La víctima número 8: un thriller atrapante con todas las de la ley

Paula Vázquez Prieto
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24 de agosto de 2019  

La víctima número 8

Nuestra opinión: muy buena

(España, 2019) Creadores: Sara Atuña, Marc Cistaré. elenco: César Mateo, María de Nati, Verónika Moral, Iñaki Ardanaz. Disponible en: Netflix.

Omar (César Mateo) y Edurne (María de Nati) recorren la ría de Bilbao al borde una embarcación, mientras coquetean con un amor todavía joven pero que ya parece perdurar. Es ese futuro imaginado en una noche de luna el que se evapora cuando un atentado terrorista irrumpe en la tranquila vida de la ciudad vasca dejando siete muertos y numerosos heridos. Las idílicas imágenes de esa noche contrastan con el granulado de los noticieros televisivos, el vértigo de la información sobre la catástrofe, el inicio de la pesquisa por su aclaración. Creada por Sara Antuña y Marc Cistaré, La víctima número 8 instala de entrada las claves de su lectura: la investigación a cargo de la oficial Koro Olaegi (Verónika Moral), el misterioso secuestro del sospechoso Omar Jamal, la desesperación de Edurne por demostrar la inocencia de su novio. La intersección de esas líneas se aceita con los escalonados descubrimientos que corren las piezas de lugar en cada nuevo episodio.

El principal atractivo de la serie es el uso adecuado de las herramientas del thriller, integradas a la realidad del País Vasco. Más allá de la insistente mención de un ataque jihadista y de la paranoia inicial frente a las consecuencias de un atentado, el recorrido por la comunidad árabe, la presencia de las mezquitas y la compleja integración con los nativos se hace presente tanto en el retrato de la familia de Omar, como en el impacto de la fiebre mediática en su vida cotidiana y en la mirada acusadora de toda la sociedad. La serie consigue que personajes como Adila (Farah Hamed), la madre de Omar, adquieran verdadero peso en el drama, exploren su propia lealtad y contradicciones morales. La llave, como sabremos en el segundo episodio, está en la octava víctima. Un hombre herido en la terraza de un bar, hijo de un importante empresario, es el nudo de un misterio que sobrevuela el andamiaje del atentado, cuyas conexiones trascienden esa coyuntura e involucran celos, envidias y feroces ambiciones. La investigadora Oleagi, embarazada y con su propia agenda sentimental, también es una firme puerta de entrada a los sucesos, concebidos todos en función de los secretos que se guardan a la vista de todos. Si bien la abierta referencia de La víctima número 8 son series británicas como Bodyguard o Collateral, esta ficción no apuesta tanto al rigor de la puesta escena como al juego de encastres en la narrativa. La forma en la que devela algunos secretos para instalar otros permite sostener la tensión, desplegar la incertidumbre en el propio espectador, y afirmarse en la premisa de que todo lo que creemos puede ser fruto de una colosal conspiración.

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