
Sexo con moraleja y para olvidar pronto
"Cuerpos salvajes" ("Body shots", Estados Unidos, 1999). Presentada por Distribution Company. Dirección: Michael Cristofer. Con Sean Patrick Flanery, Jerry O´Connel, Amanda Peet, Tara Reid, Ron Livingston, Emily Procter, Brad Rowe, Sybil Temchen. Guión: David McKenna. Fotografía: Rodrigo García. Montaje: Eric Sears. Producida por Harry Colomby y Jennifer Keohane. Para mayores de 16 años. Nuestra opinión: Regular
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Cuatro chicas y cuatro muchachos viven una noche de diversión sexual en Los Angeles y la cámara se dedica a espiarlos alternativamente. Son jóvenes, desinhibidos y huecos. En su ligereza y en su falta de características individuales distintivas se parecen tanto unos a otros que resultaría difícil retener las características de uno de ellos en especial.
No parecen tener inquietudes, se comunican con un lenguaje prefabricado, viven emociones predigeridas. Pensándolo bien, los protagonistas de "Cuerpos salvajes" están a punto de caramelo para participar en cualquier reality show de la televisión argentina.
Así de liviana es la trama, por llamarla de alguna manera, de esta película módicamente entretenida pero difícil de recordar unas horas después de haberla visto.
Sin embargo -¡atención!- es una trama con moraleja: el sexo sin amor desemboca en violencia, sólo el afecto ciñe el placer con doble faja de seguridad.
La historia es que la noche termina mal. Una de las chicas (no pregunten cuál, una rubia) se presenta en la casa de otra de ellas (si la memoria no nos falla, morocha) con algún magullón en la cara para denunciar que ha sido víctima de violación por parte de su pareja ocasional, una estrella del fútbol americano, o tal vez del béisbol o del hockey sobre hielo. La llevan al hospital, llaman a un abogado y discuten sobre la conveniencia de llevar adelante un proceso. Lamentamos confesar que hemos olvidado si la causa llega a sustanciarse o no, pero de cualquier modo es un detalle que no aporta ningún elemento funcional a la inteligibilidad del argumento.
De la fiesta al llanto
El film tiene dos partes de duración simétrica. La primera es como una sucesión de videoclips subidos de tono, sin llegar nunca a ser osados ni, mucho menos, eróticos. Parece un programa de medianoche de la televisión por cable, algo entre didáctico y chistoso en el estilo de "Sex bytes".
La segunda parte es, manifiestamente, un melodrama. Los excesos y el desenfreno de estos niños ricos con tristeza ya han terminado como tenían que terminar. ¿Hubo violación o sólo un rapto de histeria? Las versiones de los dos interesados difieren, pero ambos deben pagar ahora la cuenta del dolor. La desesperación y el llanto, registrados por una cámara que ha perdido su vertiginoso ritmo inicial y que se detiene ahora en largos planos lacrimógenos, son el purgatorio por el que pasan quienes no se toman las relaciones amorosas muy en serio.
Si el potencial espectador ya ha tomado conciencia de estas verdades en torno del sexo, no es necesario que vaya a ver "Cuerpos salvajes". Si le gusta el cine, tampoco, a excepción de que quiera contemplar la correcta fotografía de Rodrigo García, que después dirigiría "Con sólo mirarte". Pero si tiene inquietudes filosóficas y desea material adicional para alimentar sus reflexiones sobre la nada, recomendamos "Cuerpos salvajes", ya que en ese sentido, y solamente en ése, resulta una obra bastante fértil.






