
Sed de aventuras en la China medieval
La serie de Netflix recupera los viajes de Marco Polo en la intrigante corte del mongol Kublai Kan
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SAN PABLO.- Marco Polo fue mercader, explorador, diplomático, espía, narrador exagerado..Mucho se ha escrito del veneciano y sus aventuras en Asia, pero aún más se hablará de él a partir de hoy, cuando Netflix revele los diez episodios que componen la primera temporada de Marco Polo, su serie más costosa hasta el momento, con la que la ascendente compañía de streaming pretende conquistar tanto Oriente como Occidente.
"Estamos hablando de una megaproducción con un equipo de 2000 personas provenientes de 27 países y sin actores de Hollywood; para el sistema estadounidense es una apuesta increíble. «¡Y es una locura que me hayan puesto a mí como protagonista!», afirmó a LA NACION el actor italiano Lorenzo Richelmy, celebrando la temeridad de los creadores, entre los que se encuentran los hermanos Bob y Harvey Weinstein, reconocidos productores cinematográficos, en su primera incursión en la pantalla chica.
Con un amenazante resfrío pescado en medio de sus diversos compromisos de presentación de la serie en Europa, los Estados Unidos y ahora América latina, Richelmy, de 24 años, apenas lograba mantenerse quieto en la elegante habitación del hotel Fasano de esta ciudad. Entre que se ponía de pie para buscar pañuelos de papel y se sonaba la nariz, se entusiasmaba y contaba más detalles sobre los esfuerzos que tuvo que hacer para transformarse en el célebre viajero veneciano, que vivió entre 1254 y 1324. Es que para la serie, que se centra en los 17 años que Marco Polo pasó en la corte del emperador Kublai Kan, debió aprender artes marciales, montar a caballo al estilo mongol y hasta algo de caligrafía china. Pero el primer desafío de este actor, que hasta ahora sólo había hecho películas y series en Italia, fue hablar en inglés. "No podía mantener una conversación y mi acento era muy fuerte. Así que me pusieron un profesor y estudiaba ocho horas por día, hasta lograr que me pudieran entender bien", apuntó Richelmy, quien se enteró del proyecto por un amigo y envió a los productores un video con tres escenas que se había aprendido de memoria.
La grabación casera quedó olvidada por un largo tiempo, hasta que en medio de la búsqueda de lugares de filmación en Asia los productores la vieron y algo les llamó la atención en este joven italiano casi desconocido.
"Hay una gran frase del emperador Marco Aurelio que dice algo así como «La vida de un hombre es lo que sus pensamientos quieren que sea». Yo quería este papel. Y ahora no quiero que nada ni nadie me arruine el momento", apuntó con su pañuelo en alto, juntando energías como para cruzar a pie la estepa de Mongolia si fuera necesario.
Filmada durante siete meses en Italia, Kazakhstán y Malasia, Marco Polo es una serie épica, romántica, con mucha acción, intrigas políticas y sexo, que costó unos 90 millones de dólares. Hoy, sólo Games of Thrones, de HBO, que también juega con todos esos mismos elementos, tiene un presupuesto mayor. Pero -según los productores de la ficción de Netflix- hasta ahí llegan las comparaciones entre ambos. "Game of Thrones me encanta, pero es una novela de fantasía. Marco Polo tiene raíces históricas, y en el fondo es un pequeño drama familiar sobre la relación padre-hijo", destaca Patrick Macmanus, coproductor ejecutivo y uno de los guionistas de la serie junto a John Fusco (Océano de fuego, El reino prohibido), que reconoció que igualmente se tomaron algunas libertades creativas para dar forma al guión.
Exotismo y erotismo
La historia comienza con la llegada de Marco Polo; su padre, Niccolò (Pierfrancesco Favino), y su tío Maffeo (Corrado Invernizzi) a la suntuosa corte de Kublai Kan (el británico Benedict Wong) y su esposa Chabi (la china Joan Chen). El conquistador mongol y su invencible Horda Dorada están empeñados en unificar el imperio frente a la resistencia de la dinastía china Song. Sus caminos se cruzan cuando, a cambio de un permiso para comerciar en la Ruta de la Seda, los veteranos mercaderes italianos abandonarán en el palacio al joven Marco -primera licencia creativa-, quien deberá aprender las formas y costumbres de su nuevo hogar. Interesado en la fresca visión del joven latino, Kublai Kan, nieto de Gengis, irá incorporando cada vez más a Marco a su séquito hasta volverlo casi un consejero.
"Marco Polo era un comerciante, pero lo más valioso que trajo a Occidente fue el conocimiento que adquirió de esa civilización en la que vivió como uno más. Era una persona curiosa, con una mente abierta, que aceptaba las cosas diferentes tal cual eran, sin juzgarlas", subrayó Richelmy, quien al igual que su personaje había viajado mucho por países asiáticos China, India, Vietnam, Camboya y Myanmar y ahora sueña con agarrar una mochila y recorrer la Argentina, Brasil y Perú.
En la serie, Marco Polo tiene varias distracciones en su aprendizaje, sobre todo la misteriosa Kokachin (Zhu Zhu), también conocida como la Princesa Azul, de la que se enamora perdidamente. Pero no faltan otras bellezas asiáticas, como la espía-concubina Mei Lin (la canadiense Olivia Cheng), que les dan a los diez episodios un fuerte contenido erótico en medio de las maquinaciones políticas del despiadado Jia Sidao (el singapurés Chin Han), canciller de los Song.
"En sus relatos, Marco Polo no sólo describió lugares, sino también mujeres exóticas y posiciones sexuales que hasta entonces no conocía", aclaró Macmanus, para resaltar el apego de la producción a los datos históricos. Aunque, en realidad, el propio Marco Polo nunca escribió sus memorias; al regresar de Oriente le narró todo con cierta exageración a Rustichello de Pisa, su compañero de celda en Génova, entre 1298 y 1299, quien a su vez probablemente haya fantaseado algunas cosas sobre el relato. Sus aventuras quedaron plasmadas en El libro de las maravillas, luego conocido como Los viajes de Marco Polo, que entonces sirvió de ventana a una cultura totalmente extraña para la Europa del siglo XIII, y que ahora vuelve a ser transformada en una fabulosa narración para Netflix.





