
Abuso
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El escándalo que rodea a Julio Iglesias suma un nuevo capítulo tras la difusión de una serie de audios con los testimonios de las dos exempleadas que denunciaron al cantante, a quien acusan de agresión sexual y maltrato laboral. En este material, las mujeres exponen las situaciones que afirman haber padecido mientras trabajaban para el artista en sus residencias del Caribe.
En sus relatos, difundidos por medios españoles y replicados en programas de televisión locales como A la Barbarossa (Telefe), las denunciantes describen un clima de sometimiento, miedo y abuso que, aseguran, se extendió durante meses mientras cumplían tareas laborales en distintas propiedades del músico.
Según informó la Fiscalía española a The Associated Press, los hechos a los que se refieren habrían ocurrido entre enero y octubre de 2021. La investigación periodística que sacó a la luz el caso fue realizada de manera conjunta por el diario español elDiario.es y la cadena Univision Noticias. A partir de ese trabajo, se conocieron los testimonios de las dos mujeres, que utilizan nombres ficticios para preservar su identidad. “Me insultó y yo me iba llorando; él te minimiza, te hace sentir pequeña cuando habla”, explica una de ellas.

Una extrabajadora identificada como “Rebeca” cuenta que fue contratada bajo unas condiciones distintas a las que finalmente se dieron. “Iba a trabajar con el hombre más importante de la República Dominicana”, le habrían dicho cuando le ofrecieron el empleo.
Con el correr de los días, la situación se volvió cada vez más hostil. La mujer describe episodios de acoso reiterados que habrían comenzado durante jornadas en la playa. “Me dijo: ‘quítate la toalla’, y yo me la quito con mucha vergüenza”, apunta primero en su testimonio.
La mujer agrega que, tras ello, recibió por parte del legendario artista pedidos de carácter sexual. “Me dijo que me quitara el pantalón corto y, cuando me lo quito, me dice que me diera una ‘vuelta’, e hizo un comentario como de que yo tenía muy buenos glúteos”, detalla. “En su habitación me dijo después que me vistiera de hawaiana, y ahí me da tres o cuatro tragos de tequila. Y yo decía que no”.

El segundo testimonio corresponde a “Laura”, quien trabajaba como fisioterapeuta del cantante. En su caso, se refiere a un supuesto abuso físico que habría ocurrido en el área de la piscina de una de las residencias del artista.
La denunciante apunta que el hecho comenzó con preguntas sobre su cuerpo que la incomodaron y que concluyeron en una agresión. “Julio me pregunta si mis senos eran operados y yo le respondo con tranquilidad que sí, entonces él me pide que me levante de la silla y que se los muestre. Luego vamos a la piscina y luego otra vez el comentario de que en España las mujeres se bañan con los senos al aire libre. Él me dice: ‘quítate el brasier, no pasa nada’, y yo como que accedo a quitarme el brasier y me quedo a una distancia prudente. Me agarra los pezones, me los aprieta durísimo y yo le digo: ‘me duele’”, narró. Lejos de detenerse, según sus palabras, Julio Iglesias continúa. “Me dice: ‘es que tienes los pezones grandes’, y sigue como si nada”, relata la mujer con la voz entrecortada.
La denunciante también menciona un momento de violencia que, según explica, la dejó paralizada. “Una vez me agarró durísimo por la cabeza y me metió la lengua y tú no te puedes defender. Yo me sentía como una esclava”, expresa. “Entonces tú dices: ‘eso no es normal, no está bien, ¿pero qué hago?’”, compartió en relación al miedo que sintió.
Ambas mujeres coincidieron en que dar a conocer sus historias podría ayudar a otras posibles víctimas a exponer situaciones similares. “Todas las mujeres que entran a trabajar en la casa de Julio Iglesias son víctimas. Yo creo que el impacto de que nosotras acudamos a la Justicia es enviar ese mensaje a todas las víctimas de esta persona a que hablen, que crean en la Justicia y que entiendan que no fue algo que les pasó a ellas y nada más”, destaca una de ellas.
“Lo hago principalmente por mí, pero también lo hago por ellas, por apoyo, porque no es justo lo que yo viví ni lo que vivió ninguna de mis compañeras en esa casa, porque nosotras entramos a esa casa a trabajar dignamente y no merecíamos todo el maltrato físico, psicológico y sexual”, concluye.




