Es uno de los decoradores más reconocidos de Argentina; la reina Máxima de Holanda y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner figuran entre quienes lo eligen
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Muchos pensaron que se convertiría en médico –estudió Medicina hasta cuarto año– y que seguiría los pasos de su padre, un reconocido traumatólogo. Pero no, Martín Roig supo desde chico que el arte estaría siempre presente en su vida. Todas las tardes, cuando salía del Colegio Champagnat, estudiaba piano con maestros de la talla de Pía Sebastiani, Antonio de Raco y Fedora Aberastury y con solo 17 años comenzó a dar clases y ofreció sus primeros conciertos como un pianista prodigio. Pero en 1997 llegó el pedido de una amiga para que ambientara su casamiento y, en ese momento, su vida cambió para siempre: se dio cuenta de que su verdadera vocación estaba en la ambientación y la decoración.
Desde entonces, se convirtió en una marca registrada, a tal punto que entre sus clientes figuran la reina Máxima de Holanda, Susana Giménez, Marcelo Tinelli y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien lo eligió para que se ocupara de la "Gala del Bicentenario" en el Salón Blanco de la Casa Rosada, el 25 de mayo de 2010, y desde entonces se encarga de ambientar y organizar todas las galas de Estado y los eventos más importantes que preside la mandataria. "Cada celebración es única para mí y de cada una aprendo algo nuevo siempre", confiesa desde su casa, donde recibió en exclusiva a ¡Hola! para hablar de su vida y su pasión por lo que hace.
SUS PRIMEROS PASOS
–¿Cómo te iniciaste en el mundo de la ambientación?
–Creo que no tengo una fecha concreta para marcar formalmente mis inicios como ambientador, ya que desde niño me encantaba pensar escenarios e imaginar fiestas majestuosas. Mi primera experiencia llegó en 1997, cuando una gran amiga, que en ese momento trabajaba en la revista Para Ti, me llamó para pedirme que me ocupara de la organización de su boda: convocar a los músicos, armar la ceremonia, decorar el salón... Fue una fiesta enorme, todo un desafío para mí. Pero desde ese día me di cuenta de que el sentido común y la templanza son fundamentales para que todo salga siempre bien.
–¿Cuál fue tu secreto para el éxito?
–Creo que lo más importante fue mi capacidad para poder visualizar cualquier evento. Ser capaz de imaginar una ambientación completamente única y que refleje la personalidad del anfitrión. Con los años, sin embargo, fui aprendiendo que mi trabajo se asemeja mucho al proceso de armado de la escenografía de un espectáculo. Pero lo más importante siempre es tener un ojo muy afilado para poder cubrir muchos frentes a la vez. Por supuesto que también tuve la suerte de trabajar con personas con experiencia de las que aprendí mucho.
–¿Qué es lo que jamás debe faltar en una fiesta?
–Sin duda, la clave del éxito está en la "actitud" de festejo de los anfitriones y de los invitados. Después, obviamente, viene una larga lista de temas, pero lo principal es no dejar nada librado al azar. Cuidar todos y cada uno de los detalles y, sobre todo, hacer sentir cómodo a todo el mundo, que la gente pueda disfrutar de una experiencia diferente.
–¿En qué te inspirás cuando tenés que ambientar un lugar?
–Definitivamente, en la personalidad del anfitrión. Desde nuestro primer encuentro, me encanta escucharlo y saber qué es lo que soñó e imaginó para su fiesta: las personas no se comunican solo con palabras, sino con sus movimientos y sus emociones. Después, con el paso de los días hago una devolución y empiezo a hilvanar todo lo que sentí e intuí. Lo único que siempre pido desde el principio es que depositen en mí toda la confianza.

–¿Cómo celebrás la Navidad?
–En familia y con amigos invitados, porque en mi casa siempre fueron todos bienvenidos. Desde chico esperaba con mucha ilusión armar el árbol y preparar el pesebre, ayudar a mi madre a darle el toque navideño a toda la casa en general. Creo que esas fueron mis primeras ambientaciones. [Risas]. Después, en lo de mis abuelos maternos, una casona en Belgrano, aprendí a poner la mesa de la mano de mi abuela, que tenía un gusto exquisito y me enseñó muchas de las cosas que hoy sé sobre ambientación.
–¿Qué es lo que más te gusta que te regalen? ¿Y qué te gusta regalar?
–Lo que más valoro es el tiempo del otro, porque un encuentro con alguien a quien querés es el mejor regalo. Me encanta que me obsequien libros y discos de cualquier género. Siempre trato de buscar algo que tenga que ver con la personalidad de quien va a recibir el regalo, generalmente es un libro o una caja de bombones del mejor chocolate.
–¿Cuál es el recuerdo más lindo que tenés de las fiestas?
–Bajar al sótano de la casa de mi abuelo para buscar las cajas con el pesebre y todos los adornos. Ese ritual maravilloso continuaba con un armado que incluía lagos hechos con espejos y montañas de papel crêpe con infinidad de animalitos y un frondoso árbol de 3 metros de alto. Era una fecha fantástica, en la que hasta una prima de mi abuela ¡se disfrazaba de Papá Noel!
–¿La Navidad es un momento para desconectarte del mundo?
–No estoy seguro, ya que soy una persona a la que le cuesta desconectarse por la llegada de una fecha en especial. Aunque debo admitir que cuando empiezan a aparecer las vidrieras decoradas, me doy cuenta de que la Navidad me sigue alegrando el espíritu como cuando era un chico.
Texto y producción: Rodolfo Vera Calderón
Fotos: Daniel Karp
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