Deslumbrados por los paisajes, compraron la propiedad “a puerta cerrada” en 2010 al empresario Federico Alvarez Castillo
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Son las once de la mañana. Un helicóptero sobrevuela San Miguel del Monte rumbo a La Celeste, el campo que Matías (39) y Victoria Garfunkel (31) le compraron a Federico Alvarez Castillo y a Paula Cahen d’Anvers en 2010, y en el que pasarán el fin de semana. "Nos encanta estar acá, donde nos casamos. Tenemos muy lindos recuerdos de este lugar", cuenta Victoria en cuanto entra al living del casco con su hija Indiana en brazos.
"Disfruto mucho venir con mis cuatro hijos [Ariana (14), Juan (12), Solana (8) e Indiana (11 meses), los tres primeros son de su anterior matrimonio] y escapar de los tiempos de la ciudad. De hecho, esa fue una de las razones que me hicieron comprar este campo", agrega Matías, sentado en la terraza de la casona principal mientras fuma un habano.
Los dos están felices y aprovechan cualquier momento para celebrar la noticia de que Victoria está embarazada otra vez (transita su cuarto mes de gestación), además de que en mayo se casarán por Civil después de que ella firmó los papeles de divorcio con el futbolista Cristián "Ogro" Fabbiani. "Ya no hay nada que se interponga entre nosotros", dice Victoria.
En exclusiva, los Garfunkel recibieron a ¡Hola! en La Celeste para hablar de sus dos años de casados, de su familia y de los planes de boda. Dueños de un estilo de vida único, abren las puertas de su mundo privado y comparten la intimidad de su weekend en el campo.
LA CELESTE
–Este campo fue el lugar en el que se casaron en marzo 2012. ¿Qué significa para ustedes?
Matías: Desde que visité este campo por primera vez, me enamoré del lugar. Así fue que le ofrecí a Federico comprárselo a puerta cerrada para tener un lugar cerca de Buenos Aires en el que venir a relajarme con mis hijos. Después, fue el lugar que Victoria y yo elegimos para casarnos por el rito judío y comenzar a formar nuestra familia.
Victoria: Este campo es, sin duda, un lugar muy especial para mí, ya que aquí viví uno de los momentos más importantes de mi vida. Siempre que vengo me vienen a la memoria miles de recuerdos y se me dibuja una sonrisa en la cara.
–Compraron este campo ya decorado, con todo lo que había adentro. ¿Cómo fue el proceso de imprimirle su sello?
Matías: Originalmente el campo tenía cuatro casas, pero cuando lo compré quise ampliarlo y construí un museo para mis autos antiguos y un pequeño cine para ver películas durante el invierno.
Victoria: Por mucho tiempo, durante cada uno de nuestros viajes, compramos diferentes objetos de decoración para irle imprimiendo nuestro toque personal. Porque este no es un campo como muchos otros, aquí conviven objetos de arte y piezas de lugares tan distantes como Marruecos, Sudáfrica, Jordania, Rusia e Israel.
–Victoria, ¿cuál es tu ambiente favorito?
–El museo, sin dudas. Porque es ahí donde atesoramos muchos de los recuerdos de nuestros viajes y también porque está decorado con gigantografías de fotos de mi libro. Es uno de los pocos espacios que armamos Matías y yo en conjunto cuando comenzamos a venir a pasar los fines de semana. Aunque debo admitir que también me encanta la enorme laguna y ver las puestas de sol desde ahí. Me da muchísima paz ver a los pájaros y escuchar el vaivén de los árboles que se mueven con el viento.
–Matías, ¿qué es lo que más te gusta de pasar un fin de semana en el campo?
–Lo que más disfruto es reunir a toda mi familia y pasar tiempo con mis hijos, ya sea jugando videojuegos o recorriendo toda la propiedad en un buggy. Arrancamos el día con un desayuno supercompleto en la terraza, leyendo los diarios, después preparamos un asado con cordero y por la tarde cabalgamos un rato y regresamos para tomar el té de nuevo en familia. A la noche vemos alguna película con pochoclos y panchos. Ningún weekend es igual a otro en La Celeste.
–Victoria, ¿estaban buscando otro hijo?
–Sí, desde que Indiana llegó a nuestras vidas Matías y yo nos dimos cuenta de que queríamos darle un hermanito. Así es que en cuanto cumplió los seis meses empezamos a buscar otro hijo. Porque estamos convencidos de que un hijo es lo mejor que te puede pasar en la vida y que es una de las pocas maneras de dejar un pequeño rastro en este mundo.
–¿Cómo fueron estos primeros meses de embarazo?
–Estoy de cuatro meses y debo confesar que este embarazo es muy distinto al que tuve con Indiana. Me siento más relajada y creo que se debe a que estoy enfocada en la llegada de nuestro segundo bebé y organizando todo para que cuando lo tengamos en casa pueda dedicarme de lleno a él. Afortunadamente no tuve náuseas, pero sí miles de antojos y mucho sueño durante los primeros dos meses.
–¿Tienen pensado algún nombre?
–No, porque no queremos saber el sexo hasta que nazca. Hicimos lo mismo con Indiana y realmente es muy emocionante enterarte en el mismo quirófano. Por supuesto que ya tenemos algunos nombres pensados, pero preferimos mantenerlos en secreto para no generar expectativas.
–Indiana tiene su carácter, ¿creés que se ponga celosa?
–No tengo dudas de que así será. Ella es de Aries y le encanta ser el centro de atención en todo momento. Aunque es muy dulce y chiquita aún, es una beba con mucho carácter.
EL DIVORCIO
–Victoria, acabás de firmar tu divorcio de Fabbiani. ¿Por qué fue un proceso tan largo?
–Creo que cada separación es distinta y tiene sus tiempos. Pero sí, mi divorcio fue un proceso muy largo, ya que en un principio no lográbamos ponernos de acuerdo, además de que la ley no permite el divorcio antes de los tres años. Sin embargo, después de una audiencia conciliatoria, nuestros abogados llegaron a un acuerdo y finalmente pude firmar el acta de divorcio el 21 de febrero, lo que me pone ¡muy feliz!
–¿Quedaron en buenos términos?
–Desde que me separé, no tengo ningún tipo de relación con él. Es un capítulo cerrado en mi vida y no me interesa reabrirlo.
–¿Cómo te propuso casamiento Matías?
–¡Nos casamos por Civil en mayo! Estoy viviendo un momento muy emotivo y jamás me imaginé que Matías me lo propusiera tan rápido y de una forma tan mágica. Fue una noche en la que me invitó a comer a mi lugar preferido en Buenos Aires y al llegar me encontré con el restaurante abierto solo para nosotros dos, con una única mesa en el centro del salón. En cuanto llegamos, pidió una botella de champagne y me preguntó si me quería casar con él. Por supuesto, no lo dudé ni un segundo, porque ¡Matías es el hombre de mi vida!
–¿Te molesta que algunas personas hablen de tu pasado para criticarte?
–Sería muy tonta si viera mi pasado como algo malo. Debo decir que no me molesta en lo más mínimo que hablen de mí. Como todo ser humano, cometí errores, pero creo que aprendí mucho de ellos. Me considero una mujer fuerte que intenta superarse cada día. Tomo las críticas de las personas a las que quiero, pero las otras ni siquiera las escucho porque generalmente vienen de gente que me envidia.
LA PAREJA
–¿Cuáles son los recuerdos más significativos de aquel 31 de marzo de 2012, el día en que se casaron por el rito judío?
Victoria: Viví un momento increíble. ¡Fue el casamiento de mis sueños!
–Victoria, vos te convertiste al judaísmo para poder casarte con Matías. ¿Cómo fue ese proceso?
–El proceso fue muy largo, y tuve que estudiar muchísimo y aprender los aspectos más importantes de la vida judaica. Sin embargo, creo que fue la práctica lo que me enseñó lo que es la vida cotidiana dentro de la colectividad. Por suerte, mi rabino era muy exigente, porque Matías no quería que se pensara que mi conversión era algo que yo me tomaba a la ligera. Y creo que uno de los momentos que más nervios pasé fue el día que di el examen frente a la junta rabínica, que se caracteriza por ser muy incisiva. Pero fue un proceso extraordinario del que aprendí muchísimo. Sin duda, convertirme al judaísmo fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.
–Además, tuviste que elegir un nombre hebraico cuando te bautizaste. ¿Cuál fue y por qué lo elegiste?
–Así es. Mi nombre en hebreo es Miriam y lo elegí porque tiene una connotación religiosa muy fuerte: Miriam fue una de las matriarcas del pueblo judío. Significa ‘la que se elevó’ y su vida es realmente fascinante. Fue debido a su grandeza que los judíos contaron con un manantial de agua durante toda su estadía en el desierto.
–Matías, ¿cómo lograste rehabilitarte después del accidente que sufriste en Bariloche?
–Estoy haciendo un tratamiento que consiste en una serie de inyecciones semanales de células vivas y, al mismo tiempo, tomo varias sesiones de magnetoterapia y láser, que me ayudan a que las vértebras se vayan fusionando y a evitar el dolor. Desde que comencé con el tratamiento mejoré un 30 por ciento y eso cambió significativamente mi calidad de vida.
–Se los ve muy felices, ¿cuál es su fórmula?
Victoria: Muchos piensan que las mujeres solemos ser un tanto complicadas al momento de la convivencia, pero creo que si logramos pensar de manera más abierta y sin tanto prejuicio es más fácil lograr que el hombre sea realmente feliz. Y si el hombre está contento, la familia también lo está. Más allá de la intimidad que tenemos, que es fundamental en toda pareja, también es muy importante divertirse y ver la manera de salir de la rutina. Gracias a Dios puedo decir que Matías y yo somos muy felices porque estamos plenos como personas.
Texto y producción: Rodolfo Vera Calderón
Fotos: Tadeo Jones y María Teresa de Jesús Alvarez
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