Por los derechos de los chicos y un futuro mejor
Por Flavia Fernández
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Comenta que sus días no son iguales, ya que varias veces al mes despierta en distintas ciudades. Doctora en Psicología y Fonoaudiología, docente en la Universidad de Cuyo y de reconocida labor en Europa, hace años que Myrtha Chokler decidió dedicarse a los chicos que, por uno u otro motivo, no pueden desarrollar su vida en condiciones habituales.
“Me recibí muy joven, me casé, tuve dos hijas. Una de ellas falleció en un accidente cuando tenía 15 años. Se llamaba Ariana, por eso el nombre de la fundación: Fundari. ¿Nuestra tarea? Somos, básicamente, una fundación por los derechos del niño. Nuestro mayor desafío es capacitar gente para que pueda trabajar con menores. Y no es poca cosa. Hay una enorme cantidad de chicos que pasan mucho más tiempo en hogares infantiles que con su familia. Nosotros hacemos un trabajo que llamamos aprendizaje en acción. Vamos a barrios con carencias, damos charlas con el fin de formar a personas adultas para que puedan conocer mejor las necesidades de los chicos.”
En la villa 31 de Retiro no son pocos los que conocen a Chokler. “Estamos realizando un proyecto muy ambicioso: crear un centro de desarrollo infantil para fortalecer la etapa de crecimiento de los chicos hasta los tres años. La idea surgió de algunas familias del barrio, protagonistas de la iniciativa. Todos los sábados se dan charlas para formar cuidadores. Necesitamos un terreno para levantar el centro”, explica.
Vive en un departamento desbordado de plantas en pleno centro porteño. Amante de las charlas de café con amigos, la música y el baile, dice que no está saliendo demasiado porque el trabajo la absorbe. “Voy y vengo de Mendoza, tengo compromisos en La Plata y viajo seguido a Francia, donde trabajo con chicos con capacidades diferentes. Por esto, resulta difícil describir un día tipo de mi vida. Aunque, claro, hay cosas que me gustan acá o en cualquier lugar donde me encuentre. El aire libre por ejemplo. Adoro levantarme temprano, aproximadamente a las 6.30, y salir a caminar por el verde. Cuando estoy en Buenos Aires, voy a los bosques de Palermo o a la Reserva Ecológica.”
Triste por lo que sucede en el país (“la Argentina me duele y me conmueve; no concibo tanto desamor de parte de algunos dirigentes. Pero también tengo la certeza de que no podría vivir en otra parte”), prefiere la lectura a la televisión y el delivery a las cacerolas. “Definitivamente, la cocina no es lo mío. Cuando estaba casada hacía algunos platos elaborados, pero me fui olvidando. Como dice mi hija, con el paso de los años me fui especializando en quemar la comida. Pero, bueno, son etapas. Hoy hay otras prioridades en mi vida.”
Chokler exprés
Realidad: “Es inconcebible que en este país, con la cantidad de alimentos que produce, haya chicos desnutridos. Lamentablemente, el maltrato a los menores se manifiesta de muchísimas maneras. Por eso, los primeros tres o cuatro años de la vida de un chico son fundamentales para el desarrollo de toda la vida”.
Tarea: “Salimos a la calle y, también, vienen a Fundari: acuden chicos cuyos padres están preocupados por su crecimiento. Contamos con profesionales que trabajan en escuelas y hospitales; la idea es que los padres se sientan contenidos y puedan expresar todas sus dudas”.
Hombres: “Es muy importante integrarlos. Es emocionante verlos con ganas de aprender, preocupados por encontrar soluciones a pesar de las condiciones misérrimas que atraviesan muchos padres de familia”.
Satisfacciones
Las reacciones de la gente del barrio son para destacar: “Una de las chicas que vinieron al curso estaba embarazada y, al poco tiempo, dio a luz, luego regresó y se la vio entusiasmadísima. Contó que al bebe le cambio los pañales como me enseñaron ustedes; no hizo más que intentar lo que nunca había hecho antes con sus otros hijos: hablarle, comunicarse con él”.
“El otro día, un hombre me conmovió –cuenta Chokler–: pidió capacitación para poder desempeñarse en el mantenimiento del centro infantil. Tengo que saber cómo deben ser las puertas para que resulten seguras para los chicos y muchas otras cosas. Su interés y preocupación nos satisfizo y alegró muchísimo.”






