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¡Lo logré! Después de la serie de sucesos desafortunados del fin de semana anterior, no sólo conseguí que me acreditaran para el Pepsi Music (esta vez preferí la pulsera a la caja) sino que también me gané un lugar en la limusina corporativa. Uno de mis compañeros se pegó conjuntivitis en un jacuzzi y, gracias a eso, se hizo un espacio en el vehículo que, según decidió la plana mayor de la revista, fue destinado a uno de los bloggers. Habiendo superado a Maxi Poter en un peleadísimo concurso de eructos, me quedé con el lugar y así, rodeado de lujo y confort, llegué al Club Ciudad.
A cuatro pasos de la entrada me encuentro con un colega que, mientras saborea un Naranjú, me dice que Banda de Turistas le gustó mucho. "Están bien", coincido, y él insiste: "Pero mucho, eh". Y tanta efusividad me parece un poquito exagerada, pero bueno, reconozco que son una agrupación agradable.
Me hago un rato para ver al grupo Bolognesa en el escenario ENTEL presentando su disco Epa, ¿y eso qué es? (¡cómo rockea ese chelista!). Al mismo tiempo, Los Tipitos -la banda más enrulada del rock nacional- terminan su set en el escenario principal reclamando la liberación del Tíbet.
Paso por la disquería del festival y un vendedor me ofrece el nuevo de Árbol con la firma original del General Perón a sólo 67 pesitos. Sospechando de la veracidad del artículo declino la oferta y continúo caminando hacia la carpa de prensa, donde me intercepta otro colega que también pondera las bondades de Banda de Turistas. Cuando le digo que sí, que me gustaron bastante, se enoja, me calza un sopapo y dice "¿Cómo bastante? ¡¿No entendés?!", y procede a mostrarme cómo se tatuó la cara del bajista en el pecho. Aturdido, me desplazo hacia el interior, donde una camarera deposita una gran caja con empanadas que desaparecen instantáneamente ni bien intento tomar una, y en medio de la batahola termino con un conocido periodista televisivo mordisqueándome el dedo índice, por confundirlo con una de pollo.
En eso, Los Auténticos Decadentes suben a tocar versiones sinfónicas de sus hits junto a la Camerata Bariloche. Anonadado, vuelvo a la disquería y me tiento con Andrea del Boca: In a Metal Mood, álbum clásico de la prestigiosa actriz y cantante interpretando lo mejor de Rata Blanca, V8, Horcas y demás.
Acto seguido Andrés Calamaro se hace cargo del escenario, y cuando me dispongo a disfrutar de su show otro colega se me acerca, me toca el hombro y, sin siquiera saludarme, me grita "¡¡¡AAAAARRRGHHH BANDA DE TURISTAAAS!!!" con los ojos desorbitados y echando espuma por la boca, para luego arrancarse toda la ropa, inmolarse con querosene y un fósforo y echarse a correr a campo traviesa. "Suficiente por hoy", pienso, y emprendo el regreso a mi Wilde natal.
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