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A tono con los tiempos que corren, aquella máxima que decía que el polo era cosa de hombres quedó antigua. Si bien Marcela Cerruti (la tía y madrina de la reina Máxima), María Bellande, Paola Martínez o Lía Salvo, entre otras, hace rato escriben esta historia de pioneras (dos años atrás, de la mano de Adolfo Cambiaso, Salvo hizo historia al convertirse en la primera mujer en jugar un torneo de alto handicap, el Abierto del Jockey Club), ya no son casos aislados. Una nueva camada tomó las canchas y los palenques. En una tarde nublada pero divertida, ¡Hola! reunió a gran parte de esta avanzada en la sede de Pilar de la Asociación Argentina de Polo . Con un rico té de por medio, ya que muchas volvían del colegio, contaron sus experiencias. Las hermanas Alma (15), Azucena (16) y Esperanza Uranga (18, 1 de handicap) empezaron a taquear por consejo de su padre, Delfín. "Es que somos todas mujeres. Y tanto por su lado como por el de mamá (Bárbara Tanoira) todos juegan". Ellas y Francisca Lanusse (15) tomaron clases en la escuela de Delfina Donovan, la mamá de Elina Braun (16 años, 2 de handicap) y de Inés Ayerza de Zimmermann, la primera únicamente dedicada a mujeres. "Mamá es genial, hizo mucho para que tengamos un espacio, lo mismo que Inés", dice Elina.

"Mi hermana Mila y yo jugamos desde chicas. Y mamá (Fernanda Rivas) también. Cada una tiene su lote de caballos y, aunque no me voy a dedicar profesionalmente porque quiero estudiar Psicología Deportiva, aspiro a llegar a 10 de handicap", arranca Candelaria Fernández Araujo (17). La hija de Milo –ex 10 goles y coach de La Dolfina– tiene 8 de handicap, ya jugó en la Selección Argentina Femenina y ganó con La Dolfina Brava (team que comparte con Mia Cambiaso) el primer Abierto de Polo Femenino organizado por Asociación Argentina de Polo, que tendrá a fin de mes su segunda edición. "Fue muy emocionante participar", cuenta Cande, que ya demostró su talento en Inglaterra y en España. De novia con Bautista Zimmermann –también juega al polo–, asegura: "Papá es mi referente. Los consejos que me da los escucho con atención.
Ser 'hija de' o 'nieta de' no te suma todo. La verdad está en la cancha
La mamá de mi novio, Inés, también es un referente dentro y fuera de la cancha". Como en su caso, hoy están representados otros apellidos ilustres de la Triple Corona con Clara Heguy (17 años, hija de Marcos y 2 de handicap), Mia Novillo Astrada (17, hija de Miguel, 5 de handicap) y Olivia Merlos (16 años, hija de Sebastián). "Todavía soy la única mujer que juega en Chapaleufú. El campo y los caballos son mi vida. Yo aprendo mucho de papá, que me guía y me aconseja", dice Clara. A su lado, Mia, confiesa que empezó a jugar porque no quería quedarse fuera de las prácticas en La Aguada, el campo familiar: "Este año gané el Intercolegial (representó al Moorlands) y el alto femenino con La Naranja Mecánica. Mi referente es mi abuelo Taio (jugó por todo el mundo y es padre de una legión de cracks). Si no corrés en las prácticas…", dice y estalla en una carcajada. En los últimos años, además, jugó en Estados Unidos, Inglaterra e Italia.

Sobre la "portación" de apellido, Olivia Merlos, única mujer de su dinastía en tomar el taco, es contundente: "Tuve la suerte de ver jugar a papá muchas veces en las grandes ligas y además de él, me aconseja mi abuelo Cacho, que va siempre a verme. Pero, más allá de tu apellido, sólo cuenta lo que seas capaz de hacer dentro de la cancha". La amistad es una palabra que se repite en todos los casos. "Yo jugaba en Córdoba y cuando vine a vivir a Buenos Aires el polo me ayudó a hacer amigas", reconoce Mora Aldao (19). Lo mismo le pasó a Olivia Jauretche (20), cuando dejó Trenque Lauquen. "A diferencia de los varones, solemos ir variando los equipos", agrega.
El polo femenino está muy instalado. Se entendió que hay lugar para todos, que podemos coexistir
La cantidad de torneos en los que las chicas pueden anotarse crece año a año y está dividido por cantidad de goles. "Arranqué hace dos años y había dos copas. Hoy, a pesar de que dejé pasar un par, ya jugué siete", cuenta Victoria "Tita" Rueda (35), mamá de Tanya (5) y portadora de 1 de handicap. En un principio, su padre, Rodrigo, no quería que ella se involucrara porque le parecía peligroso. Pero ahora la alienta desde los palenques y comparte con ellas torneos mixtos (los equipos forman con tres mujeres y un varón). "El polo femenino está muy instalado. Se entendió que hay lugar para todos, que podemos coexistir".

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