Punk eran los de antes
El movimiento punk representa el Mayo del 68 del rock: una revolución anticapitalista y antipolítica resumida en un lema: "No hay futuro".
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A fines de 1976 el mundo se sacudió. Quienes creían haberlo visto todo, tras el movimiento hippie y Woodstock, se sorprendieron al escuchar el tema "Anarchy in the UK". Los responsables eran cuatro jovencitos británicos con el provocador nombre de Sex Pistols, encabezados por un líder desprolijo que se hacía llamar Johnny Rotten.
Ellos, los que ahora, reunidos, llegan para presentarse el miércoles y jueves en Buenos Aires, eran la cabeza del iceberg del movimiento punk. Un torbellino de tres acordes tocados a toda velocidad, guitarras distorsionadas y, ante todo, una actitud de absoluta falta de respeto por lo establecido hasta entonces.
Gran Bretaña vivía en ese entonces momentos difíciles. El desempleo implicaba muchos jóvenes que, una vez terminados sus estudios, no encontraban su lugar en el mundo. Vivir del seguro de desempleo era, casi, la única opción. Las filas para cobrarlo eran un punto de encuentro.
El rock, que se había vuelto sinfónico y elaborado, despertaba de su letargo. Para estos anarquistas espontáneos, el gran mercado en que se había convertido el rock significaba el enemigo. Pink Floyd era su blanco preferido. Aunque podía serlo cualquier otra banda que tocara en estadios, alejados de su público, cómodamente instalados en una nube de promociones y lujo.
Hacelo vos mismo
Frente al gran show bussiness, los punks eligieron otro lugar: el del desecho. Ropas usadas y rotas. Pelos de colores o crestas mohicanas. Alfileres de gancho y hojas de afeitar como adornos. Marginados por elección, los jóvenes encontraron en las bandas de esos tiempos la perfecta sintonía con su sentimiento de desesperanza. El "no future" de los Sex Pistols sintetiza esa idea.
Ellos estaban contra todo. Postura que, claro, le dio buenos dividendos. Proclamar la anarquía en el Reino Unido o cerrarle la boca a la Reina con un alfiler fueron un gran golpe de marketing que Malcolm McLaren, su habilidoso productor, supo capitalizar bien.
Ya no hacía falta ser virtuoso musicalmente. Si algo despreciaban eran los extensos solos de guitarras y, ante todo, los teclados. Para los punks bastaba la rabia, un equipo y un par de instrumentos. Los temas eran ráfagas que no duraban más que un par de minutos. No saber tocar era, casi, una señal de orgullo. Las bandas se multiplicaron. Muchas para quedar rápidamente en el olvido. Otras, como The Clash, aumentaron sus aspiraciones abriendo el juego a otros ritmos, como los jamaiquinos reggae y ska.
Esa primera oleada de furia no duró mucho. El 14 de enero de 1978, con dos años y unos meses de existencia, los Pistols se separan. Un año después, el 2 de febrero de 1979, Sid Vicious, el bajista que había reemplazado a Glen Matlock y que con su actitud autodestructiva se convirtió en dudoso modelo, moría de una sobredosis. Estaba entonces en libertad condicional, luego de la muerte de su novia, Nancy.
El punk parecía haber muerto. Pero su legado sería para siempre. Unos años después, la revista Rolling Stones pondría las cosas en el punto de las encuestas: "Never Mind The Bollocks. Here`s the Sex Pistols", el único álbum editado por la banda liderada por Johnny Rotten (o Lydon, su verdadero nombre), figuraría como uno de los álbumes claves de la historia del rock.
Los 70 y después
Pero como una fuerza subterránea, como el lado oscuro de la luna musical, el punk resurge una y otra vez. Con distintas ideologías. La fascista de los ingleses Exploited, la de la pura diversión y también en versión californiana.
Desde allí, los Dead Kennedys, Bad Religion y Black Flag darían distintas respuestas en los primeros ochenta. En algunos casos perdiendo parte de su vale todo inicial, para volverse casi dogmático. No al alcohol, ni a las drogas, ni a la carne. Stright edge. Andar derechos.
Los noventa también tienen su toque punk. Los Green Day, cuyo disco Dookie, vendió millones de copias, rescatan de aquel movimiento su aspecto musical, teñido de coloraciones pop. Pero los más fans se sintieron traicionados cuando la banda firmó con una multinacional. Si algo quedaba de aquel Do it yourself era la autogestión, y la banda de Billy Joe demostró no estar casado con ideologías. "Nosotros no somos squats ", diría el cantante y guitarrista refiriéndose a los que viven en casas tomadas, esa opción tan punk.
Offspring, en cambio, mantuvo durante años su fidelidad a Epitaph, el sello independiente del ex Bad Religion Matt Gurevitz. Pero su firmeza no era eterna. A principios de este año firmaron también con un gran sello. Todo pareció derrumbarse una vez más.
Pero la llama la vuelven a tomar otras bandas. Algunas históricas, como Nomeasno, que desde hace quince años edita por Alternative Tentacles, el sello de Jello Biafra (ex Dead Kennedys). Pero también en nuevos circuitos que se manejan absolutamente autogestionados, que evitan los habituales lugares de shows y que se abren a otras expresiones artísticas. Ninguna banda que firme con una multinacional es allí aceptada, ni las que contienen en sus letras contenidos racistas, sexistas o fascistas.
Más allá de su formato musical, el punk se erige entonces como lugar de resistencia.
El punk de las pampas
Actitud: en nuestro país el punk rock también tiene su historia, con varias generaciones de bandas con distintas propuestas y actitudes.
En la Argentina el fenómeno punk llegó con unos años de retraso. A principios de los ochenta unos jóvenes de Belgrano y Villa Urquiza comenzaron a intentar emular a los británicos Sex Pistols y The Clash.
Eran Los Violadores, que debutaron en un caótico recital en la Universidad, el 17 de julio de 1981. Formada un año atrás, la banda liderada por Pil y Stuka, ya tenía por ese entonces su himno, "Represión", tema ideal para esos años de dictadura militar. Junto con ellos, en aquella primera camada punk, sumaban filas Los Baraja y los Laxantes. Y así como en Nueva York el punto de encuentro había sido el CBGB, aquí era Le Chevalet. Un pequeño, muy pequeño bar, situado atrás del Hospital Alemán.
Luego, acercándose al fin de los ochenta, vendría otra camada de bandas punk, con Todos Tus Muertos y Attaque 77 a la cabeza. Un disco clave: el compilado "Invasión 88", editado por el sello independiente Radio Tripoli, marcaría el comienzo de esta nueva etapa. De allí despegarían los Attaque, que poco después, editan por el mismo sello su primer álbum, "Dulce Navidad" y que ahora, varios años y discos después, serán teloneros de los Sex Pistols en sus presentaciones en Buenos Aires.
Esas bandas todavía mantenían, y mantienen, una postura socialmente comprometida en sus letras. Pero en los noventa llega el punk cervecero de los 2 Minutos, de Valentín Alsina. Los reclamos entonces se limitarían a reivindicar la libertad de estar tirado en una esquina y poco más. A divertirnos y beber, aunque el mundo se venga abajo.
Las bandas de hoy
Ambas posturas sobreviven en las nuevas bandas. Posiciones diferentes bajo el mismo y viejo rótulo de punk rock.
Los Fun People, con dos discos editados, se definen a sí mismos como anarco punk. Sus shows son siempre autogestionados y no aceptan que el valor de la entrada exceda los 7 pesos.
Acaban de hacer una gira por los Estados Unidos. La organizaron ellos mismos junto a fanzines (revistas alternativas). "Tocamos en lugares en los que se fijan hasta en las letras de los grupos, antes de aceptarlos. No quieren sexistas, homófobos, racistas ni nazis. Son lugares contraculturales, donde también se junta gente de otras actividades artísticas", dice Nekro, cantante de la banda.
Ahora planean hacer una gira nacional con las mismas características de autogestión, a partir de marzo. "La idea es tocar en sótanos o garages, para no tener que ir a los clubs y darle plata a gente que es ajena a la movida. Algunas las pensamos organizar directamente con la gente que nos manda cartas de distintas provincias. Nos queremos seguir manejando de forma underground, es una elección", agrega.
La gente que los sigue se diferencia de otros turbulentos recitales punks. "Es que no tenemos hinchadas de fútbol. No hay machos ni fachos. Los que vienen escuchan también a las otras bandas y nos apoyan comprando fanzines y producciones independientes. Claro que tratamos de no tocar con grupos que tienen posturas ultranacionalistas ni sexistas".
Otra postura es la de Superuva. Su último disco, "Tu humor maligno", es una colección de buenas canciones de punk rock, con letras divertidas e irónicas. "Pero nosotros no somos punks, somos simplemente una banda de punk rock", define Checha, guitarra y voz de la banda. En una actitud similar a los Green Day americanos, sólo toman del movimiento una manera de tocar, pero alejándose de toda actitud. "En definitiva los temas del punk rock son canciones pop con guitarras distorsionadas", sintetiza.






