La primera dama norteamericana, uno de los pilares de la carrera presidencial de Obama
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Cuando Michelle Obama llegó a la Casa Blanca, se declaró ante todo "madre de Sasha y Maila". De esta manera, no dejaba lugar a dudas de que quería mantener un perfil bajo como primera dama. Sin embargo, la historia tenía otro lugar reservado para ella.
A sus 48, esta abogada nacida en un barrio pobre del Sur de Chicago, puede jactarse de ser una de las mujeres más poderosas del mundo. Desde muy joven, Michelle se propuso cambiar el destino humilde de su familia, impulsada por el gran apoyo de sus padres. Su fuerza de voluntad la llevó a Princeton y Harvard, dos de las más prestigiosas universidades estadounidenses, donde estudió Sociología y Derecho y se involucró en actividades para aumentar la cuota de profesores y estudiantes de color. Su tesis doctoral trató sobre el racismo.
A los 28 se casó con Barack Obama, un joven que tenía grandes sueños y se convirtió en el primer presidente afroamericano de la historia de los Estados Unidos. Si bien en un principio Michelle se manifestó en contra de las aspiraciones políticas de su marido, luego cambió de parecer y decidió convertirse en su más firme báculo. "Me di cuenta de que él era el tipo de hombre, de persona, que uno quiere que esté en la política, y que no apoyarlo sería un acto de gran egoísmo de mi parte", confesó en una entrevista reciente.
Nadie como ella defendió los valores de Barack Obama en la Convención demócrata de septiembre en Charlotte (Carolina del Norte), en la que el presidente fue designado oficialmente candidato para la reelección en los comicios del 6 de noviembre.
No sólo habló de sus ideas políticas, sino que mostró la cara más humana de un presidente que, en sus palabras, defiende valores como la honestidad, la integridad, la dignidad, la gratitud y la humildad.

Desde que se convirtió en primera dama, Michelle tuvo que enfrentar muchas críticas. Se hablaba de que tenía un aspecto "irascible", mote puesto por el popular presentador Bill O’Reilly. Sin embargo, su templanza, su carácter fuerte y cálido a la vez y las constantes manifestaciones de afecto para con su marido, la convirtieron en uno de los pilares básicos de la carrera presidencial de Obama. Se habla de ella como la persona que humanizó la imagen del mandatario y él mismo reconoce cada vez que puede lo inestimable de su apoyo: "Cuando estás bajo todas estas presiones, llegar a casa cada noche y tener a Michelle y las niñas ahí... Ellas son mi balance y me mantienen con los pies en la tierra, y esto es ahora más cierto que nunca", dijo en diálogo con la revista O, The Oprah Magazine.
Su habilidad para mantenerse al margen de polémicas y centrarse en causas populares como la lucha contra la obesidad infantil con iniciativas como "Let's Move" le han permitido ganarse, poco a poco, a los estadounidenses.

Espontánea y cariñosa con los jóvenes, ha recorrido el país abanderando la citada lucha contra la obesidad, ha visitado escuelas y no ha dudado en bailar para dar ejemplo o en arrodillarse y cavar en el huerto de la Casa Blanca con los niños que visitan la residencia oficial para fomentar la alimentación saludable.
Durante estos cuatro años como primera dama, ha sido la anfitriona de más de un centenar de actos, ha defendido la candidatura olímpica de Chicago, ha apoyado a las familias de los militares y ha buscado el apoyo de las mujeres a la reforma sanitaria.
Michelle Obama ha ganado confianza y soltura, tiene página de Facebook y cuentas en redes sociales como Twitter y Pinterest, en las que ha compartido algunas fotos de juventud e instantáneas con su familia en la Casa Blanca, como si fueran una familia cualquiera.
En los últimos meses su rol fue definitivo para impulsar la campaña por la reelección de su marido. Con su simpatía e histrionismo conquistó al público de cada uno de los actos celebrados a lo largo y a lo ancho del país.

Considerada un ícono de moda y estilo, también acaparó las tapas de las revistas y sus looks son analizados por los fashionistas de todo el mundo tanto como los de la duquesa de Cambridge.
Dos años atrás, la revista Forbes la caratuló como la mujer más poderosa del mundo , y la definición con la cual la publicación fundamentaba haberle otorgado ese puesto resulta más que elocuente a la hora de caracterizarla: "Logró transformarse en una Jackie Kennedy con un diploma de Harvard y el sentido callejero de Chicago".
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