
Frágil línea entre la risa y la incorrección
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El parquímetro . Humor/periodístico. Conducción: Fernando Peña. Colaboradores: Diego Scott, Juan Butvilofsky, Martin Lipszyc. Producción: Lucas Ribaudo, Santiago Lombardi, Felipe Santiago, Iván César Alemán. Operación técnica: Pablo Zuca. Lunes a viernes de 7 a 10. FM 95.1 Metro. Programas del lunes 19, martes 20 y miércoles 21 de marzo de 2007.
Nuestra opinión: regular
Lo mejor de la labor de Fernando Peña es sin duda esa suerte de desdoblamiento múltiple de la personalidad que realiza cuando despliega la galería de personajes que dialogan entre ellos y con los miembros del equipo durante sus programas de radio.
Lo no tan bueno en la labor de Peña es que ese desdoblamiento de la personalidad aparentemente se cuela en el estado de ánimo del conductor del El parquímetro y lo convierte, por momentos, en una persona amable al que agrada estar escuchando, pero al rato lo transforma en un personaje agresivo, intolerante y soberbio. Actitud que asume con algunos entrevistados, de quienes se mofa (sabiendo muy bien el oficio y con vocación) o con los oyentes que acuden a las convocatorias, cortándoles el llamado o humillándolos, después de escucharlos y cortar, con comentarios sobre la supuesta incapacidad intelectual de los mismos.
Humor fuera de registro
El argumento que esgrime para poner en práctica toda la gama de incorrecciones políticas que sus ganas le dictan es que se trata de un programa de humor. Hasta allí ningún inconveniente. Más allá de las reflexiones de Henry Bergson o de Luigi Pirandello sobre la materia intentando aprehender su esencia, la verdad es que acerca de qué es lo que hace reir a cada individuo en particular, no hay nada que pueda usarse como regla general. Alguien puede largar la carcajada con el chiste blanco de la torta en la cara. A otro puede causarle gracia la burla escatológica. Y habrá, sin duda, gente que disfrute solamente las ocurrencias del humor a lo Woody Allen o a lo Les Luthiers.
El inconveniente en el programa de Peña es que tiene ingredientes que son del campo periodístico y allí, con ciertos temas de la actualidad, por más alertados que estemos sobre la acidez del estilo del humorista, o por más ingenio que pueda tener para practicar el humor negro, hay ciertas cuestiones que, aunque las escuchemos con la mejor buena voluntad en cuanto a apertura de mente se refiere, no pueden causar gracia. Salvo que tengamos las neuronas hechas puré por tanta exposición a productos mediáticos de baja calidad o que hayamos sufrido una hemorragia irreversible de ciertos valores esenciales.
¿Es humor escuchar a Peña decir "Yo no sé por qué los chicos no se drogan bien", mientras leen el título de una noticia sobre el aumento del consumo de pegamento como narcótico en los estudiantes secundarios, y escuchar una voz atrás que le contesta: "Porque no tienen plata".
¿Se puede estar informando sobre un doble crimen en el que supuestamente un joven mató a su novia, al padre de su novia y dejó malherida a la madre de la chica y hacer chistes mientras que se habla del tema? Y encima: ¿se puede opinar alegremente: "Al fin alguien que hizo las cosas bien?", para simplificar al final que está bien que el pibe haya matado a todos seguramente porque estaba cansado de no poder tener relaciones sexuales con su novia.
Por otro lado, la información deportiva que brinda Juan Butvilofsky es muy completa e interesante. La suerte de campaña que hace Peña para el buen uso del castellano corrigiendo a diestra y siniestra los errores que escucha o la oposición a la mezcla de términos innecesarios en inglés que se cuela en la conversación cotidiana es otro acierto de la propuesta. Lo mismo que la sección de efemérides en la que se despliega un humor claro y entretenido. Y por supuesto el despliegue de los personajes que interpreta Peña.
Una lástima que el programa no siga claramente por esta ruta y elija a veces el desvío a la burla hacia los entrevistados que hace que a veces se pierda una buena nota, como era la que tenía ayer con el presidente de la Asociación de Controladores de Tránsito Aéreo de la República Argentina, César Salas. El hombre sintió que no tenía ganas de reírse de la inseguridad en los vuelos. Peña, soberbio, le contestó que su programa era de humor y si no le gustaba que cortara la comunicación. Salas cortó. Peña perdió el rumbo entre el humor o lo importante. Los oyentes se quedaron sin la información y sin el chiste.
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