Reveses del clima

Aunque en días como éstos la naturaleza parece no acatar normas, sí lo hace. Respeta la ley de Murphy, por ejemplo
Aunque en días como éstos la naturaleza parece no acatar normas, sí lo hace. Respeta la ley de Murphy, por ejemplo
Alejandro Schang Viton
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5 de octubre de 2011  

Día a día y noche a noche, la madre naturaleza brinda pruebas más que demostrativas tanto de su poder como de su caprichoso espíritu, que a más de un observador le ha parecido una actitud rencorosa producto de las malas acciones del hombre sobre el planeta, un lugar cada vez menos seguro. Así, el cambio climático es una muestra del malestar de Natura, que, fiel a sí misma y esencialmente misteriosa, hoy más que nunca lleva a preguntarse, entre tsunamis, inundaciones, sequías y otros desastres, si no estará más bien gobernada por  leyes más cercanas a las de Murphy que a las que rigen el complejo universo por el que uno navega o flota a la deriva.

Llegó el momento de recordar el enunciado de la primera ley de Murphy: Si algo puede fallar, fallará . Arthur Bloch, uno de los más importantes recopiladores de estas leyes en su libro La ley de Murphy para el año 2000, añade, entre otras, la de Lanning, que dice así: La ley de Murphy se presenta siempre en el peor momento .

Además, el espíritu jocoso de la naturaleza la obligaría a poner a prueba a todo el mundo, tomándolo por sorpresa casi siempre. Tener puestos los mejores zapatos el día en que se inunda la ciudad o cargar el paraguas durante toda esa soleada jornada que prometía una lluvia torrencial con granizo son apenas unas de sus inocentes bromas que, a veces, no pueden ser limitadas ni por los miembros más experimentados de Defensa Civil.

Y ni hablar de esas fiestas de casamiento al aire libre que podrían ser opacadas por una de esas tormentas no anunciadas. La célebre ley de Lee, por ejemplo, es la que sostiene que s e necesita de menos tiempo para realizar algo en la forma correcta del que se necesita para justificar por qué se hizo mal.

Por su parte, la ley de Touris sobre la conservación señala: La irritación en el universo es constante. Su corolario: S i las cosas salen bien en un área, entonces fallan en otras. Se suman también a la temática las observaciones de Stewart, cuya esencia se resume así: La ley de Murphy puede detenerse o suspenderse durante un período indefinido de tiempo, siempre y cuando tal retraso o suspensión resulte en una catástrofe mayor en fecha posterior . Stewart agrega también que l a magnitud de una catástrofe es directamente proporcional al número de personas que la observan.

Inclemencias

Más optimista, la denominada ley de Long afirma: L as leyes naturales no tienen clemencia, observación enunciada casi con el mismo optimismo por Niven, que agrega: L a perversidad del universo tiende al máximo. En tanto, la ley de Kepler sobre ecología sostiene: L a naturaleza utiliza la menor cantidad posible de lo que sea que utilice.

De autoría anónima se suman tres leyes sobre la protección del medio ambiente con la misma visión murphyana. La primera de ellas indica: Las especies se protegen sólo después de que se las ha puesto en peligro de extinción . La segunda: La forma más efectiva para deshacerse de los desechos tóxicos es etiquetarlos como no tóxicos. Y la última se centra en que t odo esfuerzo que se realice para mejorar un área ambiental ocasionará un daño correspondiente en otra área.

Tal vez más modesta en cuanto a su enunciado, la regla de Randy afirma: U na tonelada de cualquier cosa es demasiado, aplicable no solamente al ámbito natural, sino con ilimitadas aplicaciones en lo cotidiano. Entre tantas observaciones y normas cabe mencionar también las cuatro leyes de Finagle: L a información que usted tiene no es la que desea; l a información que usted desea no es la que necesita; l a información que usted necesita no es la que puede obtenerse, y l a información que usted puede obtener cuesta más de lo que usted quiere pagar.

La ya tradicional regla del clima, cuya autoría parece ser compartida por varios observadores, indica: La probabilidad de un aguacero repentino está en proporción directa con la cantidad de ropa y artículos sensibles al agua que se lleven  puestos. Por último, la ley de Kurtin sobre la supervivencia se presenta esperanzadora: No importa quién tiene la razón, lo que importa es quién continúa .

En fin, tratándose del planeta Tierra y el cuidado que hay que brindarle, viene al caso una observación poco difundida por estos  días, atribuida al francés Voltaire: Una frase ingeniosa no demuestra absolutamente nada.

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