
Santos, estrellas y un inodoro
Cuatro negocios llaman la atención con propuestas fuera de lo habitual
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Desde hace un par de décadas, en Austria 2027, Recoleta, funciona un negocio de reposición de azulejos, cerámicas y venta de sanitarios. No tiene nombre, pero en la zona se lo conoce como la casa del inodoro del Titanic . Es que, desde 1997, un inodoro luce en la vidriera. "Se lo compré por 5 pesos a un cartonero que pasaba con un carro repleto de cosas, todo recogido de la basura", recuerda el dueño del lugar, Pablo Ruiz. Se trata de un respetable water closet fabricado en Gran Bretaña a fines del siglo XIX. Ruiz tuvo la idea de exhibirlo después de hacerle una buena limpieza. Entonces se destacaron sus magníficos adornos en relieve, flores y codornices. El nuevo aspecto le dio al inodoro una incuestionable dignidad decorativa, y se hizo merecedor del cartel Rescatado del Titanic. Joya. Nunca taxi ni patrullero . En su interior hay billetes y monedas, la mayoría fuera de circulación.
-No está en venta.
-No, pero hubo interesados. Hace poco me ofreció 400 dólares un hombre que dijo que estaba relacionado con el museo del Titanic, en Londres, y explicó que les vendría bien porque entre los objetos que se exponen no hay ningún inodoro del barco. Pero no acepté. Sólo lo presté a estudiantes universitarios o para publicidades, algunas de la televisión europea.
-¿Cómo reacciona la gente?
-Unos sonríen o hacen preguntas y otros depositan ese dinero que se ve en el fondo. Todo empezó con un vecino que le arrojó una moneda mientras me contaba aquello de la fuente de los deseos que hay en Roma. El caso es que después se fue a jugar a la quiniela y acertó. Se corrió la voz y, a partir de ahí, es común que llamen así a la suerte.
Matar por encargo
Para publicidad astuta, pocas como la que tiene el breve texto Matamos por encargo . Cuando el que lo lee empieza a sentir palpitaciones, descubre, en letras más pequeñas, algo que hace desaparecer la taquicardia: Exterminamos roedores, insectos, etc. y el teléfono de la empresa Fumigadora Caballito, con oficinas en Rivadavia al 5400.
Su dueño, Daniel Abad, es un veterano de la actividad plaguicida: empezó en 1968. Se muestra orgulloso de la difusión alcanzada por el slogan, idea de un amigo experto en promociones comerciales. "Figura en un libro editado en España, que reúne publicidades ingeniosas de todo el mundo", comenta.
Cuando viaja en su camioneta, donde figura el texto, y para en un semáforo nunca falta algún bromista: Che, ¿matás suegras también?, o ¡Enfilá para el Congreso! A poco de tomar el poder, el último gobierno militar lo obligó a sacar el texto. "Pero lo volví a poner con la democracia. Me gusta escuchar las risas que provoca."
Hollywood en Villa Crespo
La flacura y el pelo largo de Marcelo Gattoni se ajustan al dato de que fue músico de rock antes de ser peluquero. Después de trabajar con Roberto Giordano, Gattoni fue a probar suerte a Hollywood y, al volver, se instaló en Villa Crespo, en Serrano 1170, con una peluquería unisex, ahora acompañado por Paola, su mujer. Adoptó el nombre de Beverly Style (uniendo style , estilo en inglés, y la zona de Beverly Hills, en Los Angeles). Como otras señales de haber sido influido por aquellos parajes, en la vereda del local reprodujo las estrellas de cinco puntas en bronce que se ven frente al Teatro Chino, en Sunset Boulevard. Eligió a Marilyn Monroe, James Dean, Frank Sinatra, Dean Martin y, claro, Elvis Presley. "Tuve que remachar los bronces, para que no los afanen", apunta.
El decorado continúa adentro. Preside el ambiente una gran foto de la colina de Hollywood, y los clientes esperan su turno en sillas similares a las de los directores de cine, con el nombre detrás. Hay tres, pertenecientes a Oliver Stone, James Cameron y Steven Spielberg. Gattoni, además, es peluquero hi-tech : fotografía el antes y el después de cada cabeza, y así arma un historial pilífero de cada uno, de modo que la próxima vez no sea necesario preguntar cómo se quiere el corte. Y nada de espejos comunes: mejor, un "espejo virtual futurístico", califica él, que consiste en un plasma con cámara ideal para seguir el corte.
A la mesa con los ángeles
Una mesa espléndidamente tendida. En segundos llegará una comida digna de todo eso. El ámbito es... una iglesia. Parece una escena onírica o de una película de Luis Buñuel. Algo parecido puede vivirse en el restaurante peruano Pozo Santo, en El Salvador 4998, Palermo.
Afuera, su largo y alto muro y la pesada puerta colonial parecen propios de un templo o de un convento. Adentro, abundan las imágenes religiosas: santos y ángeles en tallas de madera con dorado a la hoja que datan del siglo XVI. Se destacan la imagen de Santa Rosa de Lima, ornamentación de telares, herrajes, faroles y platería. Rodrigo Villasana, el dueño, explica que los objetos coloniales fueron traídos desde Lima y Cuzco.
La música suave, muchas veces sacra, contribuye a imponer una tonalidad litúrgica, que va muy bien tanto con las papas a la huancaína como con el cebiche mixto.
Lo religioso se extiende al menú: hay nombres de platos como Carta de San Rafael a los apóstoles ; Padre Beato Luis ; Escapulario de oro ; Los monjes del claustro ; Maná del cielo o Leyenda en calderos del infierno . También hay acotaciones curiosas: al postre Arroz con leche de lúcuma se le agregó la promesa de matrimonio inesperado y reencuentro enamorado .






