La modelo y pareja de Andrés Calamaro se confiesa en una entrevista íntima con ¡Hola!
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Desde que fueron fotografiados juntos por primera vez, en mayo de 2011, durante una corrida de toros en Madrid, nunca más se separaron. Micaela Breque (23) llegó a la vida de Andrés Calamaro (51) como un torbellino. Amable, fresca y de modales impecables, es la misma que a los 19, con la voz dulce con la que hoy narra su historia de amor con uno de los grandes íconos del rock nacional, se plantó delante del director de Playboy Argentina y le dijo, con una sonrisa, que no le interesaba aparecer en la revista si no era en la tapa. Y tres meses después lo logró. Entonces estalló su carrera.
La modelo de Life Chekka nació en Remedios de Escalada y es la mayor de tres hermanos: Melanie (21) y Matías (13). Pasó su infancia entre árboles, al aire libre, y de chica siempre quiso ser azafata: "Mi tía era azafata y a mí siempre me daba ilusión verla, porque tenía un pañuelo de seda hermoso y siempre traía ricos perfumes", cuenta en el piso 38 del edificio en el que vive con su pareja y Tupac, un cachorro pug de dos meses y medio que todavía no salió de la casa.
Micaela estudió Comunicación Periodística en la UCA pero abandonó a los pocos meses, intentó cursar Publicidad pero tampoco le gustó y, para mantenerse, comenzó a trabajar como promotora. En ese momento, llegó la tapa de Playboy y todo fue mas fácil. Poco tiempo después, vio por primera vez a Andrés Calamaro.
–¿Cómo se conocieron?
–Nos cruzamos en Chile. Yo había viajado a hacer una serie de desfiles y él estaba de gira. Lo fui a ver con un grupo de modelos, para divertirnos. De repente él hizo una seña para que subieran chicas a bailar una canción con ritmo de cumbia. Vi que subieron tres y pensé: "Hey, yo también". Y subí. El recital siguió y a nosotras nos bajaron. En ese momento, además de la tapa, ya había hecho series de Playboy, con protagónicos. Y justo coincidía con que él estaba en crisis, se estaba separando. Y aparecí en los medios como la misteriosa chica argentina en el recital de Calamaro.

–¿Llegaron a hablar?
–No. Pasó un verano, me fui de vacaciones y meses después nos dimos cuenta de que teníamos amigos en común.
–¿Cómo volvieron a conectarse?
–Es gracioso, porque Andrés se inventó una cuenta de Facebook trucha. ¿Viste esos perfiles con cero amigos, un nombre que es cualquier cosa y ni una foto? Hizo todo eso para escribirme. Me mandó un mensaje muy romántico. Y ahí empezamos a hablar. A mí me fascinaba lo que me decía, me encanta que un hombre sepa escribir bien. A lo mejor eran cinco palabras pero eran "wow". Me pasaban cosas. Y todavía no lo había visto nunca.
–¿Qué pasó cuando se vieron?
–No nos separamos más. De repente, sin decir nada, estábamos unidos. Yo estaba enfocada en pasar el tiempo juntos, bien, como todas las parejas.
–¿Sentís la diferencia de edad?
–No podría salir con un chico de mi edad, que juega a la Play Station, porque me aburriría. Yo con Andrés hablo mucho. Aprendo. Tiene un universo enorme, y yo absorbo. Está bueno, ahí nos acoplamos perfecto. Alguna que otra vez le hago chistes. "Sos prehistórico", le digo y se enoja.
–¿Cómo es la convivencia?
–Mi tolerancia es clave. La primera etapa es muy importante, porque si no sos paciente, no la pasás. Yo me acostumbré a un montón de cosas. De a poco, aceptando las cosas del otro, te vas acoplando y descubriendo en qué coincidís, lleva tiempo. Siempre hay momentos en los que te rayás, y yo me iba a dar una vuelta manzana y volvía.
–¿Sufriste esos primeros tiempos?
–Sí, al principio me moría de ganas de ir a tomar un helado con él después de comer a dos cuadras de casa. De hacer cosas de gente normal. Y no podía, era todo complicado. Pero hay un momento en que hacés el clic. Y por suerte él lo hizo.

–¿Sentís que cambió la relación desde que se conocieron?
–Mejoró un montón. Ahora se va a dormir antes que yo, se despierta antes que yo y me trae el desayuno a la cama, todos los santos días. Va al súper a comprar sus cositas light. Va al gimnasio tres veces por semana y yo no. Nos encanta cocinar a la noche y a él más que a mí. Tiene ese tipo de cordialidades todo el tiempo. De repente surgió. En realidad, quiero que seamos lo más normales posible. Sé que con Andrés es difícil. Al principio tenía una vida más desordenada, era imposible que él hiciera algo positivo por sí mismo, y ahora está calmo. Era cuestión de que le dejaran de aturdir la cabeza… A lo mejor el entorno no siempre es el más conveniente. Las giras son un poco tóxicas. Y él vivió toda la vida de gira.
–¿Cómo lo manejaron ahora?
–Yo traté, como compañera, de meterle en la cabeza de que para salir de gira y estar bien sobre un escenario para los demás, primero tiene que estar bien consigo mismo. Que si él no estaba bien todo le iba a costar el doble, que iba a dejar los ensayos y las giras a mitad de camino. Dicho y hecho. Ahora no ve la hora de salir de gira.
–¿Tenés relación con ese entorno?
–Yo me llevo bien con sus amigos más cercanos, pero cuando se juntan, me hago a un costado, y que sean felices solos. Las amistades cercanas está bueno que permanezcan intactas, porque son superíntimas.

–¿Tenés algún vínculo con su hija, Charo?
–Yo de eso no hablo, porque nunca tuve hijos y no sé cómo se debe sentir la madre. Sí, claro, la veo y está todo superbien. Pero como no fui madre, eso me sobra para no meterme. Es la relación de él con su hija y tendrán que resolverla entre ellos. Pero creo que si él está mejor va a estar bien con la nena y con los demás, y es todo una gran cadena. A mí me gusta colaborar desde ese lado, aportar al bienestar desde el compañerismo.
–¿Imaginás un futuro con él, tener hijos, formar una familia?
–Ni siquiera me animo a pensarlo. Tengo un cronograma interno. Y me parece que es bueno empezar a pensar en eso a partir de los 28 o 29 años. Pero sí, pienso en ser compañeros siempre. Como todo marcha bien en serio, y no hay que hacer mucha presión, y las cosas avanzan… Adelante está el futuro.•
Texto: Mariana Riveiro
Fotos: María Teresa de Jesús Alvarez
Producción: Georgina Colzani
Maquillaje: Paz Maldonado, para Beauty Faces, con productos BF
Peinado: Vanesa Leites, para Mala Peluquería
Agradecimientos: Kallalith, El Camarín, Paula Cahen d´Anvers y Sofi Martiré
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