Nicolás Cayetano Cajg: de su regreso a Perros de la calle a la charla con Kusnetzoff y el duro trance que atravesó
Después de cinco años de no estar en el ciclo de Urbana Play, sorprendió al volver al equipo; cómo fue su vuelta y cómo lo recibieron sus compañeros
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Fue parte del elenco estable de Perros de la calle durante 20 años, pero cuando el clásico programa que conduce Andy Kusnetzoff se mudó a Urbana Play, Nicolás Cayetano Cajg sorprendió con la decisión de quedarse en Metro. Y allí estuvo durante cinco años con su propio ciclo, hasta que a finales de agosto pasado la radio pasó a tener solo programación musical. Así, se quedó sin uno de sus trabajos, pero continuó en TNT Sports. Sin embargo, hace apenas unas semanas, volvió a sorprender al regresar al ciclo de radio que le dio popularidad y en el cual lo recibieron como si nunca se hubiera ido. De todo esto conversa con LA NACION y también de su relación con Kusnetzoff, de cómo fueron estos cinco años en los que salió de su zona de confort y de cómo dejó atrás su adicción al juego para convertirse en esposo y padre de familia.
—¿Cómo se dio esta vuelta a Perros de la calle?
—Se dio con el correr del tiempo. Quiero decir que no es lo mismo ahora que el primer año que nos separamos, ni el segundo ni el tercero. De a poco fueron cerrando algunas heridas, fuimos acercándonos, conversando de ciertas cosas que teníamos que conversar, hasta que llegamos a una situación en la cual yo extrañaba el programa, lo extrañaba a Andy, a Harry, a Perros de la calle. Extrañaba todo lo que significa trabajar ahí. Estuve 20 años compartiendo todas las mañanas con ellos y, si bien me fui y estos cinco años hice otra cosa y fui muy feliz también, nunca dejé de sentirme un integrante del ciclo. Es como mi casa. Empezamos a acercarnos un poco a fin del año pasado y derivó en esta vuelta. Yo quería volver, Andy me abrió las puertas, y aquí estamos. Creo que el regreso terminó siendo mucho más lindo de lo que los dos hubiéramos imaginado.
—¿Costó sentirte parte del grupo otra vez?
—Para nada. Enseguida me sentí parte del grupo otra vez. Y es un mérito pura y exclusivamente del grupo que me hizo sentir un integrante más. Me acuerdo que el primer día, con respeto y con cierta timidez, me quedé un poco de costado y Andy me dijo: “Escuchame, sos Cayetano de Perros de la calle, y esto también es tuyo”. Eso me llenó de valor y entendí que no iba a empezar de cero, sino a continuar aquello que dejamos. Tenemos mucha química y nos entendemos perfectamente con Andy. Los oyentes me recibieron maravillosamente, con mensajes hermosos porque también se sienten parte. Me dieron la bienvenida a su mundo otra vez. Estoy muy contento. Volví para quedarme.

—Hablaste de sanar heridas, ¿qué había pasado con Kusnetzoff?
—En realidad, nada. El último año que yo estuve en Perros... fue el de la pandemia, 2020, y hacíamos el programa cada uno desde su casa, por Zoom. En mi caso, Paloma había nacido hacía poquitos meses y no fue fácil estar encerrado tanto tiempo con una bebé y trabajando virtualmente. No la pasé bien, como creo que no la pasó bien nadie en ese momento. Y justo se estaba armando el proyecto de Urbana Play y Perros... se mudó de radio y yo me quedé en Metro. No sé, en ese momento sentí que había cumplido un ciclo, que yo no estaba trabajando bien, que no estaba dando todo lo que podía dar, que estaba un poco achanchado, fastidioso.
—¿Entonces...?
—Si bien al principio iba a ir con ellos, después lo pensé y sentí que necesitaba un cambio. Porque estaba haciendo lo fácil, que era quedarme donde estaba cómodo y no trabajando del todo bien. Entonces, tomé la decisión de quedarme en Metro y no seguirlos a Urbana Play, pero no pasó otra cosa, ni nos peleamos ni nos traicionamos. Somos amigos ya desde hace muchos años; nos queremos. Yo amo a Andy y sé que él me ama a mí también; nos entendemos de memoria trabajando y fuera del trabajo. Siempre supe que íbamos a volver a trabajar juntos, no sé si en Perros de la calle o en algún otro proyecto, pero siempre lo tuve claro y tuve el deseo de volver a juntarnos. Se dio ahora.
Una despedida amarga
—Metro cambió la programación por música durante todo el día, ¿cómo fue quedarte sin trabajo de un día para el otro?
—Cambiaron al director de la radio y el nuevo cerró todo para poner música. La verdad es que no sé qué música pasan porque no la escuché nunca.
—¿Te fuiste enojado?
—Me fui enojado por las formas porque nadie me avisó. Nadie vino a decirnos: “Che, miren que el mes que viene o dentro de dos meses vamos a cerrar. O esto no funciona… O no dan los números”. Cometiendo errores y equivocándome, aprendí que cuando sos frontal, cuando decís las cosas en la cara, el otro no tiene por qué enojarse. No es la primera radio que cierra, pero las formas deberían haber sido más prolijas. Hubiera querido tener un diálogo, de buena onda.

—Y no tuviste oportunidad...
—No. Simplemente, ante los rumores, fui a recursos humanos y pregunté. Me dijeron que sí, que todo era verdad. Pero ya está, fue un momento feo.
El fútbol, su gran pasión
—¿Y qué pasó con vos de septiembre a febrero, que arrancaste otra vez en Perros..?
—Trabajo en TNT Sports hace muchos años y sigo. Estaba con menos laburo, obviamente, hasta que empecé en Urbana Play, en febrero. Soy periodista deportivo y siempre trato de hacer cosas relacionadas con el fútbol, que es mi pasión. Soy director técnico recibido y dirijo un equipo en Pilar.
—¿Sos director técnico?
—Sí, me recibí en pandemia, en 2021, en la escuela de Menotti. Soy bilardista, pero me recibí en la escuela de Menotti [risas]. Y dirijo un equipo en Pilar. Es algo que me apasiona; mi sueño es dirigir Atlanta, que es mi equipo, pero no sueño con trabajar en los equipos más grandes. Prefiero un equipo de la C, de la B, del Torneo Argentino. Algo que sea profesional. Ya sé que no voy a ser un gran entrenador, pero sigo estudiando. Tengo que mantener una familia y ya no puedo hacer el recorrido de ir como segundo ayudante de campo y ganar dos mangos. Si hubiera empezado a los 20 años, quizá...
—¿Y por qué no lo hiciste?
—Antes no se podía estudiar para director técnico si no habías sido futbolista profesional.
—Y vos jugabas al fútbol con amigos...
—Sí, jugué toda mi vida. Mi papá dice que aprendí a patear antes que a caminar. Jugaba bien, pero necesitaba jugar muy bien. No me daba para ser profesional. Y además había que hacer mucho sacrificio y no tenía esa hambre. Ahora despunto el vicio con mi hijo Dante [3 años]. Por ahí nos pasamos dos horas pateando y nunca se cansa. Tengo que decirle yo de parar [risas]. Hemos ido a la cancha, pero es chico todavía. Y también llevé a Paloma (6 años), aunque no se enganchó mucho. A ella le gusta la gimnasia artística.

“Perdí mucha plata”
—La familia te ordenó un poco la vida, ¿no?
—Sí, mi mujer, Carolina, me ayudó a ordenarme también. Cuando la conocí, yo estaba saliendo de la adicción al juego. Por años me porté mal, perdí mucha plata. Perdí muchas oportunidades, tiempo y mucha salud. Pero pude poner las cosas en su lugar. Escribí un libro sobre ludopatía que se llama No va más y doy charlas vinculadas con la neuropatía en colegios. Eso está bueno y me gusta porque hablo con los chicos y les transfiero mi experiencia para que entiendan de qué se trata. Ahora se puso muy de moda el mundo de las apuestas deportivas y no está bueno. No es un juego, es peligroso.
—Si mirás a ese Cayetano de ese momento de tu vida, ¿qué pensás?
—A veces siento que se trata de otra persona. Yo hacía cualquiera, pero no con las drogas ni el alcohol. Lo mío eran las apuestas.

—Sos un sobreviviente...
—Puede ser, pero no me gusta exagerar sobre mi vida porque mi abuela fue sobreviviente de Auschwitz y a mi abuelo lo salvó Schindler. Estuvo en la lista de Schindler. Mis abuelos paternos, Samuel y Eye, estuvieron en Auschwitz. A mi abuelo no lo conocí porque falleció un año antes de que yo naciera. Él estuvo en la lista de Schindler y por eso se salvó de morir en un campo de concentración. Tuve la posibilidad de conocer y convivir con mi abuela y recuerdo que nos contaba historias de la Segunda Guerra Mundial.
—¿Cuántos años tenías?
—Yo tenía 20 años y me hubiera encantado tener la madurez y el interés que tengo hoy. Siento que no aproveché su testimonio como lo hubiera hecho hoy. Vinieron de Hollywood a grabar su testimonio para La lista de Schindler, la película de Steven Spielberg que cuenta la historia de cómo Oskar Schindler salvó a más de mil judíos durante el Holocausto. En este momento, yo tendría unos 15 años y estuve durante la entrevista. Mi abuela se había arreglado muy bien y estaba en el living; me acuerdo perfecto de la escena. Mis dos abuelos estuvieron en Auschwitz, pero no se conocieron ahí, sino en Buenos Aires. Mi abuela tenía una hermana gemela que fue una de las primeras en morir en el campo de concentración. Estuvieron en nueve campos, en total. En mi familia el humor y la tragedia están muy presentes, tanto que cuando le dije a mi papá que iba a Auschwitz, me pidió que le mandara un beso a su abuelo, que también murió ahí.
Messi y el Mundial

—Hablemos del Mundial, ¿cómo ves a la selección nacional? Hay mucha expectativa por haber sido los últimos campeones.
-Es verdad. La veo muy bien a la Selección, pero en un Mundial eso no quiere decir demasiado. En los mundiales está lleno de historias de selecciones que llegan muy bien y les va mal, y de selecciones que llegan más o menos y les va fenómeno. No hay tanta previsibilidad y, además, tampoco es la única selección que llega muy bien. España llega muy bien, también Francia, y hay otras selecciones que tal vez no llegan tan bien, pero tienen muchísima historia, como Alemania, como Inglaterra. Y hay que ver Italia, si se clasifica. Y Uruguay. No sé si es para campeón, pero Argentina está para llegar lejos.
¿Y Messi va a jugar?
—Yo creo que sí.
—Recibió muchas críticas por las fotos y videos que circulan saludando a Donald Trump, en la visita del Inter de Miami a la Casa Blanca, ¿qué pensás?
—Voy a tratar de respirar antes de contestar porque después digo cosas de las que me arrepiento... La opinión sobre ese tema me parece un buen medidor de intelectos. Matar a Messi por eso, criticarlo... No lo entiendo. Me parece injusto. Y me parece una opinión de gordos de sillón. Tampoco sabemos el contexto, ni qué piensa Messi, si es demócrata o republicano. Fue el capitán del Inter de Miami y salieron campeones, y todos los equipos de la mayoría de los deportes van a visitar al presidente cuando eso sucede. No haber ido a ese compromiso hubiese sido meterse en política porque marcaba una posición. Acá fueron todos... Fueron todos los equipos anteriores, todos sus compañeros, fue Mascherano, fue De Paul, fue Silvetti.
—Igual, con lo sucedido, otra vez volvió la rivalidad: ¿Messi o Maradona?
—No hay más maradoniano que yo. Bromeo con Dalma y le digo que yo soy más maradoniano que ella, porque ella nació Maradona y yo, en cambio, lo soy por elección. Banco la comparación de Maradona y Messi dentro de la cancha. En el fútbol. La comparación de si Maradona hubiera ido o no a saludar a Trump, no la banco. No tiene absolutamente nada que ver. Y en la cancha, soy maradoniano... Cuando veo videos y partidos del Diego, me sigo emocionando.
—¿Seguís el juicio de Maradona?
—No. Lo seguí un poco, pero después de todo lo que pasó, ya me perdí. Sí quiero que condenen a todos los culpables.
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