
El director general Jann S. Wenner presenta esta edición histórica de RS que ya está en los quioscos locales, en castellano.
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Al principio no teníamos idea de que estabamos haciendo, o de qué íbamos a hacer con la portada. El hecho de que hubiéramos sacado a John Lennon en la tapa de nuestro primer número fue una feliz coincidencia. Teníamos una foto de la campaña publicitaria de su película How I Won the War. Esa foto, nos damos cuenta ahora, hablaba claramente de la impronta política y cultural que históricamente definirían a Rolling Stone.
En esos primeros años, nos preocupábamos tanto por cerrar la edición a tiempo como por hacer declaraciones de principios. No había fábricas de hacer estrellas como existen hoy, y ciertamente no pensábamos en las ventas. Luego de unos años, descubrimos que la clave para vender revistas en los puestos de diarios era sacar portadas que anunciaran novedades, o contuvieran imágenes provocadoras. Por muchos años, nos resistimos a poner en práctica este descubrimiento.
En 1970, con la llegada de Annie Leibovitz, que estudiaba arte en San Francisco, la portada de Rolling Stone dejó de ser espontánea para convertirse en una composición minuciosamente diseñada. Annie realizó su cuarta tapa luego de acompañarme a Nueva York a hacer las famosas entrevistas que salieron publicadas con el título de "Lennon hace memoria", y es la primera que verán en este número dedicado a nuestras mejores cien. Lennon rápidamente se dio cuenta de la importancia que alcanzaría Rolling Stone, y su participación desempeñó un papel fundamental en la definición de la identidad de la revista. Sin duda alguna, y con los ojos cerrados, la mejor tapa que hemos hecho es el retrato que les tomó Annie a John y Yoko a pocos días de la muerte de él. En el conmovedor ensayo que Scott Spencer escribió a propósito de la foto para ese número, la denominó, en una brillante analogía, la Pietà de nuestros tiempos. Y el año pasado, la American Society of Magazine Editors la nombró la mejor tapa de todas las revistas publicadas en los últimos cuarenta años. Amén.
En diez años como fotógrafa en jefe de la revista, Annie realizó la friolera de ciento cuarenta y dos portadas. Su notable obra ha dejado profundas huellas en el arte de la fotografía en general, y en la significación que han cobrado Rolling Stone y su portada. Desde entonces, hemos tenido a diario la oportunidad de trabajar con los mejores fotógrafos de nuestros tiempos. Y si bien generalmente la fotografía ha dominado nuestras tapas, también hemos tenido la oportunidad de trabajar con grandes iluestradores, como Ralph Steadman, el colaborador del Dr. Hunter S. Thompson, y Robert Grossman, quien ha ilustrado tapas para Rolling Stone desde 1972 hasta el último número, el 999, "¿El peor presidente de la historia?".
Las portadas que figuran en este número han sido seleccionadas en base a criterios estéticos: la calidad de la imagen, su originalidad y su poder expresivo. Según estas pautas, probablemente haya otras cien que podríamos haber incluido. No las elegimos porque hayan sido las que más vendieron, aunque aparecen algunas de las más vendidas, de Bart Simpson a Elvis. Teníamos mucho para elegir. Los Beatles, juntos o individualmente, han figurado en nuestras tapas más de treinta veces; los Rolling Stones, en sus distintas formaciones, veintitrés; Bob Dylan apareció trece veces (recordatorio: ¡más tapas de Dylan!), Bruce Springsteen, doce; Jimi Hendrix, diez; Madonna, diez.
Para festejar nuestros mil números, queríamos una tapa que fuera a la vez única y celebratoria. Pensando qué podíamos hacer, descubrimos que la tecnología de impresión en tres dimensiones había progresado en gran medida, y que nunca se había utilizado para la portada de una revista tan ambiciosa y masiva como ésta. Tardamos dos meses en hacerla, e hicimos más de dos millones. Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, que salió en 1967, el mismo año en que nació Rolling Stone, fue un disco que cambió la historia para siempre. La idea de hacer la tapa en tres dimensiones, y a la vez homenajear a los Beatles, nos pareció acertada.
Los lectores perspicaces notarán que el logo de Rolling Stone ha cambiado a través de los años. Rick Griffin, un surfista, ilustrador y caricaturista, conocido por los pósters que hacía para las bandas de la escena de San Francisco, diseñó el original. En abril de 1976, Rober Black, que se había formado en el arte de la tipografía, asumió como director de arte, y la tapa de nuestro décimo aniversario, en diciembre de 1977, marcó el final de la versión dibujada a mano y el comienzo de una nueva tipografía más nítida y definida. Cinco años más tarde, a instancias de Mick Jagger, quien, una madrugada me dijo: "la hicieron demasiado limpia", volvimos a agregarle algunos elementos del original, para crear, así, el logo inconfundible que adorna nuestras páginas hasta el día de hoy. Así que gracias, Mick, por el consejo.
El éxito de una tapa también depende de los titulares. Los favoritos de la mayoría aparecieron en una portada de 1981 dedicada a Jim Morrison: "Es lindo, es sexy y está muerto". Pero en lo personal, siempre preferí la frase que acompañó la foto del ídolo adolescente David Cassidy desnudo, en 1972: "Almuerzo desnudo". Advertencia: si no les gusta la carne, deténganse aquí. Estas portadas muestran mucha carne. John y Yoko también fueron pioneros en la materia, cuando en 1968 publicamos la foto "Dos vírgenes". Y a la hora de hablar sobre la tapa de la revista, no podemos dejar de mencionar el tema de Dr. Hook, "The Cover of the Rolling Stone" (escrito por Shel Silverstein). Cada vez que escucho esa canción, me invade "la emoción que te va a dar cuando veas tu foto en la tapa de la Rolling Stone".
Me he divertido muchísimo leyendo los artículos sobre las tapas elegidas para celebrar este número, recordando cuánto nos divertimos haciéndolas. En muchas de las notas, se menciona mi nombre, y en muchos casos se me elogia; pero a pesar de las importantes decisiones que he tomado a lo largo de los años como editor de Rolling Stone, el éxito de la revista siempre se ha cifrado en su espíritu de colaboración. Quiero agradecerles a los editores, periodistas, diseñadores y colaboradores que han pasado por nuestras diferentes puertas: de un edificio de ladrillos de dos pisos en la zona de depósitos de San Francisco a un rascacielos en Manhattan. Y también a los artistas que han colaborado, y siguen colaborando, con nosotros, soportando estoicamente prolongadas entrevistas y agotadoras sesiones de fotos, a fin de revelar verdades sobre sí mismos, sobre su arte y sobre el mundo. Ellos nos han dado aliento, y nos han inculcado muchos de nuestros valores, además de habernos regalado tantas satisfacciones.
Nuestro propósito de comunicar "todas las noticias que quepan" nos han llevado de Haight-Ashbury a la Oficina Oval. Ustedes, nuestros lectores, nos han acompañado, alentándonos y aconsejándonos con sus cartas. Nuestros objetos de interés han sido los arquitectos de sus épocas: presidentes y poetas, poderosos y marginales, que colaboraron con nosotros y pusieron sus fotos bajo nuestro logo. En todos estos años, nos hemos dedicado a esta tarea con toda la pasión, las energías y el talento que teníamos para dar, y creo que nadie lo ha hecho mejor que nosotros.
—Ciudad de Nueva York, 23 de abril de 2006
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