
Postales inolvidables
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"Esta banda tendría que tocar más seguido en la Argentina", se entusiasmaba un taxista desprevenido, queriéndose sumar de alguna manera al encantamiento redondo .
La caravana de micros, combis, motos y autos ricoteros coparon desde temprano el puente Pueyrredón que une la Capital Federal con Avellaneda. En los estéreos cantaba el Indio y el clima festivo calentaba aún más la parte previa del show de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota.
Los miles de jóvenes que se dirigían al estadio se intercambiaban abrazos, guiños, bocinazos y un constante "vamos los Redondos", a manera de saludo fraternal. El viaje era lento, casi a paso de hombre, pero como señaló alguien al pasar "esto también es parte del show". Las huestes ricoteras, acostumbradas durante los últimos años a viajar al interior del país para ver a su banda favorita, disfrutó también del congestionamiento de tránsito.
A medida que la gente se acercaba a las inmediaciones de la cancha de Racing, los fantasmas del desastre y la violencia se fueron esfumando al grito de "somos todos redonditos, redonditos de ricota". Ya dentro de la racinguista cancha circular -o redonda, en este caso- la fiesta fue la de siempre. ¿Cuántas veces se dijo que el fenómeno Redondo es inexplicable? ¿Cuántas veces se remarcó lo de las banderas, las bengalas, las remeras, la gente...? No queda otra que creer o reventar. O mejor aún, vivirlo.
Sin lugar a dudas, éste no fue solo otro recital de los Redondos. Y quizá haya sido el concierto más profesional que la banda platense haya dado en sus más de 22 años de carrera.
Hubo más, mucho más. Postales de una noche inolvidable para el pueblo ricotero: El campo de juego convertido en pista de baile en "Ji ji ji". Daniel Lalín -presidente residual de Racing, que a fines del año último prometió que los Redondos tocarían en su cancha- apretando las manos de los chicos en cuero que le agradecían y lo felicitaban. Policías absortos por el magnetismo del Indio en escena, que por un instante se olvidaron de su profesión y movieron sus pies al ritmo de "La bestia pop". Y más, mucho más. Porque el mundo redondo da para todo.
Pero, como ya se señaló, hay que vivirlo para al menos darse una idea del fenómeno Redondos. Y por eso aquel taxista algo desorientado también tenía razón: "Esta banda tendría que tocar más seguido en la Argentina".






