Que te mande un novio...
En vísperas de San Valentín, San Antonio “toma pedidos”
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Como todos los 13 del año, la iglesia de San Antonio de Padua, en Parque Patricios, hoy estará repleta de feligreses. Pedirán por trabajo, salud, dinero y especialmente... para encontrar el amor. A no confundirse: que esté más de moda, no significa que San Valentín, cuyo día se conmemora mañana, tenga la exclusividad en cuestiones del corazón.
"Valentín es el santo de los enamorados, de las dos partes. San Antonio, en cambio, es el que logra el encuentro. Hay que destacar esa diferencia", explica el padre Ignacio Grohar, párroco de la iglesia de San Antonio, en avenida Caseros 2780.
Escritos tradicionales, como el Martirologio Romano, afirman que San Valentín fue un sacerdote italiano martirizado en Roma el 14 de febrero de 270. Pero, en realidad, hay dos santos con el mismo nombre en el santoral. El otro habría sido obispo de Terni, Italia. Como sea, el tiempo hizo de ellos un solo personaje: el protector de los enamorados. Se cuenta que puso su templo a disposición de las parejas, que se veían a escondidas del emperador Claudio II, que había ordenado una veda sexual entre sus soldados para que el amor no los distrajera. El libro Vida de los santos, de Butler, indica que "la costumbre sajona de que los jóvenes y las doncellas se escogieran como prometidos en este día probablemente se basa en la creencia popular de que los pájaros comenzaban a formar pareja el Día de San Valentín".
Santa intercesión
Pedile a San Antonio que te mande un novio... sugiere una canción que da cuenta de la creencia popular. El padre Grohar explica que, para entender su origen, hay que ubicarse en el contexto geográfico y temporal en que vivió y murió San Antonio. "En muchos países de Europa, en el siglo XIII, no era sencillo casarse -relata-. Más allá de que los campesinos o sirvientes se casaban entre sí, en el resto de la sociedad el hijo mayor, para heredar, se casaba sólo con una mujer que tenía dote (caudal para el matrimonio). Así se tejieron numerosas anécdotas, más o menos fantasiosas, de muchachas pobres que, por intercesión del santo, consiguieron la dote para poder casarse."
Una de las historias más conocidas habla de la pobre hija de una viuda, que tras los ruegos a San Antonio vio caer una carta a sus pies: Dar al joyero, decía. A su turno, el comerciante leyó Entregar en oro el peso de este papel. La balanza no se movió, cuenta la leyenda, hasta que en el otro extremo se depositó bastante oro. Y la joven pudo formar una familia.
Hijo de don Martín de Bouillón y María Taveira, familia aristocrática y pudiente, Fernando (tal su nombre de bautismo) nació en 1195, en Lisboa. Según sus biógrafos, su padre tenía ambiciosos proyectos para él: quería que fuera el continuador de la fortuna familiar. Pero el muchacho eligió la vida religiosa en el claustro de San Vicente de Fora. Tenía 15 años cuando ingresó como novicio en el monasterio de la orden agustina.
Para alejarse aún más de su familia y de sus amigos, pidió el traslado a Coimbra, entonces capital del reino. Allí estudió nueve años y fue ordenado sacerdote. Pero luego abandonaría la comodidad de los claustros al pasar a la orden de los franciscanos, que vivían en modestas cabañas a espaldas de Coimbra. Allí tomó el nombre de Antonio, en homenaje a San Antonio Abad.
Luego de su apostolado por Africa, Italia y sur de Francia, en 1228 llegó a la ciudad que completaría su nombre: Padua, Italia, donde fijó su centro de actividades. Allí creció su fama de taumaturgo. Atroces conflictos enturbiaban las relaciones entre familias feudales. Saqueos, incendios y luchas fratricidas fueron sus consecuencias. Tal era el escenario donde predicaba.
Delicado de salud -asma, hidropesía y debilidades del corazón- murió el 13 de junio de 1231, a los 36 años. Desde el primer día su tumba fue manantial de todo tipo de prodigios, según sus seguidores. Fue canonizado en 1232.
Solos y solas
"Los que deseen una pareja, deben pedírsela a Dios por intercesión de San Antonio -aconseja el padre Grohar-. Pero tienen también que estar abiertos, comunicarse. Dialogar con ese chico con el que trabaja, con el que viaja en el subte... La inseguridad que hay dificulta el encuentro, pero si en todos lados ves un fantasma, nadie se va a encontrar con nadie."
Pocos hombres van a la iglesia a pedir por amor. Pero mujeres no faltan. Lo cierto es que los cuadernos de la iglesia donde escriben las peticiones no dejan lugar a dudas. El padre Ignacio lee al azar: "Que Mario se fije en mí; Que nos entendamos con Juan para formar una familia..." ¿Y cumple? "Cada tanto veo chicas muy bien acompañadas que antes venían solas."
"Las iglesias de San Antonio en todo el mundo son muy visitadas el 13 de junio. Pero que el 13 de cada mes el santuario esté repleto es un fenómeno que ocurre aquí", concluye Grohar.






