
"Con Peña nos unían las diferencias"
El productor Diego Scott ha mantenido vivo El parquímetro tras la desaparición de Fernando Peña
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No son muchos los casos en los que los ciclos radiales o televisivos sobreviven con éxito a la muerte de sus creadores en manos de sus colaboradores más cercanos. Los casos más cercanos son los de Adolfo Castelo y Jorge Guinzburg. Ahora, luego de la muerte de Fernando Peña, conductor de El parquímetro durante diez años, su productor, Diego Scott, anima el ciclo que se escucha en Metro (FM 95.1), de lunes a viernes, de 7 a 10, y que sólo ha tenido como cambio el agregado de "Lado B" a su título. Aquí, Scott, que además es productor teatral y actor, habla de cómo vive esta singular experiencia radial.
-¿Cuántos años trabajaste con Peña?
-Con Fernando empecé en 1999. Tenía experiencia como productor radial en ciclos de otras temáticas. Este año, justamente, cumplimos los diez años con gran festejo. Tras su muerte, el director de la radio nos ofreció seguir. Nos dijo que querían que nosotros siguiéramos haciendo el programa que hacíamos. Nos dieron un respaldo total.
-¿Cómo fue seguir con El parquímetro ?
-Teníamos armada una pequeña estructura de programa por todas las veces que Fernando faltaba, más por gusto que por enfermedad, por suerte. El descansaba y nosotros hacíamos el programa, así que la reforzamos y la pusimos a toda máquina, sin el ánimo de que sea un programa de reemplazo de Fernando. Nuestra idea era hacer un buen programa de radio, con una orientación ideológica similar a la que Peña tenía, porque de tantos años de trabajar juntos había cosas en las que coincidíamos. Nos podemos mover con cierta irreverencia porque Fernando ya las había hecho todas. El nos marcó un camino sobre el que nosotros transitamos tranquilamente. Mi intención no es tomar su lugar: es seguir con su espíritu y esas temáticas.
-¿Cuál es ese espíritu?
-Una visión crítica de la realidad, que cuestionaba hasta sus más pequeños aspectos. A Fernando le encantaba cuestionar desde por qué los mozos en Palermo Hollywood te atendían mal a por qué la Presidenta otorgaba subsidios de millones a sectores que no los precisaban.
-¿Qué aprendiste de Peña mientras trabajaste con él?
-Todo lo relacionado con la puesta en el aire, cosa que me cuesta. Fernando se ocupaba de que todo lo que hiciera fuera artístico, desde el más mínimo separador hasta cómo abría el programa. A las siete de la mañana tenía aperturas geniales. Sobre una música cualquiera, de Gershwin, por ejemplo, describía la ciudad entera. Y tratamos de mantener eso: que todo suene bello y sea prolijo, con la atención en los pequeños detalles. A él no le gustaban las cosas sin gracia. Debo decir que con Peña nos unían las diferencias, porque él era pura expresión y excesos y yo soy casi todo lo contrario. Entonces, hacíamos una fusión de yin y yang que nos mantenía en equilibrio. Peña era de enojarse trabajando, pero no era tan bravo como se dice. No era difícil para trabajar y siempre mantuvimos una línea de respeto que nunca pasamos.
-¿Qué sentiste a nivel personal?
-Mi sentimiento fue de dolor, pero también de paz. Tuve la tranquilidad de que no me quedó nada por hablar con él y trabajé para que a él le fuera lo mejor posible, para que se destacara, y nunca dejé de decirle lo que creía que era lo mejor para él. Cuando murió hubo que ponerse a organizar todo; tomé la posta con la misma admiración que tuve mientras él vivía.
-¿Cómo está formado el equipo?
-El equipo base soy yo y continúan Juan Butvilofsky en deportes y Martín Lipzytc en política y cultura. Incorporamos a Javier de Nevares (la pareja de Peña), que interpreta al rugbier P. Fernández Vivot, y en otros días tiene un bloque gay. Además está Lucas Ribaudo en la artística y en la elaboración de ideas; Luis Díaz y Martín Reich en la edición; Tomás Fraceschin en el móvil. Y un lujo en la locución artística: la voz de Pedro Aníbal Mansilla. Todos trabajamos sintiendo que un programa de radio te tiene que dejar cosas.
-¿Y las secciones?
-Lo que pasa es que con Peña el programa tenía una cuota de humor que nosotros nunca vamos a poder alcanzar por lo que eran sus personajes. Queremos que sea dinámico e informativo, porque a esa hora de la mañana me da la sensación de que hay mucho encendido y apagado; gente que sube al colectivo, que se despierta, que trabaja. Entonces, nosotros tenemos tres bloques de noticias bien marcados: siete y media, ocho y media y nueve y media. A las ocho hacemos una red de tránsito real, con la gente que llama y cuenta cómo están las cosas. Todo eso lo complementamos con los títulos de los diarios y con Twitter, que permite a los oyentes seguir el programa desde su computadora. Son informaciones cortas que te llegan al celular, pero es información cierta. Y en cuanto a la orientación periodística, a pesar de que estamos al tanto, yo las noticias de política las paso por encima. Pesa más una nota sobre ciencia, tecnología o arte. Uso muchos diarios del exterior. Los medios de afuera están menos preocupados por la actualidad política y económica que tenemos nosotros y tienen otro tipo de contenido. El programa, además, es muy crítico de los medios.
-¿Cómo siente la audiencia la ausencia de Peña?
-Muchos de los mensajes que recibimos tienen que ver con el miedo que tenían de que, con la muerte de Fernando, desapareciera el programa. Otros piensan que, como lo reemplazamos, competimos con él. Pero Peña pasó a ser historia de la radio. Hay otros programas alrededor y tenemos que competir. Seguimos siendo una opción para el que escuchaba a Fernando por un motivo ideológico o por tratar de ponerle un poco de humor a la mañana.
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