La fuerza imparable de True Detective

Crédito: HBO
Te contamos lo mejor del nuevo episodio de esta gran serie
Martín Fernández Cruz
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23 de junio de 2015  • 11:33

1. Un buen disparador

Nuevo año, nueva temporada, nuevos personajes. La serie creada por Nic Pizzolato comienza su segundo año con una trama que, una vez más, gira alrededor de un misterioso asesinato. Ese delito terminará por unir el destino de los cuatro protagonistas: los policías Ray Velcoro (Colin Farrell), Paul Woodrugh (Taylor Kitsch) y Ani Bezzerides (Rachel McAdams), como así también del mafioso Frank Semyon (Vince Vaughn). Fiel a su estilo, Pizzolato comprende que ese crimen sirve como disparador para desnudar las miserias que acompañan a esos cuatro personajes porque más allá del crimen per se, el verdadero atractivo de True Detectives siempre es ver de qué manera llevarán una investigación conjunta personalidades tan distintas y qué rol jugará en la ecuación el capo mafia Seymon.

2. Policías imperfectos

Desde hace varios años, la televisión de autor comenzó a desechar a los policías impolutos para poner en el foco de atención a nuevos agentes de la ley corruptos y llenos de debilidades. Desde The Shield hasta Luther, True Detective se hermana con ese tipo de historias. Los tres policías que protagonizan esta nueva temporada son criaturas imperfectas que arrastran viejas heridas que jamás lograron cicatrizar. Velcoro tiene una amarga historia con su hijo y, para colmo, un evento inesperado lo convierte en socio (¿a la fuerza?) de Seymon; Paul es un policía con una mancha negra en su legajo que lo lleva a tomar comportamientos suicidas; y Ani proviene de una familia hecha pedazos.

Las angustias privadas de esos personajes se convertirán en mochilas de ira cuando esos agentes de la ley deban cumplir con su trabajo. Pero la astucia de Pizzolatto es no dejar la trama policial a un lado sino en mostrar de qué manera se conjugan las frustraciones privadas con sus vidas profesionales y cómo una de esas facetas puede hacer eco en la otra.

3. La ciudad viva

Para el creador de esta serie, el lugar geográfico en el que transcurre la historia es un personaje más. Así como en la primera temporada, los pantanos de Louisiana eran el espeso marco para todo tipo de delito, aquí la convulsionada ciudad de Vinci sirve como el viciado contexto que albergará la dura realidad del cuarteto protagónico.

La segunda temporada de True Detective se aleja del barro y las iglesias rurales para sumergirse en una pesadillesca ciudad que respira crimen en todas sus esquinas, y cuyas arterias son esas autopistas nocturnas llenas de autos que van y vienen.

4. Párrafo aparte para Velcoro (porque se lo merece)

El personaje de Colin Farrell , Ray Velcoro, es un ícono inmediato. Un solo episodio necesitaron Pizzolatto (desde el guión) y Farrell (desde la actuación) para componer a un hombre roto, que se vincula con el delito y que termina siendo un padre totalmente disfuncional. Tiene todos los defectos que un policía podría tener: es violento, alcohólico, adicto a las drogas y hasta se convierte en la fuerza de choque anónima al servicio de un mafioso local. Velcoro es un personaje de esos que genera una fascinación espontánea y por el que sentimos rechazo, pero del que podríamos ver mil capítulos más porque queremos saber absolutamente todo de él.

La gran escena de este primer episodio, la que mejor resume el espíritu de la serie, es esa en la que Velcoro muele a golpes al padre de Aspen, el niño de 12 años que le hace bullying a su hijo en el colegio. La bestialidad de esa escena resume la extraña fascinación que provoca esta historia repleta de personajes que por decisión propia o por el contexto, parecieran perder a paso agigantado su condición humana.

5. Las odiosas comparaciones

La primera temporada de True Detective fue perfecta. A eso no hay con qué darle. Puede que su tono fuera demasiado turbio, sus personajes oscuros y su trama espesa, pero es indudable que esa tanda de ocho episodios fue brillante. Y ahora la segunda temporada carga con la odiosa mochila de las comparaciones, pero verla así puede conducir a un error. Al menos este primer episodio muestra algunas variantes con respecto al debut de la anterior temporada. El más evidente es que la trama principal no comienza siendo un flashback. Por otra parte, el grupo de protagonistas es mayor, ya que esta vez son cuatro los conductores de la historia. Y la última diferencia notable es que aquí el crimen se ubica en el final del primer episodio, cuando los tres policías se conocen y no en el comienzo del capítulo como sucedía en la historia anterior.

Pero lo más importante es que más allá de sus nuevos personajes y sus diferencias, True Detective es una fuerza imposible de frenar. La energía e intensidad de este primer episodio es muy distinta a la de cualquier otra serie televisiva. True Detective es sin lugar a dudas uno de los eslabones más importantes de la actualmente llamada "segunda época de oro de la televisión", y es un fenómeno cultural que no se puede dejar de ver.

De yapa: otra gran presentación

La dejamos aquí para quienes no la vieron (o para quienes quieren verla mil veces más), la nueva presentación de la serie, que utilizó la canción Nevermind, de Leonard Cohen.

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