Yeah Yeah Yeahs
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Una nueva ráfaga de art rock destartalado
Esta es una alerta para puristas del underground: "Gold Lion", el tema que abre Show Your Bones, el segundo álbum de los Yeah Yeah Yeahs, lleva el nombre de un premio publicitario. El año pasado, un comercial televisivo de Adidas en el que presentaba el tema original "Hello Tomorrow" –escrito por el coproductor de Show Your Bones, Sam Spiegel, alias Squeak E. Clean, con Karen O de los Yeah Yeah Yeahs en la voz– se llevó el Gold Prize al mejor uso musical en el Cannes Lions Advertising Festival de Francia.
"Gold Lion" –una marcha estridente, inicialmente acústica que hace pensar en Beck dirigiendo la Beta Band, hasta que el guitarrista Nick Zinner pisa el pedal de distorsión y el baterista Brian Chase libera a su Dave Grohl interior– no trata sobre comprar o vender, sino sobre acercarse. La voz de Karen se vuelve un aullido caliente y pinchudo, el sonido de un viaje a la Luna ida y vuelta. Pero el título de la canción es una sigilosa manera de admitir ambición y posesión, una declaración de lo lejos que este trío neogarage de Nueva York intenta llegar en este juego. Zinner, Chase y Karen O dejaron la piedad del indie rock atrás cuando firmaron con Interscope. Pero Show Your Bones es su verdadera demostración de poder.
Este álbum es, por sobre todas las cosas, el triunfo de las texturas y un salto cuantitativo desde el sonido crispado de Fever to Tell (2003). Es como si la Velvet Underground hubiera pasado del minimalismo de corteza negra de su primer álbum directamente al florecimiento pop del cuarto, Loaded.
En cuanto a las letras, las de Karen O tienen sentido más que nada por rachas. En papel, su flujo corrido de metáforas desencajadas y pensamientos interrumpidos hace que las once canciones de Bones se lean como un mensaje de texto de William Burroughs.
Lo único que le falta a Show Your Bones es el suspiro electrizante de Karen O cantando: el lenguaje corporal de Tina Turner y el control de acero de Chrissie Hynde que venían con su onda Siouxsie Sioux en el escenario. Hay que pagar para ver eso. Pero en las últimas dos canciones, ella trae una urgencia increíble. "Warrior" comienza con lo que parece una Karen O a la que le falta el aire, cantando exhausta en puntas de pie con el pellizco del blues acústico de Zinner. Luego la canción se dispara en un coro de guitarras y ella se acelera –"trouble at home, travel away" [problemas en casa, problemas afuera]– como si saltara desde las malas noticias hacia lo desconocido con un aliento profundo y sin temor.
La confianza es aun mayor en "Turn Into", en la que canta sobre el rasguear flamenco de Zinner y el galope resistente de Chase. No hay confusión en la sexualidad de su anuncio y en el orgullo que viene con él. Pero el momentum en la música es puramente el placer de moverse hacia adelante, y teniendo el control. Esa es la verdadera lección que hay aquí, de "Gold Lion" en adelante. Mostrar tus huesos no es suficiente. Hay que sacudirlos, hacerlos ir hacia algún lado, cualquier lado. Si no, se arruinan.
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