
El disco 3 a.m. In Beats We Trust tiene mucho folclor y lo combinan con un nostálgico cubano.
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Los paralantes parecen reventarse con los beats de un golpe percusivo que se antoja muy latino. El escenario, sin embargo, parece más el arsenal propio para una banda de rock, a pesar de los timbales del fondo. Estamos en un bar de la Zona Rosa de Bogotá, uno de los sectores de la capital colombiana donde el ambiente de fiesta (de rumba, como decimos nosotros) ha durado veinte años.
Nos encontramos en un bar discoteca pequeño y el recinto donde todos empezamos a movernos al son de la música, es una especie de teatro, con todo y balcón. "Bacalao, salao... bacalao salao", dice el coro introductorio de esto que es salsa y son cubano, pero que realmente no es ni lo uno ni lo otro, sino una música que revienta los parlantes con un ritmo endiablado que sale de las máquinas que están ahí: sintetizadores, cajas de ritmos, guitarra eléctrica, batería, percusión y tres voces que prenden la fiesta.
A la izquierda del escenario está el responsable de todo esto. Se llama Richard Blair, aún tiene la cara de niño con que llegó de Londres a Colombia hace once años, llevando en su hoja de vida y sus recuerdos: el orgullo de un trabajado mucho tiempo frente a una consola al lado del genial Peter Gabriel.
Lucky Dube, Geoffrey Oryema, Ayub Ogada, Nusrat Fateh Ali Khan, la Compañía Camboya de Danza y Peter Gabriel, habían pasado por sus manos de ingeniero de sonido y productor en los Real World Studios de Londres, pero fue la folclorista colombiana Totó la Momposina quien lo enloqueció con las poliritmias que salían de sus tambores y lo obligó a visitar Suramérica para ver si era verdad tanta belleza. Ahí se enamoró de Colombia. Hoy Richard Blair no deja en su léxico palabras como bacano, chévere, el parche, la vaina, ya metidas en su fluído español.
Las tres semanas que iba a permanecer en Colombia se convirtieron en tres años metidos entre el mundillo musical y la vida nocturna de Bogotá. Produjo el primer álbum de la agrupación La Derecha, se involucró con Los Aterciopelados y con La Tierra del Olvido, el disco de Carlos Vives que revolucionó el concepto de los aires folclóricos colombianos. Blair se relacionó con Iván Benavides, uno de los más respetados compositores del país, el Iván del dúo de canción social Iván y Lucía, miembro de La Provincia, la banda de Vives, y líder de Bloque De Búsqueda, un proyecto de fusión rock y folclor.
Blair y Benavides son los responsables de Sidestepper, un proyecto que condensó una idea que ambos venían desarrollando por aparte. Ya en 1997 Iván trabajaba en la convergencia entre ritmos como la cumbia o la salsa con el drum & bass británico y "Logozo", un sencillo publicado por aquellos días y que dio a conocer a Sidestepper, era justamente eso.
En 2000, Sidestepper marcó su inicio definitivo con More Grip, un disco en el que reunió a algunos de los mejores percusionistas, intérpretes de vientos y vocalistas colombianos para un trabajo altamente tropical, menos electrónico pero bastante sofisticado, sin duda una nueva forma de interpretar la música latina, y que fue grabado bajo el sello Palm Pictures, propiedad de Chris Blackwell, fundador de Island Records y promotor de artistas como Bob Marley, Traffic, Fairport Convention y U2.
Benavides también está en el escenario del pequeño bar-discoteca y es guitarra y voz responsable de varios de los temas del grupo. Richard trabaja en las secuencias y nunca deja de lado su sonrisa inocente. Atrás, Kike, baterista y percusionista. En los coros Erika. Y a la derecha Humberto Pernet, que tiene listo su primer disco y que se ha ajustado a la perfección a la estructura de Sidestepper: toca los teclados, la gaita colombiana, la percusión, hace rap y canta con un acento costeño que muchas veces es la clave en los temas del grupo.
Los fans conocen las canciones de memoria, no en vano Sidestepper duró meses en la lista de los más comprados. "Deja", de su nuevo álbum, espíritu dub en fusión con la salsa. "Hoy Tenemos", "La Bara", "Chévere Q´ Chévere", "Más Papayá" y "Me Gustas (No Me Disgustas)", combinación "electropical" cuidadosamente elaborada y con verdadero aire de fiesta que no puede dejar de bailarse, todas ellas casi siempre cantadas por Janio Coronado, exvocalista de Alquimia, quien incluso escribió "No Lloraré", una de las canciones recientes de Sidestepper
Pero también hay algo con sabor a bolero: "Dame Tu Querer" y "Aunque Me Duela La Vida", canciones guiadas por la nostalgia de la música cubana y que para este nuevo disco 3 a.m. In Beats We Trust fueron interpretadas por el cantante del grupo Asere, Ronald Infante, uno de los invitados a esta grabación, junto a otros como el percusionista Roberto Cuao, uno de los más prestigiosos del país; Jimena Angel, que ya había participado en More Grip; Liliana Montes, conocedora del folclor colombiano, y los MC Rubin Dan y Jucxi Dee, personajes reconocidos en la escena de la música dance londinense.
Cuando se escucha 3 a.m. In Beats We Trust uno encuentra una evolución curiosa. Se aproxima a "Logozo" si bien More Grip era más orgánico. ¿Crees que se logró el equilibrio?
Más o menos. Quería lograr un eje entre Cuba, Jamaica y Colombia y creo que dentro de la electrónica es menos rumbero y más chill out. Fue algo intencional eso de mantener un mood durante todo el disco y por supuesto que hay una evolución. Yo sentí que después de 10 años de estar educándome en esta música ya me sale más natural.
Sidesteppper es el producto de un proceso que se inició cuando descubriste a Totó. ¿Crees que después de todo este tiempo ya llegaste a lo que querías?
Sí, aunque uno nunca lo logra. De todo esto hay momentos en los que uno se siente muy orgulloso y otros en los que se da cuenta que podía hacerlo mejor.
¿Qué es lo colombiano de Sidesteppper?
Lo colombiano está muy metido en esto que hacemos. Un crítico dijo en Estados Unidos que este disco era como World Music para la gente que no quiere World Music. Entonces es una música para gente que le gusta lo rumbero, que está acostumbrada a los sonidos programados y los bajos profundos. En ese sentido el reto del disco era lograr ese ambiente que no moleste a quienes gustan de lo electrónico pero también que tuviera algo muy humano. Si uno escucha el desarrollo de la música en Jamaica desde los años cincuenta, pasando del reggae al dub y luego al dance hall creo que esa clase de evolución se puede dar con la música colombiana.
¿Para ser algo con aire colombiano, no es curioso que no haya acordeón?
(Risas). En algún momento habrá un acordeón en Sidestepper. Aquí hay temas como el de Janio ("No lloraré") que es un vallenato sin acordeón. Hay un punto en que la música colombiana no es cumbia, ni porro, ni vallenato, ni garabato, pero que es muy colombiana, digamos que tropical.
Iván Benavides es importantísimo en lo que ha sido la evolución de la música colombiana y es parte importante de Sidestepper.¿Cómo es tu relación con él?
Es un socio cada vez más profundo. Cada uno sabe las calidades del otro y saca lo mejor del otro. El año pasado nos reunimos en una casa en Chapinero, en Bogotá, con un estudio portátil y nos sentamos a escribir y grabar a la vez. Yo empiezo con una idea, por ejemplo, de combinar una cumbia con un dance hall jamaiquino y hago la pista con la armonía, la línea de bajo, los metales y hasta unas melodías. Llega Iván, primero que todo es lo que lo emociona, encuentra el sabor que le gusta, pone unas melodías para la voz, trabaja las letras y cuando ya está todo compuesto viene el proceso de producirlo. Iván también es muy eficaz en sacar tonos de la voz que la gente nunca usa, ha sido una mano fuerte guiando el proyecto y creo que en este de Sidestepper, él se fajó y es uno de los mejores discos que ha hecho.
A pesar de que hay canciones en este nuevo trabajo que evocan la alegría de lo tropical, el entorno general tiene una amalgama melancólica. ¿Por qué el disco es tan triste?
Es algo que Iván y yo teníamos. Es algo británico por el lado del sonido de Bristol donde trabajaba yo. Ese sonido de Massive Attack, de Portishead, de Tricky, que tiene esa melancolía. Hay que reconocer que tiene ese tono, además, porque siempre me ha gustado esa esencia en ciertos temas de Henry Fioll que son para partir el corazón, muchas cosas con ese tono agridulce.
¿Al hacer este disco hubo algún parámetro con relación a More Grip?
La referencia obvia era hacer algo de lo que hicimos en ese pero mejorando la receta, ante todo en los temas más salseros. También quería salir de muchas cosas y tener nuevas propuestas, cosas más colombianas, un disco un poco menos rumbero y menos salsero. Abrirlo un poco a Jamaica e Inglaterra pero sin dejar del todo el sabor que tenía el anterior.
La grabación tuvo aspectos interesantes como la inclusión de Ronald Infante...
Ronald Infante apareció en More Grip y le prometí que estaría en éste como fuera porque me parece preciosa su voz. Tratamos de traerlo de Cuba para grabar pero fue imposible. Entonces nos tocó ir hasta allá y grabar en el estudio de Pablo Milanés los tres temas en los que participa.
¿Cómo ha sido su relación con Palm Pictures y con Chris Blackwell?
Muy chévere, siento un gran respaldo de parte suya y de su gente en Londres, y hay que agradecerles porque ellos tienen una visión que va más allá de la simple ganancia con un disco. More Grip, por ejemplo, tuvo un éxito subterráneo, pero no vendió masivamente. En cualquier otra disquera donde los productos son manejados por los contadores, me hubieran tirado la puerta. Entonces tienen fe en mi y la actitud de que el artista se tiene que desarrollar. Y con Chris Blackwell, bueno, él mismo está encantado con el disco.
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