Flopa-Manza-Minimal llenó el Auditorio del Centro Cultural Recoleta con poesía neo-hippie y beat sui generis.
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Plaza Francia es tierra fértil de rockeros-progres (y progres-rockeros, por supuesto) desde hace más de cuarenta años y cientos de discos añejos. Pero nadie se dio por aludido el miércoles pasado (23 de junio, para ser exacto) en el Auditorio del Centro Cultural Recoleta, cuando cayó el último pan relleno del nac & roll argento. Flopa-Manza-Minimal: un trío sin género, ni tufo a tapado viejo.
La performance fue austera. Escenario pelado de parqué encerado, tres guitarras acústicas, la misma cantidad de micrófonos; 230 personas, cultas, hippies y lindas, por todos lados. Los encargados de la puerta tuvieron que cerrar con traba para que el Auditorio no desbordara. Y en el puestito de los discos agotaron todos (incluso los primeros mil de Dulce fuerte grave, el debut de Flopa). Su autora (Florencia Lestani), Mariano Esaín (Manza) y Ariel Sanso (Minimal), ni se dieron por enterados.
Pero porque estaban en otras cosas. Urdiendo las 18 canciones del repertorio, con voces que nublan los registros hasta criar nuevos tonos y suenan monocordes, pegaditas ("Abrazo impacto"). Las melodías embelesan oídos a cada melodía que marcaban ("Vino bajo el sol", "Días por llegar") o a cada crossover que resuelven con éxito (ejemplo: "La Libertad", del cantante Andrés Calamaro). Y, por ende, el público: Target de blazer pre-invierno, bolso morral y lentecitos-con-marco... aplaude parado.
"Tocamos "Rasguña las piedras" y nos vamos", sugirió Minimal amagando casi al final. Pero terminó dedicándole un tema "al aplastamiento" ("Debajo del Álbum Blanco"). Más palmas, acuerdo de partes para determinar los bises: "Almaherida" y un tema nuevo titulado "Atardecer" (que demuestra, con presagios lo que hay que dejar de ser cómo humanos para ser perdurables) fueron los elegidos.
Y antes de bajarse, Minimal anticipó: "Vamos a tocar una canción más que ustedes nunca van a poder escuchar" ("Sonajeros"). Por el bien de rock, ojalá nunca suceda. Aunque tengamos que usar cotonetes de cardo.






