Netflix: Biohackers no es la serie sobre la pandemia que estábamos esperando
Biohackers (Alemania/2019). Creador: Christian Ditter. Elenco: Luna Wedler, Thomas Prenn, Adrian Tillman, Jessica Schwarz y Caro Cult. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular.
Esta serie alemana, producida durante 2019, se iba a estrenar en el mes de abril, pero la declaración global del estado de alerta por la pandemia de coronavirus pospuso el lanzamiento dado que, en la primera secuencia, se muestra el contagio de todos los pasajeros de un tren de un virus mortal. Aparentemente, la situación ha mejorado tanto que ya estamos en condiciones de tolerar estas imágenes. La serie, de todos modos, ni siquiera trata de una epidemia. Es más, resulta imposible deducir cuál será su tema o conflicto central tras ver solo los primeros episodios, que realizan un conjunto de promesas que nunca se cumplen.
Mia (Luna Wedler) llega a Universidad de Friburgo para estudiar medicina con la investigadora estrella y entrepreneuse en el campo de la biotecnología Tanja Lorenz (Jessica Schwarz). Todos y cada uno de los personajes que aparecen a continuación son capaces de realizar alteraciones genéticas para modificar seres vivos: uno conecta un sintetizador a plantas de interior para generar música, otro vuelve fosforescente a un ratón, un tercero intenta hackear su propio organismo para aguantar más la respiración bajo el agua. Todo esto parece indicar que la serie transcurre en un mundo futuro donde éstas son prácticas usuales. Eventualmente, nos damos cuenta de que no es así: el tiempo es nuestro presente y la tecnología disponible es, más o menos, la actual. En breve, todo el "biohacking" deja de tener mayor peso en el relato y la narración se orienta hacia el nacimiento de un interés romántico entre la protagonista y el asistente de Lorenz, a la vez que da a entender que la chica tiene una agenda oculta. Esta vaguedad se mantiene hasta el tercer episodio (de seis), en el que las cosas empiezan a clarificarse, la serie abandona cualquier insinuación fantástica y se convierte en un sencillo techno-thriller acerca del robo de unos archivos secretos.
En este terreno tampoco es demasiado competente ya que vuelve insistentemente sobre recursos ramplones (un ejemplo, sin revelar demasiado: el personaje A descarta un documento acusatorio y no se le ocurre nada mejor que hacerlo en donde cualquiera puede verlo; el personaje B lo encuentra fácilmente y adivina los planes secretos de A; luego, para salvar la situación, el personaje C también se cruza casualmente con el mismo documento y adivina que B adivinó los planes de A). Algunas torpezas son asombrosas, como que el villano de turno decide liberar un virus –el flash forward del comienzo– que matará a decenas, solo para liquidar a un personaje acerca del que, momentos antes, se había revelado que ¡era inmune a las enfermedades!
Esta serie tuvo la fortuna (o la visión, no hay porqué negarlo) de anticipar en el momento justo que la amenaza biológica es y será el nuevo problema global. Sin embargo, no logra hacer casi nada con eso. Esta temporada termina en un cliffhanger que queriendo forzar la llegada de una segunda parte. Tal cosa parece muy improbable.
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