Manuela Bravo: el actor que la “descubrió” en un camarín, las parejas de famosos que unió y su coqueteo con un miembro del clan Kennedy
Iba a estudiar medicina pero un encuentro casual cambió su rumbo; grabó decenas de discos, compartió escenarios con grandes figuras y forjó amistades con muchas de ellas
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Manuela Bravo cumplió 50 años cantando profesionalmente y todavía sigue editando canciones. Quería estudiar medicina, pero una frase de Gino Renni en un teatro de Mar del Plata, le cambió la vida. Al año grabó su primer disco para la CBS que vendió 190.000 copias, y fue la primera en interpretar un tema del Paz Martínez. También condujo programas de televisión y filmó varias películas. De todo eso habla con LA NACION, y también de su don de “celestina” porque unió a varias parejas, entre ellas la de Lucía Galán y Pablo Alarcón, la de Beto César y su esposa Alicia, y Andrea Del Boca y Ricardo Biasotti.
Después de muchos años de giras y decenas de discos editados, hoy se toma todo con más calma: “La realidad es que hago algunas cosas puntuales que me gustan y me dan placer. Elijo lo que quiero hacer. Empecé muy chica y, por suerte, me fue muy bien y nunca paré. Fueron años de trabajar, trabajar y trabajar, y de muchas giras. Es bastante agotador viajar, ir, venir. Admiro a los que viven en un avión, pero no es lo que más me gusta”, cuenta Manuela.
!["Grabé mi primer disco, vendí 190.000 copias y nunca más paré. Siempre le decía al Tano [Renni] que yo cantaba por él"](https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/grabe-mi-primer-disco-vendi-190000-copias-y-nunca-MK3EJKHZ6NCDXHMHEA2E2QOKQA.jpg?auth=a3312b3f8ed012a26d96e42bc7d20200474d2259b859c3105617e084a290d606&width=420&height=630&quality=70&smart=true)
-Fuiste la primera que grabó una canción del Paz Martínez cuando todavía no era famoso…
-Claro. Él era del Trío San Javier y yo ya vendía muchos discos. Entonces, un día me trajo un cassette y me dijo que quería darme unos temas para que grabara alguno. Elegí ‘Tu tonta compañera’, y a partir de ahí en todos mis discos siempre hay temas del Paz Martínez.
-Empezaste a cantar de muy chica, ¿cómo se dio?
-De chiquita cantaba en casa, en los actos de la escuela, con mis amigos. Nunca me formé, tenía una impostación natural y soy sumamente afinada… Pero con el tiempo sí hice vocalización porque trabajaba demasiado y tenía que cuidar las cuerdas vocales. Cuando terminé la escuela entré a trabajar al hipódromo de La Plata como ‘brazal’, que es la persona que ayudaba a apostar a los caballos a la gente adinerada. En el VIP trabajábamos cuatro chicas y un señor que se llamaba ‘Lopecito’. La gente le decía a una de las chicas “quiero jugar a tal caballo”. Y vos jugabas por ellos. Ganaba mucha plata en ese momento. Mi primer Fiat 600 me lo compré con un vale de un caballo que se llamaba Poncho Negro. Era usado y al tiempo se me fundió (risas).
-¿Y cómo llegaste a convertirte en cantante?
-Una temporada fui a Mar del Plata unos días, y fuimos a ver una obra de Juan José Camero. Cuando terminó, bajamos al camarín a saludarlo gracias al hijo del empresario para el que yo trabajaba, porque lo conocía. Y mientras esperaba empecé a cantar una canción de Aretha Franklin. En ese momento entró Gino Renni y me dijo “vos tenés que ser cantante” (risas). Justo ese día estaban en el teatro el director artístico y el productor de CBS Colombia y me los presentó.

-¿Cantás gracias al Tano Renni?
-Algo así (risas). Me dieron una tarjeta y me volví a La Plata, donde nací y vivía. Y a los nueve meses llamé, el tipo se acordaba y fui a verlo. Más que nada para probarme y saber si realmente cantaba bien. Al tiempo grabé mi primer disco, vendí 190.000 copias y nunca más paré. Siempre le decía al Tano que yo cantaba por él (risas).
-¿Nunca se te había ocurrido cantar profesionalmente?
-No. Yo quería estudiar medicina. Dicen que la profesión te elige a vos, y este fue el caso. A partir de ahí se dieron otras oportunidades y filmé varias películas. Hice con Ricardo Darín La canción de Buenos Aires. Siempre la dan por el canal Volver. Tengo lindos recuerdos. Ricardo es un ser muy especial, una persona con gran talento que nunca cambió; todavía hoy me abraza como si nos viéramos todos los días. Es muy cálido. No estudié canto pero sí teatro, con Lito Cruz y Augusto Fernándes. Igual, no me considero una actriz sino una cantante que puede actuar.
-¿Con Sandro también filmaste?
-No, pero éramos amigos. Con él trabajé en carnavales en todo el interior del país. Era adorable también. Muy amigo de sus amigos. Hace unos años conduje en Canal 7 un programa que se llamó Treinta y pico, con el que llegamos a hacer 11 puntos de rating. Había música en vivo y por ahí pasaron todos los músicos menos Sandro que no vino, pero un día, en vivo, llamó por teléfono para hablar conmigo. Me acuerdo que la productora vino corriendo a decirme que Sandro estaba llamando y salió al aire, charlamos un ratito y me felicitó. Tengo grabada esa conversación gracias a un señor que un día me la alcanzó a un teatro en el que yo estaba trabajando….
-La humildad de los grandes...
-Soy una privilegiada porque compartí con grandes artistas. En Mar del Plata inauguramos el Teatro Tronador con Estela Raval, Mariano Mores, Mario Sánchez y Juan Carlos Mareco. Y Estela me cuidaba mucho; yo era chica y me gustaba salir de noche y Estela me decía que me cuidara porque al día siguiente tenía que cantar (risas)… Con quien me divertí mucho fue con Facundo Cabral, también en una temporada en Mar del Plata. Facundo me hacía bromas en el escenario, cambiando la letra de una canción… No tengo recuerdos feos de la gente con la que trabajé. Es al revés. Si los tengo, los borro porque soy de quedarme con las cosas buenas de la gente. Entonces cuando pasa algo feo, por ahí no me acuerdo. Me olvido. Y no tengo un juicio de músicos después de 50 años. Otra cosa hermosa que hice fue La farolera en el Teatro San Martín, con canciones de María Elena Walsh, dirigida por Virginia Lago. Y recuerdo especialmente una oportunidad en la que canté en un homenaje a Alfredo Alcón. Cuando le entregaron el premio yo salí cantando “Honrar la vida” y se emocionó hasta las lágrimas. Estaba tan agradecido. Y también tuve el privilegio de hacer una temporada con Osvaldo Pugliese y Oscar Alemán en Mar del Plata.

-¿Y qué otros músicos con los que trabajaste dejaron huella?
-Muchos. Recuerdo a Sergio Denis. Siempre me hacía caras en el escenario y me decía: “Un día te voy a agarrar esa trompa”. Era un juego de seducción que nos divertía. En una de las oportunidades durante un reportaje en vivo, le agarré la cola y se puso colorado porque era muy tímido. Todo era un juego lindo, por supuesto. Trabajé con gente muy linda siempre, porque me gustaba armar buenas bandas, con buenos músicos que se lucieran. Porque si ellos se lucen, vos también te lucís. He tenido mucha suerte, y creo que el mayor patrimonio de una artista es que la gente la quiera.
-Cambiando de tema, ¿es verdad que tenés el don de celestina y uniste a muchas parejas?
-Es verdad, porque pienso mucho antes de presentarlos. Me fijo mucho en que sean buena gente y tengan valores parecidos. Presenté a Beto César y su mujer Alicia, que llevan más de 35 años juntos. Con Beto trabajábamos en un programa de Sofovich y un día Alicia vino a verme. Después fuimos a comer varias veces y terminaron juntos. También presenté a Lucía Galán y Pablo Alarcón, que estuvieron 15 años juntos. Soy la tía Manuela porque no es que paso los teléfonos, sino que voy a comer con ellos y les hago “gancho” (risas). Me acuerdo que el día que salí con ellos, a los cinco minutos dejaron de prestarme atención y se engancharon. Fue un flechazo, igual que el de Beto y Alicia. Ahora estoy queriendo encontrar novio para Lucía, y también para Susana Roccasalvo que también es muy amiga… Y tengo varios pedidos, pero el mercado está difícil (risas).
-También presentaste a Andrea Del Boca y Ricardo Biasotti, y no salió tan bien…
-Salió perfecto porque Andrea quería tener un hijo. Así que salió redondo. Nunca hablé del tema con ella porque después de que quedó embarazada se fue a Miami y nunca más hablamos. Éramos muy amigas con Andrea y Lucía (Galán) y la pasábamos muy bien. De Ricardo sigo siendo amiga. Pero no quiero hablar del tema porque hace 25 años que pasó esto y yo nunca hablé. Y Andrea nunca habló de mí tampoco, ni mal ni bien, no sé si por ningunearme o por cuidarme. Lo único que puedo decir es que realmente ellos se conocieron por mí, en mi cumpleaños, el 12 de enero. Pensé que podían funcionar porque los dos eran solteros, él financista, de buena familia, vivió mucho en los Estados Unidos. Y Andrea era una chica divina, más o menos la edad tenía que ver. Y dije: “Bueno, vamos a armar una salida”. Y fuimos el 29 de enero a comer ñoquis a un lugar en Palermo. Al poco tiempo yo me enteré que estaba embarazada, porque ella me lo contó. Después se fue a vivir a Miami, por un tiempo. Y nunca más la vi. También puedo contar que Lucía y Biasotti nunca salieron ni a tomar un café. No es verdad eso, ella estaba recién separada de (Alberto) Hazán.
-¿Tenés pareja?
-No. No estoy sola, soy sola porque no formé una familia; son dos cosas muy diferentes. Pero sí formé una gran familia de amigos. Los Pimpinela son mi familia real; Lucía Galán es mi hermana… Soy novia fugitiva porque estuve por casarme con fecha y todo, y no quise. Sinceramente, no me arrepiento. Y tuve algo con un Kennedy.
-¿Tuviste un affaire con un Kennedy?
-No pasó nada, en realidad…. Era Joseph Kennedy, el hijo de Robert Kennedy. Yo estaba trabajando en Venezuela y tomaba mucho sol. En la piscina, un chico se acercó a hablarme y me preguntó qué usaba para estar tan bronceada. Le dije la marca, la usó y a la noche lo vi coloradísimo, porque era muy blanco… Quedamos en tomar algo a la noche, después de un recital. No sabía quién era y cuando volví y me acerqué a la barra para preguntar por un muchacho así y asá, y me dicen “¿Joseph Kennedy?”. Yo ni idea. Pero era igual a los Kennedy. Ese día charlamos hasta tarde. Después me escribió y me invitó a Boston, pero yo estaba de novia.

-Hace muchos años tuviste un accidente y estuviste muchos años sin caminar, ¿qué recuerdos tenés de ese momento?
-Fue en el ’84 en uno de los mejores momentos de mi carrera. Estaba en Punta del Este, había ido a pasar Año Nuevo con amigos y un auto dio la vuelta en U y me atropelló. Estuve un año sin caminar, con varias operaciones, me pusieron clavos en la pierna izquierda y mucha rehabilitación. Y mientras eso sucedía ayudé a uno de mis músicos, Dani Castro uno de los mejores bajistas del país, cuyo sueño era tocar con David Lebón. Lo llamé a Lebón y tocó con él durante veinte años; hoy es el bajista de Abel Pintos.
-Sos una gran cumplidora de sueños…
-(Risas) Creo que siempre se puede ayudar a cumplir sueños. Me encantaría hacer un programa como Sorpresa y ½ (que condujo Julián Weich en los ’90 durante seis temporadas). Tengo otra anécdota linda. Una vez estábamos de gira, se rompió el micro en el medio de la ruta, y me tomé uno de los micros de línea que pasaba. Me quedé charlando con los choferes y uno de ellos me contó que su sueño era conocer a Víctor Heredia y darle un abrazo. Al tiempo recibí una invitación porque Heredia hacía un recital en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Lo llamé al chofer que fue con la mujer y conoció a Víctor y pudo abrazarlo. Yo los esperé en la puerta… Me emocionan esas cosas.
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