
Risas a La Cubana
El grupo catalán muestra la trastienda de "Cegada de amor". Llegaron por primera vez a Buenos Aires con un espectáculo complejo, que mezcla el teatro con el cine. VíaLibre estuvo con ellos antes, durante y después de la función
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Cegada de amor" ¿es cine?, ¿es teatro?, ¿es juego? El espectáculo de La Cubana combina dimensiones. Los diez integrantes de la compañía catalana que se presenta en el Avenida juegan a todo lo que se les ponga por delante.
Sumar al torbellino que estos catalanes desatan frente al público el que producen detrás de escena es toda una tarea. Con traje de calle tienen tan buen humor como vestidos de personaje. Dos horas antes de la función empiezan a llegar a la sala e inician el ritual del reencuentro, luego de haberse paseado por las calles de Buenos Aires. Y es que, según cuentan, casi no han tenido tiempo -pese a estar en estas tierras desde el 1° de este mes- de conocer la ciudad. Sus horas se han consumido en ensayos que los condujeran a un mayor acercamiento al humor y a los modismos lingüísticos argentinos. "Vuestro humor es bien distinto del nuestro", explica José Corbacho. "Estamos intentando comprender por dónde va."
Ese, justamente, es uno de los temas de los actores al llegar al teatro: intercambian descubrimientos idiomáticos y modifican sobre la marcha algunas expresiones del texto por otras más localistas. Pero, además, comparten intimidades.
El elenco ocupa seis camarines. Los pasillos que conducen a ellos están llenos de baúles, percheros con vestuario y tablas de planchar. "Los nenes con los nenes y las nenas con las nenas", bromea Anna Barrachina, futura heroína de la ficción, que oficia como guía turística de esta cronista. El chiste es para justificar por qué los camarines se dividen por sexo.
En el hábitat masculino conviven varios actores, rodeados por pelucas, cajas de herramientas, cosméticos, secadores de pelo, pegamentos para bigotes postizos... Pero los utensilios teatrales se mezclan con las mascotas de peluche que cada uno de ellos lleva en la gira. "Esta es la mía", dice Jaime mientras muestra un muñeco parecido a un gato pero con ojos hechos con clavos y una cresta negra en la cabeza. "Es Garfield, pero un poco punk", ironiza. "Somos así de infantiles", retruca Anna. De fondo suena música funcional.
Entre tanto, el resto de los habitantes y colados del camarín miran fotos tomadas en Edimburgo, uno de los lugares en donde estuvo La Cubana. "Abrimos nueve y media, ¿no?", interrumpe una de las chicas.
Son las 21.15 y sólo algunos de ellos se han cambiado la ropa pese a estar en la sala desde las 20. Pero claro, llevan cuatro años haciendo "Cegada de amor" y los cubanos se toman su tiempo para charlar con el ímpetu de quienes no se ven desde hace años. "El no tiene ladillas tiene dragones", dispara Jaume ante el nudismo de uno de sus compañeros que tiene tatuado un dragón enorme en la pantorrilla.
En ese clima, lentamente, entre risas, chascarrillos y comentarios, los actores se van transformando en los primeros personajes de "Cegada...", ésos que reciben al público en el foyer del teatro.
Qué es la Semana Santa
En el hall de entrada del Avenida hay dispuestos una suerte de stands con aire a kermés. Cada uno cuenta con una pregunta y una proyección de video que intenta responderla: "¿qué es una niña prodigio?", "¿qué es Cataluña?", "¿qué es Valencia?", "¿qué es la Semana Santa?" y "¿qué es La Cubana?", son los primeros interrogantes con los que se topa el espectador. Esto no significa que los catalanes nos tomen por ignorantes, sino que simplemente se busca aclarar algunos tópicos en torno de los cuales gira el espectáculo.
El juego se dispara cuando ingresa el público en el teatro. Una serie de "acomodadores" recibe a los visitantes y le entrega programas y un par de anteojos tridimensionales para ver "la película".
El intercambio con la gente es de lo más variado: algunos traen cara de ofendidos y se niegan a recibir el regalo del personaje; otros confiesan ser españoles ante los "acomodadores" e inician su proceso de identificación con la compañía; los más se prestan al recibimiento. "Estos son los artistas", susurra una señora en el oído de su marido y él se da vuelta para echar un vistazo. "Vean los videos, están buenísimos", vocifera un señor de bigotes falsos. En tanto, una caramelera de fuerte acento grita cíclicamente: "Si tienen que ir al baño, háganlo ahora que no hay intermedio". La gente se arremolina frente a los videos y se prueba las gafas de tres dimensiones. Después, casi arreada por los actores, va entrando en la sala.
Multiuso
Cada actor de La Cubana interpreta a cuatro o cinco personajes. Este detalle, sumado a la rigurosa sincronización técnica de la propuesta, hace que los tiempos de entradas y salidas de escena y los instantes para cambiarse de vestuario se reduzcan a segundos.
Entre bambalinas hay armado un camarín para tres actrices: Anna Barrachina, Silvia Aleacar y María José Pérez tienen allí el reducto que les permitirá mudar de personaje con la velocidadque requiere la puesta. Las pelucas de Estrellita, la heroína huérfana de una de las historias de "Cegada...", esperan su turno entre pestañas postizas, maquillajes y un enorme rosario que cuelga de uno de los espejos. Silvia ingresa, se cambia a Doña Trini y con sólo dos trazos de lápiz delineador se aumenta por lo menos 30 años.
Desde atrás de la pantalla cinematográfica donde se proyecta la película se escuchan las carcajadas del público. A un costado, Anna Barrachina se transforma en Estrellita, mientras el resto de los actores, ya cambiado, espera su turno para la ficción y otros corren de un lado a otro trasegando elementos de utilería. En La Cubana todos hacen de todo porque, en realidad, y a la manera de los cómicos de la legua, son como una gran familia.
No vale develar los secretos y sorpresas de "Cegada de amor", qué gracia tendría descubrir el misterio de antemano. Sólo vale contar que el público, al final, aplaude de pie a este grupo de juguetones incorregibles, que apenas se va la gente de la sala sigue preocupado, junto con el director Jordi Milan, de encontrar la palabra ajustada a la manera vernácula: raspa por rasca; bruto por paleto; pinza por alicate...
La historia
El director Jordi Milan explica "Cegada de amor": "En estos dieciocho años de vida de La Cubana siempre hemos tocado los mismos temas: cosas de la vida cotidiana, con una forma de hablar muy campechana, hechos que les suceden a las personas cada día y todo relacionado con el teatro de la vida. Es decir, nos gusta toda esta cosa de jugar con el teatro, esta idea de que todo puede ser verdad y mentira al mismo tiempo. «Cegada de amor» es un tanto más dislocada que otras obras anteriores, y, si se quiere, se centra en esta estúpida pelea entre el cine y el teatro. Estúpida porque no puede haber pelea cuando son la misma cosa, explican las mismas cosas. Lo curioso es que el cine es mucho más de laboratorio, mucho más técnico y mucho más de mentira. Sin embargo, esa cosa más de mentira ha ganado en credibilidad con respecto al teatro. Creo que es un problema que tenemos la gente de teatro, que hemos ido alejándonos del público. «Cegada de amor» plantea esto e intenta explicarlo, un poco a lo loco, con la única pretensión de que el público se ría, de ser un entretenimiento, que la gente salga de la sala pensando: ¿Me han explicado una historia muy loca desde dentro o desde fuera? Creo que es esto de lo que estoy más orgulloso: se confunden el cine y el teatro".
Milan cuenta que la compañía se jugó todo en este espectáculo que demandó un extenso año de trabajo. "Es un espectáculo con mucho riesgo desde el principio, no sólo por su complejidad técnica, que nos requiere de una buena dosis de tensión para que vaya bien, sino porque invertimos todo lo que teníamos."
El grupo funciona como una empresa cooperativa autogestionada, en la que todo el mundo cobra lo mismo. Una manera muy frecuente en España, en especial en Cataluña. En sus 18 años de vida, La Cubana ha mantenido a sus miembros: Anna Barrachina, Silvia Aleacar, María José Pérez, Cati Solivellas, David Ramírez, José Corbacho, Jaume Baucis, Santi Millan, Xavier Tena y Jordi Millan son los integrantes del elenco que se completa con un cuantioso plantel técnico, entre vestuaristas, productores ejecutivos y demás rubros. "No nos gusta que nos llamen artistas", aclara Millan. "Nosotros somos gente enamorada del teatro y punto." Teatro Avenida Av. de Mayo 1221. Miércoles, jueves y viernes, a las 21; sábados, a las 20 y 23.30; domingos, a las 20. Entradas, miércoles y jueves, desde $ 8; viernes, sábados y domingos, desde $ 10.
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