
Secretos de una dama
Susana Canales, una figura del cine nacional, en Buenos Aires
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Susana Canales fue, durante las décadas del cuarenta, del cincuenta y comienzos del sesenta una de las actrices más populares del cine nacional. Su cándido rostro, su cabello rubio y unos ojos profundamente claros, unidos a una estilizada figura, le permitieron encarnar los más disímiles personajes en numerosos films de fácil recuerdo.
Había nacido en Madrid, aunque muchos la consideraban argentina ya que, hija del actor Ricardo Canales, llegó aquí a los cuatro años y, casi de inmediato, se incorporó al elenco de la película "Concierto de almas" (1942), de Alberto de Zavalía. El teatro la reclamó para algún personaje en la compañía de Catalina Bárcena, y junto a Margarita Xirgu animó a Dorina, uno de protagónicos de la pieza "La dama del alba", de español Alejandro Casona.
Ya se había constituido en una actriz de gran popularidad cuando, en mayo de 1950, retornó a España, donde continuó su trayectoria profesional. Posteriormente, hizo otro viaje a Buenos Aires y, finalmente, se radicó en España. Ahora, y tras casi treinta años de ausencia, Susana Canales está otra vez en nuestro país.
Con la misma simpatía de siempre y su acento castizo y pleno de anécdotas y recuerdos, ella dialogó con La Nación acerca de sus vivencias y sus emociones.
-¿A qué se debe tu regreso a Buenos Aires?
-A la ya insoportable nostalgia que tenía por volver a mis raíces, a recorrer esta ciudad en la que había dejado muchos de mis mejores recuerdos y a visitar a parientes y amigos entrañables de una época dorada de mi vida.
Ella recuerda aquellas películas que aquí la catapultaron a la popularidad. "Filmé -rememora- con los mejores directores del cine argentino... Hay títulos imborrables como "Albeniz" (1946), "La hostería del Caballito Blanco" (1948), "El ladrón canta boleros" (1950) o "Mary tuvo la culpa" (1950), en los que me puse en la piel de personajes dramáticos o humorísticos... Sin olvidar, por supuesto, las muchas temporadas teatrales en las que intervine. Fue una época feliz que, en este viaje, trataré de rescatar".
-¿Por qué, estando en pleno éxito artístico, decidiste volver a España?
-Hubo un motivo que muy pocas personas saben... Corrían los primeros meses de 1950 cuando Juan Duarte, por aquel entonces secretario privado del presidente de la Nación (Juan Domingo Perón), comenzó a perseguirme... Yo era casi una niña y él me enviaba regalos siempre acompañados por una tarjeta que decía, simplemente: "Un admirador". Mis padres se alarmaron mucho por esta situación... Juan Duarte tenía una gran debilidad por las actrices del cine y yo me sentía muy molesta por este constante asedio. Entonces, de acuerdo con mis padres, tomé la decisión de viajar a España... Atrás había quedado en Buenos Aires una carrera exitosa y, sobre todo, la sombra de una amenaza que día a día me perturbaba.
Susana Canales volvió al Madrid de su cuna. No tuvo problemas para continuar con su labor como intérprete, ya que a poco de llegar fue contratada para ser la protagonista del film "Cielo negro", de Manuel Mur Oti ("a la que considero mi mejor película", dice), y por cuyo trabajo obtuvo el premio a la mejor actriz otorgado por el Círculo de Escritores Cinematográficos.
Poco después se casó con el actor Julio Peña, del que se divorció para contraer matrimonio con Chicho Ibáñez Serrador, hijo de Narciso Ibáñez Menta. Ambos actuaron juntos en teatro y en televisión, en tanto que Susana Canales alternaba su labor en la pantalla grande entre España, México e Italia, donde compartió elencos junto a Vittorio de Sica, Alberto Sordi, Walter Chiari y otros importantes nombres de la cinematografía internacional.
-¿Tu presente sigue ligado a la actuación?
Desde hace muchos años me dedico al doblaje de films, un trabajo muy importante en España, y espero que la cinematografía se siga acordando de mí...Hoy, a los 66 años, continúo siendo moderna y joven por dentro, y sigo amando a la Argentina y a su gente, que me dieron mucho. Con este viaje, repito, quiero retornar a mis raíces.
Estrellita
Las grandes figuras que acompañaron a Susana Canales en teatro y cine se reunieron en la Botica del Angel para agasajarla. Bergara Leumann, simpático bastonero, colocó en el inmenso techo cubierto de estrellas de ese reducto del barrio de Monserrat, un nuevo lucero que recordará para siempre a aquella damita de nuestro cine. Hubo emoción, recuerdos y bizcochos Canale con vino y champagne.
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