Seijun Suzuki: el gran provocador del cine japonés
1 minuto de lectura'
Todos sonriendo a cámara y algo apretujados en el timón del Millenium Falcon. Así fue como Disney decidió presentar oficialmente a los protagonistas de la película que viajará al pasado de la saga Star Wars para contar la historia del joven Han Solo.
El film comenzó a rodarse ayer en los estudios Pinewood, en las afueras de Londres y aunque no se sabe mucho del argumento que escribieron Lawrence y Jon Kasdan sí se adelantó que la trama transcurrirá antes de los hechos ya vistos y revistos en la primera Star Wars.
En la foto junto a los directores Phil Lord y Christopher Miller y el actor Alden Ehrenreich, encargado de darle vida al veinteañero Han Solo, aparecen Donald Glover (que hará del favorito de los fans Lando Calrissian) y Joonas Suotamo, el actor finlandés que se encargará de darle vida a Chewbacca.
También puede verse a los actores Woody Harrelson, Emilia Clarke y Phoebe Waller-Bridge, cuyos personajes aún no fueron revelados por la producción, que lleva como nombre en clave Red Cup. Un misterio que probablemente empiece a aclararse cuando se acerque la fecha de estreno del film, fijada para mayo de 2018.
Por supuesto que cuando se trata del siempre en expansión universo de La guerra de las galaxias las incógnitas son muchas y no sólo los fanáticos anónimos se desesperan por dilucidarlas. Para entender lo que generan los enigmas de Star Wars en sus seguidores basta con ver la serie de videos que el actor Josh Gad realizó en el set de filmación de la película Asesinato en el Orient Express en la que trabaja junto a Daisy Ridley, más conocida como Rey de Star Wars: el despertar de la fuerza.
Desesperado por respuestas a sus muchas preguntas sobre la segunda parte de la nueva trilogía, Los últimos Jedi, Gad intentó engañar a la actriz para que contara lo que sabe y cuando su graciosa trampa no tuvo los resultados deseados, el actor recurrió a su compañera de elenco: Judi Dench.
Y luego siguió insistiendo con la ayuda de Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Penélope Cruz y hasta hace una aparición sorpresa J.J. Abrams, ansioso por saber si en el Episodio VIII finalmente Luke Skywalker pronunciará alguna palabra, algo que no consiguió hacer en el Episodio VII que el propio Abrams dirigió.ß Firma abajo
A los 93 años falleció el director Seijun Suzuki, una de las figuras más influyentes del cine japonés en toda su historia. Sus películas, de elegante estilo visual y pródigas en citas y referencias a la cultura pop, dejaron su huella en varios realizadores contemporáneos, como Quentin Tarantino, Jim Jarmusch, Baz Luhrmann y Damien Chazelle, además de convertirse en permanente objeto de debate y análisis en muestras y retrospectivas que recorrieron el mundo.
El deceso de Suzuki se produjo el lunes 13 de febrero, pero la noticia fue dada a conocer ayer a través de un comunicado de los estudios Nikkatsu, el lugar en el que llevó adelante la mayor parte de su obra, sobre todo el fértil período que se extendió entre 1954 y 1968. En todo ese tiempo dirigió allí una docena de largometrajes de género y espíritu de clase B, marcadas por el uso original y casi surrealista del color, tan distinto a todos los demás que llegó a tomar un nombre propio: Seijun bigaku (la estética de Seijun).
En esas obras, Suzuki acuñó una identidad como un original e imaginativo narrador de relatos policiales (sobre todo ligados al crimen organizado y a la yakuza, suerte de equivalente japonés de la mafia italiana), eróticos, fantásticos y de terror con títulos tan elocuentes como El pueblo de Satán, El canal sangriento, La juventud de la bestia y El tatuaje del dragón blanco y, sobre todo, Marcado para matar, considerada la película más lograda de toda su carrera. Sin embargo, Nikkatsu decidió echarlo en 1968 debido a que sus películas resultaban "incomprensibles" y se habían convertido en grandes fracasos de taquilla.
Incomprendido por el público y marginado por la industria, Suzuki dejó de dirigir durante una década, mientras su obra comenzaba a ser vista y reivindicada en otros lugares. Su regreso se produjo a comienzos de la década del 80 con una trilogía sobre fantasmas ambientada a comienzos del siglo XX y con el mismo espíritu surrealista de su obra previa. La apertura de esa trilogía, Zigeunerweisen, recibió una mención de honor en el Festival de Berlín.
El reconocimiento internacional hacia la obra de Suzuki alcanzó su cumbre en los años 90, cuando varias muestras de su obra temprana llevaron a que cineastas occidentales muy destacados (con Tarantino a la cabeza) reconocieran esa influencia como decisiva. En 1997, con motivo de una retrospectiva de su obra, la revista francesa Cahiers du Cinema calificó a Suzuki como un director de "gusto inmoderado por la provocación". Con una salud cada vez más deteriorada, cerró su carrera en 2005, a los 82 años, con el atípico musical Princess Racoon.
La obra de Suzuki fue revelada para muchos en la Argentina durante una retrospectiva (con mayoría de títulos inéditos) que permitió la reapertura fugaz de la Sala Lugones del Teatro San Martín en marzo de 2015. Sus películas también pudieron verse en alguna ocasión en el excelente ciclo Filmoteca, de la TV Pública.




