
Calabró: "Todo comenzó en la radio"
El popular cómico recuerda sus comienzos como locutor y los inolvidables ciclos en los que participó
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Juan Carlos Calabró no quiere confesar su edad, aunque afirma haber nacido el 3 de febrero de 1934. "Todo comenzó en la radio", dice el popular actor y humorista, que transitó con éxito el cine, el teatro y la TV durante 43 años y evoca aquí sus comienzos en el dial.
Elegante e impecable en un conjunto sport de tonos marrones, Calabró recibe a LA NACION en su espléndido piso de ubicación privilegiada frente al Jardín Botánico, nos pasea por el jardín y muestra el resultado de sus hobbies: la pintura de mates de distinta configuración y tamaño y la plantación de coloridos tulipanes.
- Podríamos decir, entonces, que su carrera se inicia en la radio.
-Sí, por supuesto; en 1962. Y me alegra eso, porque si hubiera entrado anteriormente no habría conocido a Eduardo Martínez Vadé, hoy un destacado publicista, que fue de alguna manera quien descubrió mi veta humorística. Y hoy sería un locutor de radio ya jubilado, que tal vez podría haber trascendido o tal vez no. En ese año se recibieron conmigo en el ISER personas de gran trayectoria como Héctor Larrea, Víctor Harriague y Rosemarie, entre muchos otros. Con Martínez Vadé nos hicimos muy compinches y él me veía condiciones de imitador. Yo le dije que no, porque me veía muy amargo para hacer reír a la gente. Me presentó a la gente de "El relámpago", y como el grupo estaba completo, me llevó con Aldo Cammarota, el responsable y hacedor de "Farandulandia", que tomaba nuevos valores. Llegué a Radio Belgrano, en Ayacucho y Posadas, y me tomaron una prueba. Hice las voces de series norteamericanas como "Cheyenne" y "Mike Hammer", y Cammarota me dijo que volviera el domingo siguiente, que me iba a poner una hojita porque le gustaba mucho lo que hacía. Ese día debuté en "Farandulandia".
-Por esos años se trabajaba con guión.
-Sí, y además se ensayaba un día antes, se pasaba el libreto y se corregía. Y todo se hacía junto a esos fantásticos micrófonos de pie, en una época gloriosa de la radio. Más tarde, un hombre talentoso y visionario de la radio, Alberto Mata, me contrató para hacer un programa que se llamaba "La gallina verde". Allí me dice que tiene a la mejor locutora de la radio y no se equivocaba: era Betty Elizalde. Con ella hicimos una dupla varios años en un programa muy escuchado. Luego estuve en el "Clan del aire", con Brizuela Méndez, Ulises Barrera, Magdalena Ruiz Guiñazú y mi aporte humorístico. Más tarde se incorporó Mario Sánchez, con el que hacíamos un episodio delirante: "Bartolito y Rómulo", una pareja que iba a jugar fanáticamente al Prode todas las semanas. Después hice con Iris Ventura las "Matinales Santecrem". Pero cuando me ganaron el cine y el teatro, me vi forzado a abandonar porque no daban los tiempos. Sólo reemplacé a Juan Carlos Mesa en "Tenis de mesa" junto a Rafí, que era una locutora con grandes dotes humorísticas. Cuando empecé en el teatro de revistas llegaba a mi casa a la una de la madrugada y a las 7 ya me levantaba para hacer "Tenis de mesa". Era muy duro.
-¿Siempre fue el autor de sus libretos?
-Siempre. También en "La vida y el canto", con Antonio Carrizo, donde intervenía con chispazos de humor y en el programa de Fernando Bravo, que hacíamos en Rivadavia. La radio me encantaba porque es un medio con mucha magia, pero con el cine, el teatro y la TV no pude seguir. Tengo más de 36 revistas, 14 películas y años de televisión que hacen una trayectoria de 43 años consecutivos de trabajo.
-¿Cómo ingresó en la TV?
-Cuando "Farandulandia" se transformó en "Telecómicos" y Cammarota se lo vende a Alejandro Romay, empezamos a realizarlo en Canal 9. Yo hacía las veces de animador y conductor, hasta que un día le comento a Cammarota sobre un personaje que yo llamaba el "ingeniero desarmista". Fue mi primer paso cómico en la TV. Tenía un latiguillo: "Quedate tranquilo, que yo te lo arreglo en un periquete", e iba con su pico de loro y su valijita y estropeaba todo Gustó tanto, que comenzó a salir todas las semanas. Después surgió "el admirador", que entrevistaba a las figuras y les entonaba una canción muy particular: "La miel, la miel es muy pegadiza ", y eso gustó de tal manera que fue la raíz de "El contra". Así se fueron ensamblando películas y revistas, hasta que llegó "Campeones de la vida", en 1999, que fue algo distinto. Ahí la gente se dio cuenta de que yo era buen actor sin saber que ese actor que veían ahí estaba haciendo lo más fácil de su carrera, siempre el mismo personaje. Lo difícil era cuando había que hacer a Johny Tolengo, cambiarse las pilchas y salir a interpretar al Contra, a Frankenstein, a los mexicanos, al Llanero Solitario y tantos otros personajes.
-¿Cuál fue la clave de su carrera?
-Que yo fui el creador de mi propio muñeco . Cuando hacía al tano, lo escribía yo, pese a que Cammarota era el director y el autor. Yo siempre participe en los libretos e incluso le escribí guiones a Carlos Balá, que luego él armaba. Siempre hice los guiones de "El contra" y recuerdo con gratitud a mis partenaires (Marcos Zucker, Bravo, Gerardo Sofovich y Carrizo; éste, durante nueve años) porque los podía "verduguear" sin problemas.
-¿Ejerció en algún momento la estricta labor de locutor?
-Sí, por supuesto. En "Matinales" también hice la parte de la locución, pero en general, cuando hacia locución, no practicaba el humor y reconozco que para las dos tareas me ayuda la polenta que tengo en la voz; por eso, en el teatro trabajé siempre sin micrófono. Ni los años de fumador me quitaron esa fuerza.
-¿Ahora escucha radio?
-Escucho todos los días a Bravo; a veces, a Baby Etchecopar, a Chiche Gelblung y también a Lanata, pero no tengo un candidato de todos los días.
-¿Y qué le gustaría hacer de aquí en más?
-A mí me gustaría volver al personaje de Aníbal, porque siento que sigue vigente. Aún hoy, por la calle, los pibes me gritan el saludo de Aníbal, en el aire están sus frases y hasta me preguntan por el Topolino. Siento que el humor de ahora, tan bajo y "a la que te criaste", va a dar un giro para dar paso al humor escrito de un grupo y luego cada uno tendrá su programa propio, como nos pasó a la mayoría de nosotros.
-¿Ahora disfruta de los nietos?
-Sí, de Nicolás y Stefano. Ahora que estoy libre a la tarde, voy a buscar al chiquito y la paso bien con ellos. Soy más compinche, porque a mi hijas casi no las vi. Crecieron sin que yo me diera cuenta.
-¿Pudo haber hecho todo esto sin la colaboración de Coca, su esposa?
-No, porque ella fue el motor fuera de borda. Me daba impulso cuando yo estaba un poco cansado. Ahora es igual, pero yo estoy más cansado, aunque no me quiero jubilar. Nunca estoy sentado, salvo en el horario del programa de Marina, si no me corro mis cuatro kilómetros diarios.
-¿En lo personal tiene humor?
-No: más bien soy serio e introvertido; sigo siendo el Calabró de los 20 años, cuando no me imaginaba que sería actor o humorista.
-¿Pensó en escribir sus memorias?
-No, para nada, porque no recuerdo todo lo que hice ni podría hacerlo. Simplemente digo, como el poeta: "Confieso que he vivido y mucho he trabajado", y, como los pájaros, estoy en el momento del replume, esperando algo y volver, otra vez.
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