atrás las familias más tradicionales del Norte construían sus casas de fin de semana, el diseñador edificó una cabaña de madera y piedra, materiales nobles y típicos del paisaje local.
Muy cerca de donde se filmó La ciénaga, la película argentina dirigida por Lucrecia Martel, Benito Fernández guarda el bien más preciado: su refugio privado, decorado por él con muebles en colores chillantes y objetos traídos de todo el mundo. El hombre que festeja veinticinco años en la moda, invita en exclusiva a ¡Hola! a su paraíso mágico.
-¿Cuándo te enamoraste de Salta?
-Hace tres años comencé a tener una relación muy especial con esta provincia, y con todo el Norte. Siempre fue un lugar que me gustó mucho y que me trae muy lindos recuerdos. Cuando era chico, vine muchas veces con mis padres a Salta porque aquí tenían amigos. Después, por mi profesión, regresé para hacer desfiles. De hecho, una de mis colecciones se llama ''Rock en Salta'', y la campaña grafica se hizo en Tolar Grande, un lugar tan lindo como inaccesible. Pero, una vez que estás ahí, te das cuenta de que es un verdadero paraíso.
-¿Cómo descubriste Campo Quijano?
-El lugar de la cabaña lo vio Miguel, mi gran compañero de vida, desde el cielo (porque vuela en parapente). Compró el terreno y me convenció para que hiciéramos una casa juntos. El proyecto fue fluyendo y las cosas se dieron muy fácilmente. Los dos nos entusiasmamos y con el tiempo fuimos definiendo los espacios. Logramos una casa súper acogedora, un lugar en el que me siento muy protegido. Este año cumplo veinticinco años trabajando en la moda y creo que en Salta pude encontrar un lugar donde desconectarme, no estar enchufado con Twitter ni con Facebook.
Aquí no te queda otra porque no hay señal y eso me encanta.
-Supongo que éste debe ser uno de tus mejores diseños...
-La idea principal de esta casa fue preservar el entorno. Entre Miguel y yo la diseñamos teniendo en mente el respeto por la naturaleza. Aunque es muy colorida y moderna, tratamos de utilizar sólo materiales de la zona. Por eso, una mitad es de piedra y la otra, de madera. Si no tuviera la puerta violeta, se perdería en el paisaje...
-¿Por qué pintaste la puerta principal de violeta?
-Porque es mi color favorito y el que mejor energía me transmite. El violeta representa mi personalidad. Además, ha sido por años el sello de mi marca. La puerta se la encargué a un grupo de Jujuy, que tiene una tienda divina que se llama Usos, y es tan importante en la casa que le dio el nombre a la finca: El Secreto de la Violeta.
-¿Se guarda algún secreto detrás de esa puerta?
-[Risas.] No, para nada. ''El secreto'' viene por el libro que Miguel estaba leyendo cuando empezamos a construir la casa. Lo de ''violeta'' es simplemente por la puerta, que es lo que le da modernidad y color a este paraíso.
-¿Cómo definirías la personalidad de esta casa?
-Creo que el estilo es muy alegre y colorido. Siempre mis casas son lugares en los que me gusta estar. Intento sentirme cómodo tanto en lo visual como en lo funcional. Lo que intento lograr con esta casa es mantener la rusticidad y, al mismo tiempo, darle una impronta de modernidad, que es lo que me gusta ver y sentir. El color para mí es lo que constantemente me transmite energía.
-Es como una suerte de pequeño zoológico privado...
-¡Me encantan los animales! Pero tengo que confesar que Miguel es el bichero. Nos gusta adoptar animales, somos como una gran veterinaria. Tenemos ya nueve perros y disfrutamos cuidándolos y dándoles de comer. Hay además abejas, ovejas, cabras, caballos, gatos, flamencos, gansos… Miguel [Ruhl es su apellido] nació en Crespo, una colonia de alemanes en Entre Ríos, y está muy familiarizado con la vida de campo. Creció en una comunidad campestre y a los 18 se fue a vivir a Salta.
-¿Cuánto tiempo tardaron en construir esta casa?
-Fueron ocho meses de obra y hace más de un año que la terminamos. Por mi trabajo, tengo que estar en Buenos Aires durante la semana, pero Miguel vive aquí la mayor parte del tiempo. Por lo general, vengo los weekends, ya que disfruto muchísimo de Salta. Aquí me siento completamente pleno. Amo levantarme tarde, desayunar en la cama, ducharme y volver a acostarme. Además, me encanta buscar cosas para decorar, al punto que prefiero comprarme un tapiz antes que ropa. [Risas.]
-¿Cuál es tu objeto o mueble preferido?
-Mis fetiches siempre fueron los cuadros. Los busco todo el tiempo. Aunque también me encanta traer cosas de cualquier lugar al que voy. Tengo objetos de todas partes del mundo. Pero creo que lo maravilloso de este refugio es la naturaleza donde está: los cerros, el río... Es una casa mágica, acogedora y con una energía única. La madera y los techos de chapa verde le dan un aura muy especial. Es muy luminosa, porque cuando la diseñamos le pusimos la mayor cantidad posible de ventanales y paños fijos. En la planta de abajo unificamos el living, el comedor y la cocina. No me gustan las separaciones ni las puertas porque siempre quiero tener todo a la vista. Por mi estatura, me gustan los muebles altos; fuimos juntando varios de estilo campestre. Los cuartos están decorados con muchas texturas y colores, y lo más divertido es que muchos de los muebles los hicimos y los pintamos nosotros. El abuelo de Miguel era carpintero y él conoce muy bien el oficio.
-¿Cómo definieron el estilo de la decoración?
-A mí me encanta comprar cosas cuando viajo, objetos que tengan que ver con un determinado lugar. Por ejemplo, el cuadro que tengo encima de la cama lo compré en una feria artesanal en Río de Janeiro. Y el aplique del techo lo traje de México: está todo bordado en hilo. Todo el tiempo voy mezclando los géneros y los colores de las cosas que compro en los sitios que visito. Sin colores, me siento desnudo, tiene que ver con mi identidad latina. Trato de que mi impronta esté en cada uno de mis diseños, hasta cuando me toca vestir a Máxima de Holanda. Me enorgullece ser argentino y eso es lo que me ha ayudado a diferenciarme y a tener el lugar que hoy ocupo en la moda.
-¿Cómo es vestir a una princesa?
-Vestir a alguien como Máxima es un placer. Porque ella es muy libre y se anima a todo. Recuerdo cuando le hice un vestido rojo furioso muy impactante en shantung y organza de seda natural para un cumpleaños de su marido, el príncipe Guillermo Alejandro. Hoy ese vestido forma parte de una exposición que conmemora sus primeros diez años como princesa de los Países Bajos. Para el casamiento del príncipe Nicolás de Grecia, con Tatiana Blatnik, le hice un modelo estampado que no es común ver en una boda real. Lo que más me gusta es que ella siempre sabe muy bien lo que quiere como mujer. A la hora de elegir, no transgrede, pero le gusta estar a la vanguardia.
-¿Máxima ha sido una figura importante en tu carrera?
-Totalmente. Yo tengo un antes y un después de la boda de Máxima. Comencé vistiendo a su cuñada, Mariana Andrés, la mujer de Martín, que fue la madrina. Fue muy fuerte para mí haber visto mi creación junto a la reina Beatriz en la tapa de todos los diarios del mundo. Y no sólo eso, Mariana fue considerada la cuarta mujer más elegante del casamiento, después de Carolina de Mónaco, por ejemplo, que eligió un Chanel. Además, vestí a sus cinco mejores amigas, lo que me dio una satisfacción enorme.
-¿Cuál considerás que es tu bandera de estilo?
-Siempre respeto las bases de la sastrería, pero intento ser versátil y probar de todo. Me gustan los desafíos. Con decirte que he llegado a diseñar remeras para un supermercado y ahora estoy haciendo correas para una línea de cámaras Nikon... Hace un año y medio empecé con el prêt-à-porter y estoy convencido de que la alta costura digitó la moda hasta los años 80. Después, estuvo más definida por la moda posible, la de la calle. Por eso el auge de los cool hunters, que están todo el día en busca de buenos outfits. Me encanta estar cerca de la calle porque por ahí pasa la moda hoy. No quiero desmerecer la alta costura, pero hoy la moda está afuera y no en los ateliers de los grandes diseñadores. Si no comprendemos que la moda también se ha democratizado, creo que no entendimos nada.
Texto: Rodolfo Vera Calderón
Fotos: Paul Roger
1El reality millonario de MrBeast: las polémicas, los millones de dólares en premios y los 44 récords Guinness que rompió
2Griselda Siciliani sorprendió a todos al hablar de la infidelidad de Luciano Castro
3Ricardo Darín: del “sube y baja emocional” y su futuro como abuelo a por qué Florencia Bas le sacó “tarjeta roja”
4“Desconsolado”: la primera aparición pública de Tommy Lee Jones tras la trágica muerte de su hija




