
Nora Colosimo: el día que dejó todo por amor, la infancia de sus hijas, Wanda y Zaira, y la revancha que llega a los 62 años
En diálogo con LA NACION, repasa su corta carrera como actriz y cuenta por qué recién ahora se anima a incursionar en los medios
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“Hoy vine acompañada de mi mamá, su sueño siempre fue ser actriz y ella dejó su carrera por nosotras”, dijo emocionada Wanda Nara en mayo, al alzar el premio Martín Fierro a mejor labor en conducción femenina por MasterChef Celebrity. Hasta ese momento poco se sabía de la vida de Nora Colosimo antes de que la fama alcanzara a sus hijas, Wanda y Zaira Nara.
En una charla íntima con LA NACION, la mujer que está a punto de cumplir un gran sueño recuerda el momento exacto en el que conoció a Andrés Nara, se enamoró y decidió dejar su carrera. No se arrepiente de haberlo hecho y, como nunca es tarde para volver a intentarlo, a sus 62 años se prepara para debutar como conductora en el ciclo Mucha Merd, rol que compartirá con la empresaria y diseñadora Valeria Notari, todos los jueves a las 16 en Radio Tu (el streaming de Aptra).

—¿Qué Nora vamos a conocer en esta nueva faceta de conductora?
—Me junté con Valeria en el Chateau Libertador, ella monísima y yo subí con ropa de gimnasia, no soy careta y no quiero perder mi esencia... Soy así y así me van a ver. Se van a encontrar con una madre guerrera, una mujer con la que está todo bien y soy amigable, fácil en la convivencia, hasta que te metés con mis hijas y me sale un demonio de adentro.
-¿Qué es lo que te enoja tanto?
-Lamentablemente este es un medio duro y difícil, no digo que sean todos iguales pero hay una gran mayoría que en la pequeña o larga carrera que hizo Wanda la han maltratado, menospreciado, se han burlado. Y lo sufrí en silencio como cualquier mamá cuando se meten con sus hijos; sé de sus valores, la crié yo con mis mismos valores, para que sea respetuosa, educada, que sepa que nadie es más que nadie. Venimos desnudos a este mundo y así nos vamos.

—¿Cómo llegó esta propuesta para hacer streaming?
—Somos compañeras de pilates y de yoga con Valeria y me dijo que tenía que hacer algo, porque me veía conduciendo. Me encanta... Y ¿por qué no? Soy actriz, pero hice cosas muy chicas.
—¿Y cómo te sentís para la conducción?
—Me encanta, era mi sueño, hablo un montón, pero siempre estuve callada por respeto por mis hijas y su trabajo, siempre las acompañé al lado o detrás, porque hacer otra cosa me parecía que era invadir su espacio. Por otro lado hay cosas que son parte del espectáculo... Lo entendí cuando los periodistas están trabajando, pero hay mucha falta de empatía y eso es lo que desde mi lugar no voy a hacer, no me gusta burlarme de nadie. Yo nunca hablo de nadie.
—Hace unos días, mientras tus nietas estaban en Italia luego del robo de los pasaportes y antes de la resolución judicial que les permitió volver a la Argentina, dijiste que la China Suárez era “mala palabra”...
—Tenía una angustia muy grande, tenía a mis nietas asustadas por el robo y con ganas del abrazo del padre [Mauro Icardi] que nunca recibieron, entonces no me pidan que hable bien de la compañera de ese papá. Si yo fuera ella, le diría: “Todo bien las peleas con tu ex, pero con las nenas no”. Lo que pasó me dolió mucho y me molestó. Pero yo no tengo enemigos. Fue duro porque me tocó en carne viva pasarlo. Mis dos hijas y Maxi [López] estaban en Nueva York, trabajando en el Mundial, y yo viajé para que Wanda pudiera ir. Estaba en esa casa de tres plantas con cuatro de mis nietos en el medio de la nada cuando fue el robo, la pasé mal.

—¿Cómo acompañás a tus hijas en momentos así?
—La mamá es tu paño de lágrimas. Con mis hijas somos muy unidas y no hay secretos entre nosotras.
—¿Creés que toda esta guerra mediática, judicial y familiar se va a terminar en algún momento?
—Deseo que pase todo, pero no sé qué va a suceder, es tan difícil y complejo. No sé, lo deseo por todo el amor que le tengo a mis hijas y a mis nietas.
—Nos sorprendió cuando en los Martín Fierro Wanda contó que eras actriz y que habías dejado tu sueño para estar con ellas...
—Fue así. A los 19 venía manejando mi auto y me encontré en un semáforo a Andrés Nara; me empezó a ofrecer cigarrillos, caramelos y así de semáforo en semáforo, él con un mega auto y yo con un Fiat 600 que me había comprado grabando comerciales. En seis meses nos casamos y dejé todo por amor. Cuando de grandes nos reencontramos, después de habernos “matado” en el divorcio, me pidió perdón y me explicó que por celoso me cortó las alas. Yo le dije que no se sintiera mal, porque tal vez si yo hubiera seguido con ese laburo, hoy no tendría a Zaira y a Wanda, que junto con mis siete nietos son lo más preciado que tengo.

—¿Y tus papás? ¿Te habían apoyado en tu carrera artística?
—Sí. Vivía con ellos en ese momento. Además de hacer castings y publicidades, trabajaba con mi papá. Él era gerente de una cochería, una casa de sepelios, e incursioné en la venta de seguros de vida, me daba una comisión. Era bárbara vendiendo, hasta vendía cajones… Tenía mi independencia, me compraba mi ropa, mi auto.
—¿Cómo fueron esos primeros tiempos con Andrés antes de ser mamá? ¿Extrañabas tu mundo anterior?
—No, porque me casé enamorada, estaba feliz con mi nueva casa, aprendiendo a cocinar porque era muy mimada y no sabía hacerlo... ¡Mi ex se bancó cada menú! Teníamos matrimonios jóvenes amigos y la pasábamos muy bien. Enseguida fui mamá y se pasó todo muy rápido.
—Ahora que hablaste de tu experiencia en la cocina… ¿Hay charlas para que vayas a MasterChef?
—Algo se habló. Me tendría que animar, son muchas horas; pero además, es el trabajo de Wanda y no quiero hacerla quedar mal.
—Pero a ella le gustaría que estés…
—La llamó a Zaira y la puso en altavoz y le preguntó: “¿Querés que mamá trabaje en MasterChef?”. Y ella respondió: “Papá ya le dijo que no antes, ahora que haga lo que a ella la haga feliz”.

—Y como actriz, participaste de la serie vertical que hicieron Wanda y Maxi, Triángulo amoroso... ¿Cómo te sentiste?
—Estuvo lindo y le dije a Yanina [Latorre, con quien compartió escena] que me quedó gusto a poco.
—¿Podemos dejar las puertas abiertas a la actuación?
—Antes hubiera dicho que no, pero mis nietos están grandes y más independientes; no es que mis hijas tanto me puedan necesitar. Todo esto me tomó de sorpresa. Esta vez nadie me va a decir lo que tengo que hacer.
—Tenés nietos de todas las edades, no te aburrís nunca...
—Sí. Zaira y los nenes llegaron de viaje y ya necesito apretujarlos, los amo de una manera… Mucha gente me saluda o me escribe y me dice: “Nora, quiero que seas mi abuela o mi mamá”. Me ven todoterreno, y lo soy porque siempre fueron prioridad mis hijas. Hoy tengo 62 años y estoy orgullosa.
—Fuiste abuela muy joven, ¿cómo te cambió la llegada de Valentino?
—Sí, a los 45. Yo debutaba como abuela y tenía una amiga de mi edad que estaba teniendo su primer bebé. La llegada de Valu fue una locura y Wanda es tan mamera que siempre me permitió todo, ella era una bebé, repitió la historia. Siempre cuentan que a Valentino lo engendran en Moscú pero Maxi en un momento se va a jugar a Gremio en Brasil y el bebé nace en Argentina porque Wanda a los siete meses y medio se vino, es el único de mis nietos (hijos de Wanda) que nació acá, los demás son italianos.

—¿Cómo viviste ese momento en que Wanda se fue a vivir a Rusia?
—Le voy a poner un voto a Maxi. Estábamos en la mesa de la cocina de nuestra casa familiar, Andrés, Zaira y yo y Maxi y Wanda nos cuentan que se iban a casar y que se iban a Moscú. Me largué a llorar desconsoladamente y él me dijo: “Norcha -así me llama- tranquila, porque cada vez que extrañes a tu hija no tenés más que decirlo y te mando el pasaje”. A los tres meses me pidió ella que fuera y fuimos un mes con Andrés. Viajar allá fue una experiencia divina. Pero en cada momento veía la habitación de mis hijas y la cama vacía de Wanda y lloraba, sin que Andrés y Zaira me vieran. Sentí eso, el famoso nido vacío con el plus de que mi hija estaba lejos.
—¿Cómo fue la infancia de las chicas?
—Chicas criadas con sus cuatro abuelos, llenas de amor, sanas. Andrés tenía agencia de autos y náutica, nuestros fines de semana eran embarcarnos el viernes y volver el domingo a la tarde, en el Delta, en el país que amamos. Las chicas tuvieron la mejor infancia, la pasábamos increíble. Yo con Andrés me enojé y discutí cuando se puso tan mediático porque le decía que era una locura meterse en el lugar de ellas. Cuando eran chicas fuimos a la plaza y alguien de publicidad las vio y me dio una tarjeta, el papá y las abuelas con las que nos reuníamos dos veces por semana a la tarde a matear me dijeron que las llevara y así empezaron... Era un juego para ellas. No sé si bien o mal, pero de ahí no pararon.
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