Estadio de All Boys, Buenos Aires 20 de mayo
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Línea fundadora
Los pioneros del rolinguismo argentino celebraron sus veinte años en la ruta con el mismo hambre de los comienzos.
Primero fueron un grupo de veinteañeros desaliñados y provocadores del suburbio, adoradores de un rock & roll que, a esas alturas, ya no se oía. Luego saltaron al estrellato, perdieron un miembro fundador, entraron en una nebulosa creativa y estuvieron a punto de separarse. Finalmente, ya maduros, recobraron el equilibrio y se establecieron como una banda sólida y afianzada, manteniendo la esencia rebelde sin dejar de frecuentar el jet set y cultivar las distintas formas de la buena vida. Los Ratones Paranoicos: dos décadas siguiendo el ejemplo de los Stones hasta en el más mínimo detalle. Si algo les faltaba a los de Villa Devoto para instalarse definitivamente entre las bandas clásicas del rock nacional era esta fría, helada noche ("¡Pero con calor de rocanrol!", arengó Juanse) en la que celebraron su vigésimo aniversario.
Sin discursos demagógicos ni emociones sobreactuadas, la banda abrió su set dispuesta a volver el tiempo atrás: con los dientes apretados y el hambre intacta, encararon versiones rabiosas de temas como "Destruida roll", "El hada violada", "Caballos de noche" y "Paren de correr", joyas oscuras de sus primeros años. En "Rock del pedazo" se sumaron al baile las rubias que habían entrado gratis en la platea, mientras que "Damas negras" sonó a reivindicación, a reclamo de la paternidad absoluta de la criatura stone argentina. Escupiendo riffs tan certeros como cochambrosos, los primeros cuarenta y cinco minutos del show sirvieron para dejarle en claro al rolinguismo post Viejas Locas que una cosa es tocar roñoso por decisión propia y otra muy distinta es poner cuatro barbaridades sobre un La-Re-Mi y salir a facturar.La larga zapada funky en la que mutó "Isabel", fue un punto de quiebre: bronces, coros y teclados ganaron protagonismo, mientras que los cuatro Ratones se relajaron y se dedicaron a exhibir su renovado aplomo. En plan cool, enhebraron baladas y temas mid-tempo ("Solo en la avenida", "La fuga", "Tomo y obligo") por más de una hora, lo cual constituyó un recreo demasiado largo, más aun teniendo en cuenta el frío polar que acosaba a las 10 mil almas dispuestas a agitar que allí se congregaban. "Estamos tranquilos, pero al final vamos a explotar", anticipó Juanse (por si hacía falta).
El "Blues de Santa Fe" de Pappo, con Sarcófago en la voz y Gabriel Carámbula en guitarra, fue la chispa que dio inicio a la prometida explosión. "Para siempre", con alabanza a Maradona y arenga mundialista incluidas ("saltemos todos, así nos ven y se asustan esos putos") le echó querosén al fuego. La presencia de Fernando de Catupecu Machu –autoproclamado "fan de toda la vida"– en "Cowboy" dejó la situación al borde del estallido. Y por último, con una versión all-star de "Satisfaction" (¡con Charly García y Toti de Jóvenes Pordioseros sobre un mismo escenario!) se fue definitivamente todo al demonio. A la hora de los bises, Luciano Napolitano ocupó el lugar del Carpo en "El tren de las 16", y Juanse volvió a arriesgar el pellejo como en los viejos tiempos trepándose a los caños en la emblemática "Sigue girando".En definitiva, la impresión que dan estos Ratones de dos décadas es la de una banda que, después de muchos vaivenes, finalmente encontró su lugar. Como sus maestros, son viejos peleadores callejeros que no se preocupan por hacernos creer que toman sólo vino del peor. Pero sí por demostrar que los grandes también quieren rock.
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