Salgán, un legado de tango

Mañana se estrena la película que abre una puerta a la intimidad de Horacio y César; padre e hijo, unidos por el piano
Mauro Apicella
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30 de septiembre de 2015  

En el living de la casa de Horacio Salgán hay una foto del pianista con Daniel Barenboim. "Siempre que está en la Argentina me viene a visitar", dice Horacio. Y su hijo César, también pianista, agrega que el año próximo, en el Colón, Barenboim hará un programa especial con obras de Salgán para celebrar los 100 años que Horacio cumplirá en junio de 2016.

"Y él se comprometió a ir al Colón a ver el concierto", dice César.

"¿Quién?", interrumpe Horacio.

"Vos. Le dijiste que ibas a ir a escucharlo. Te comprometiste a ir", insiste César.

"¡Ah sí, claro!", contesta el padre, con sorna, como si fuera una obviedad.

Eso que parece un paso de comedia es un diálogo habitual entre padre e hijo cuando hay otras personas con ellos, y es, además, lo que percibió la cineasta Caroline Neal cuando decidió hacer la película Salgán & Salgán, que se estrena esta noche, a las 22, en el Malba.

"¿Ya se estrena?", indaga Horacio. Y uno no sabe si habla en serio o es otra de sus bromas, o si prefiere no saber, para no descubrirse en una pantalla gigante. Se protege con un solo comentario: "Porque yo soy sólo un pianista".

Después se sienta al teclado y mira a la cámara del fotógrafo por unos segundos. Baja la vista, toca algunos acordes y dice en voz baja: "Me da vergüenza". ¿Posar para el fotógrafo? ¿Aparecer en una película? "Me da vergüenza tener casi 100 años", dice.

La película de Neal serviría para que, a través de los diálogos y la música que suena en los 80 minutos del film, los no tangueros conozcan a Salgán y los tangueros descubran la intimidad y la historia personal del músico que admiran. El que fundó su gran orquesta a mediados de la década del cuarenta. El que se asoció, en 1958, con el guitarrista Ubaldo De Lío para crear un genial dúo. El que dos años después, también con De Lío, gestó el insuperable Quinteto Real. El autor de piezas como "A fuego lento". El inimitable arreglador. "El" pianista del tango.

Horacio y César todavía no vieron la película terminada y tampoco saben cuándo la verán. A pesar de la exposición frente a la cámara (las grabaciones de este documental fueron entre 2008 y 2010), siguen manteniendo un bajo perfil, una manera de ser bastante introvertida. Es el mismo César quien, en un tramo del relato, dice que son raros, que habría que ponerlos en frasquitos para estudiarlos en la facultad. El dato que determina el rumbo de esta historia también le pertenece. Dice que el primer recuerdo que tiene de su padre es de sus 4 o 5 años, ya que sus padres se separaron y dejaron de verse cuando César era muy chico. Recuerda que, sentado frente al televisor, vio allí al Quinteto Real. Su madre, que estaba cocinando, giró la cabeza y le dijo: "Ése que está ahí es tu papá". Y enseguida siguió preparando la cena.

A medida que avanza, la película cuenta la manera en que un hijo se relaciona con su padre y cómo busca el reconocimiento de quien hoy es la figura viva más importante del tango. A la distancia, César dice que no hace terapia, pero que después del estreno es probable que los psicólogos le dejen su teléfono, como el que trae un delivery deja el imán para pegar en la puerta de la heladera.

La vida de estos dos Salgán tuvo tantos encuentros como desencuentros. César se crió sin su padre, pero hubo un acercamiento mutuo cuando comenzó su adolescencia. Pasó un verano con él mientras el pianista estaba haciendo temporada con De Lío en Mar del Plata. César ya había empezado a estudiar contrabajo en un conservatorio y, como segundo instrumento, piano. Siempre se ganó la vida como bajista en diferentes grupos y tuvo el automovilismo (alcanzó dos campeonatos y un subcampeonato con autos de fórmula) como pasión, aunque cree que podría haber llegado más lejos con los autos que con la música. Con Horacio volvieron a distanciarse durante 18 años. Una tragedia (la muerte de uno de los hermanos de César) los reencontró como familia y el piano del Quinteto Real los acercó como músicos.

Horacio, ¿ qué representa hoy ese piano con el que comenzó a ganarse la vida tocando, a los 1 4 años, en funciones de cine mudo?

Ahora el piano es para estudiar. Como decimos nosotros, hay que estar "en dedos". Hay que estudiar siempre, es la única manera de no perder la agilidad y la concentración. No es algo que se pueda dejar.

En cambio, para César fue probablemente la decisión más importante de su vida. Comenzaba el nuevo milenio, ganaba un campeonato en la pista de carreras, perdía a un hermano en un accidente en la ruta y, con Horacio ya casi definitivamente retirado de los escenarios, Ubaldo De Lío le pedía que tomara la posta del legado musical de su padre. Lugar que aceptó y que conserva hasta el día de hoy. Marche un psicólogo por allí.

Además de ese día que conoció a su padre mientras miraba televisión, tiene otros dos recuerdos de infancia. El primero es musical. César siempre le pedía a su papá que golpeara las notas de a una, como lo hacía con el grupo, en la introducción de "La puñalada". El otro, automovilístico. Porque cuando salía de gira con el grupo, Horacio dejaba el auto estacionado en la casa de sus hijos, pero con la batería desconectada para que los mayores, ya adolescentes, no se lo robaran. Tango y automovilismo: marche otro psicólogo por allá.

César memora esos recuerdos con una sonrisa, sin rencores. Hasta bromea con la posibilidad de hacer terapia. Horacio escucha atento. Ninguno de los dos cree que durante los últimos quince años estén recuperando un tiempo perdido, saldando deudas (buena parte de la película se centra en la época en que, por problemas de salud, Horacio tuvo que mudarse a la casa de César; la estada duró seis años, hoy vive en el edificio de al lado).

¿Ahora tienen una relación como gente más "normal"?

César: No. Pero los dos hacemos lo que queremos; yo lo traje a vivir conmigo porque quería y él vino porque quería. Lo curioso es que siendo dos personas tan reservadas comencemos a mostrar nuestra intimidad. Yo fui viejito de joven, quizá porque mis hermanos eran muy maduros. Siempre los vi como hombres. Empecé a trabajar a los 14, dejé la secundaria, no siento que faltó mi padre. Siento que nos encontramos en el momento justo. Sí creo que buscaba su reconocimiento. Porque mi hermano Guillermo era solista en la sinfónica de Bahía Blanca y yo tocaba en el grupo de Leonardo Favio. Eso mi papá lo decía. A mí no me gustaba y yo quería tener el mismo reconocimiento que mi hermano. Con mi papá pasamos de no estar en contacto a vivir juntos. Aunque yo nunca pude tocar delante de él. Seguramente, otro músico que tuviera a Horacio Salgán en su casa lo habría aprovechado de otra manera.

Salgán & Salgán

Una carrera entre el amor y la pasión

Malba, Figueroa Alcorta 3415

Mañana, a las 22.

Cámara tanguera

La cineasta Caroline Neal nació en los Estados Unidos. Apasionada por el tango danza, conoció en Londres al contrabajista Ignacio Varchausky, con quien se instaló en Buenos Aires hace quince años. Filmó Si sos brujo: una historia de tango (2005), sobre la vida de Emilio Balcarce, y en 2007 Carlos Villalba y Varchausky le propusieron hacer el backstage de un proyecto referido a un "año Salgán" con diferentes actividades. Sin embargo, Caroline trabajó con Vanessa Ragone y Alberto Muñoz un proyecto de película. "Fuimos al Incaa a defenderlo. Porque no nos iban a financiar una biografía musical. Pero esto no era sólo una película de tango. Encontré en César y en Horacio gente con la que tenía resonancia. Pensé que César era un héroe porque no sólo se animaba a tocar el piano. También se animaba a tocar la música de su padre. En mi familia todos son médicos: abuelo, padre, tío, primos. Yo no me animé aunque me habría gustado. Cuando los vi juntos me di cuenta de que César había elegido el camino menos fácil". Tampoco habrá sido fácil correr el foco de la música para captar la relación padre-hijo. "Una de las maneras de Varchausky para convencerme de que la Argentina era el lugar para vivir fue un casete del Quinteto Real", se ríe. Su relación terminó pero Caroline sigue aquí, tan tanguera como al principio.

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